Autor: Limyaael
Traductor: José A. Cantallops Vázquez
El otro post fue más sobre novelas independientes y el final de libros que eran el final de una saga. Esto es más acerca de los finales de libros en mitad de una saga. Quizás los comienzos también.
Bien, pienso que he perdido a habilidad para planear el curso de estos post de cualquier manera, así que podría ser bien ambos.
1) Sí terminas en un clímax, no hagas el clímax demasiado severo.
Creo que el peor ejemplo de severidad es no saber sí el personaje está vivo o muerto. Los clímax pueden evitar esto con casi cualquier cosa y tener un final. Puedo pensar en libros que terminan con personajes encerrados en combate, capturados y aparentemente derrotados, separados del resto, justo después de una gran perdida o sacrificio, o enfrentando un futuro que le ha sido robado por el peor giro del destino. Pero dejando que un personaje cuelgue entre la vida y la muerte irritará a tus lectores. Esto es porque:
- a) Las otras cosas tienen salidas inimaginables. La muerte es la más difícil de predecir y la más difícil con que vivir durante los típicos retrasos entre libros de fantasía.
- b) Es mucho más agradable tener un clímax falso sí el personaje es una estrella de la historia; el autor probablemente no los matará en medio de la saga (a menos que el autor sea George R. R. Martin).[1] La mayoría de los lectores odiaran este tipo de manipulación emocional.
- c) Hace muy difícil comenzar el siguiente libro. Los comienzos parecen ser mucho más duros para muchos autores de fantasía que los finales y, dejarlos varados entre la vida y la muerte, puede crear otro obstáculo que no necesitas estar allí.
Estoy intentando recordar algún autor que haya esto con éxito, y solo puedo pensar en uno: Tolkien que dejó a Boromir entre la vida y la muerte al final de Los seguidores del Anillo. Pienso que incluso allí, fue menos obvios que eso era lo que sucedería. Los seguidores estaban escapando locamente por todos lados. No fue tan duro para Tolkien terminar el libro con Boromir bajo la espada de un orco. Al final del Las dos torres, fue muy cuidadoso de dejar claro que Frodo estaba vivo, para darle a Sam y los lectores algo de esperanza.
2) Cada final debería representar algo ganado o perdido.
Este es un problema que he notado con los libros intermedios, especialmente el segundo libro de las trilogías. Los autores tienen la emoción de la creación empujándolos en el primer libro y, muchos de ellos saben algo acerca del maravilloso final del tercero. En el segundo libro, suceden cosas. Eso parece ser el lema.
Es el lema de demasiados autores de fantasía. El segundo libro no debería terminar con una nota que no tiene nada para avanzar el libro, o es mucho más calmado que los finales del primero y tercer libro. Esto no tiene que ser un triunfo; puede, de hecho, tener insinuaciones de pérdida que son más duros de justificar en el primero (lo que podría desanimar a la audiencia de seguir leyendo) o el último (triunfante, excepto en el cado de la fantasía oscura o de tragedia). La audiencia, se contenta de que habrá al menos otro libro, estará más ansiosa.
También, un final triunfante para un libro de una saga es ciertamente. El punto es que debería parecer como sí algo hubiera terminado, aunque el autor tenga una razón para dividir aquí la historia, más que haya hecho la decisión de detenerse para escapar y no tener que decir cosas.
3) Mira hacia el futuro con los libros intermedios.
Me vuelve loca cuándo los primeros dos (o tres, los que sean) libros de una saga establecen un tono dominante, cierta velocidad narrativa, cierto conjunto de expectaciones y entonces destrozan todo contra el piso en el último libro. Me refiero a esa repentina arma superpoderosa que no había sido mencionada en todo el primer o libros anteriores, o que esa profecía que es repentinamente la clave de todo, el villano que desarrolla una nueva habilidad mágica porque el autor ha decidido que la historia no era lo suficientemente larga.
No hagas esto. No pienso que deberías tener que hacer un bosquejo de cada cosa en la saga, porque no me planeo de esa forma, y sonaría hipócrita recomendarte hacerlo demasiado. Pero el último libro de no debería permitir destruir todo lo que has hecho antes a menos que no se ha publicado todavía y estas ansioso por hacer algo de revisión profunda. Los libros intermedios de sagas son la oportunidad de mirar al futuro, plantar ganchos interesantes, mencionar un acertijo que será importante después. El último libro es dónde regresas atrás y coges todos esos ganchos, pistas y acertijos.
Sí estas realmente desesperado por algo que le de a tu último libro excitación o sabor, haz lo que hice y deja cosas en los libros del medio que no tengan mucho sentido entonces. Esos pueden convertirse en maravillosos descubrimientos en el último libro o darte un lugar al que ir, más allá de lo que habías planeado.
4) Encaja los finales intermedios de los libros con la planificación y tono, ambos con el tono y planificación de la saga y ese libro intermedio.
Este es un difícil acto de equilibrismo, pero uno que deberías dominar, ya sea la primera vez que escribes o a mediante revisión. No tiene sentido para un libro intermedio ser el único apresurado en la serio, sí los otros son lentos. En la otra mano, muchos autores de fantasía van demasiado lejos en la dirección opuesta y usan el libro intermedio para expandirse y notar los detalles de todo (de nuevo, una mirada fija en Robert Jordan) y expandir el mundo. Sin mas, ese trabajo detallado y worldbuilding es hecho más plausiblemente en el primer libro, cuando tu audiencia está a menudo ansiosa de ver el nuevo lugar y espera que la acción comience. No dejes que los libros intermedios caigan en el fango solo porque son los libros intermedios.
Encuentro que ayuda, ver la saga como un gran todo. La metáfora que uso es la de tejer, el comienzo de una historia es atando los primeros hilos y usando el último libro para completar el patrón. Pienso que, en el medio, no abandones el tejido, ni que te concentres en tejer la garra del dragón al mínimo detalle cuando has trabajado en un diseño más amplio. Los libros intermedios deberían encajar en la saga completa y, eso incluye su final.
También deberían encajar con el libro intermedio. Otro problema con la Rueda del Tiempo de Jordan es que gasta la mayoría de la historia explorando el campo, entonces te suelta un final en cincuenta páginas. Sí, provee una sensación de excitación, pero se siente como si hubiera venido de una saga diferente (una mejor), y no pertenece a ese libro.[2]
5) Dale a todas tus líneas argumentales un descanso al final de un libro intermedio.
Los héroes a menudo llegan a un cómodo punto de parada (a menos que el autor haga el sinsentido de “¿Estarán vivos?”), pero las subtramas se vuelven un nudo que desaparece en el viento, a menudo, un centenar de páginas o más, antes de que se acabe el libro. Evita esto. Solo porque los personajes son menores no significa que sean necesariamente menos importantes a los ojos de tus lectores. Soy una de esas personas que se enlaza con un personaje secundario sí no le gustan los héroes,[3] lo que desafortunadamente se está volviendo más y más común en las novelas que leo y, mientras comprendo que el autor le dedica menos tiempo a ellos, no aprueba que los abandonen.
Incluso sí te siente relativamente seguro de que a tus lectores no le importará detener la historia de Lanire mientras se queda mirando su villa devastada porque es, de cualquier manera, una perra, considera que efecto tiene ese tipo de narración para cualquier argumento. De nuevo, me deja el sentimiento de que usado un hilo y lo has dejado suelto. Asegura todos los hilos antes de seguir adelante. Muestra como pueden alcanzar el futuro, pero no los dejes flotando en el aire, ni libres ni anclados.
6) No hagas lo del “misterioso conocimiento que viaja a través del mundo.”
Esta es una mascota personal muy molesta. Sin embargo, en su momento no me importó. He visto demasiados autores de fantasía usarlo.
Sí algo importante le sucede a tu personaje principal y, la mayoría o ninguno de los otros tiene forma de saberlo, ni sabe dónde esta, no pueden recibir mensajes, están en prisión o algún otro lugar dónde la comunicación con el mundo exterior está restringida: No adoptes la forma de voz omnisciente y viajes hasta sus cabezas y hagas que de “alguna manera” lo sepan. Es molesto. Hace parecer como sí los otros personajes son menos personas en sí, más que extensiones o sombras de la heroína. Aplasta otros desarrollos argumentales en favor del único que el autor piensa realmente importa. Sí el libro no ha sido escrito en una voz omnisciente, es realmente, realmente sangriento y estúpido.
A veces pienso que debería ir a alguna reunión para Anónimos Repudiadores de la Voz Omnisciente.
7) No hagas el final de un libro intermedio demasiado similar al final del primero o de los últimos.
Sí tu primer libro terminó en una batalla y es probable que el final también, encuentra algo más que hacer con el intermedio. Una decisión hecha por los personajes, se enfrenten a un miembro de su familia, rescaten a alguien que está preso, el resultado de una apuesta, los personajes haciendo una alianza con otro reino, descubriendo un secreto, prefiero a todos ellos infinitamente antes de darle a tu audiencia la impresión de que tu saga no es nada más que tres o cuatro, de muchas posibilidades, finales idénticos.
Los libros intermedios son las grandes víctimas de la misma monotonía y de la no atención del autor. Las “cosas buenas” están en el último y en el primero, supuestamente con la introducción de los personajes y su triunfo. Sospecho que muchos autores de fantasía o no creen en ellos o no han oído del viaje con más de un destino, al menos, en lo referente a su serie. Así que soltar eventos poco significativos, demasiada descripción y disminuir el ritmo de la narración en los libros intermedios. Entonces, encima de eso, les dan finales que los hacen parecer más como niños idiotas. ¿Podría alguien, pensar por favor en los libros intermedios?
No, al final no hice lo de los comienzos después de todo. Sospecho que será lo siguiente.
[1] Martin ni siquiera se puede comparar con Steven Erikson ni Ian C. Esslemont.
[2] También deberíamos contar que, generalmente, sus prólogos tienden a durar más de cien páginas. Recuerdo que estaba leyendo el libro 7 u 8, iba por la página 130 y por el tercer punto de vista de uno de los renegados y cuando termina que paso la página, decía Capítulo 1.
[3] La única razón por la que leía el segundo libro del Nombre del Viento, fue por Auri y el maestro nominador. Kvothe me sigue pareciendo una mala copia de Rand Al´Thor.



