1984

En 1984 sólo 3 supernaciones en constante guerra unas con otras se reparten la Tierra: Oceanía, compuesta por el Reino Unido, las dos Américas, Australia, Nueva Zelanda y el sur de Africa; Eurasia, integrada por la entonces Unión Soviética y el resto de Europa excepto las Islas Británicas: y Estasia, todo el resto de Asia. Las 3 son sociedades totalitarias; en Estasia impera la “Adoración a la Muerte” o “Desaparición del YO”; en Eurasia, el neobolchevismo; y en Oceanía, donde vive el protagonista, Winston Smith, la doctrina oficial es el Ingsoc, acrónimo de “socialismo inglés”.

En esta escalofriante distopía la represión ha llegado a extremos increíbles de refinamiento. Ya casi no se habla el histórico idioma inglés, sino una versión mutilada y condensada, la neolingua, herramienta de represión basada en el principio de que lo que no está en el idioma no puede ser pensado; la norma es el doblepensar, otra herramienta de dominación del Partido al que deben pertenecer todos los adultos, excepto los “proles” o trabajadores de bajo nivel.

Existe también una Policía del Pensamiento, claramente inspirada en la KGB soviética o la Gestapo nazi. Pero la forma máxima de vigilancia son las omnipresentes telepantallas, sistema de televisión central bidireccional, en las que aparece la mayor parte del tiempo el rostro del Gran Hermano, líder del Ingsoc (su aspecto y discursos recuerdan mucho a los de Stalin, y su lema es “el Gran Hermano te vigila”, aunque  Orwell llega a insinuar que ni siquiera existe realmente y es sólo un icono propagandístico).

Hay dos Minutos del Odio diarios y una Semana del Odio anual en la que todos deben odiar al enemigo del Pueblo, Emmanuel Goldstein (claramente inspirado en Trotsky, cuyo apellido original era Bronstein).

Es una sociedad de carestía y racionamiento totales. Faltan constantemente los artículos de primera necesidad, como cuchillas de afeitar, ropa, zapatos, jabón, bajo la consigna de que todo lo mejor debe reservarse para los soldados en el frente.

Los únicos cuatro ministerios del gobierno son todos una cruel parodia de su contenido original: el Ministerio del Amor (en neolingua Minimor) administra castigos y torturas; el de la Paz (Minipax) se encarga de fomentar la guerra con otras naciones; única manera de que Oceanía esté en paz consigo misma; el de la Abundancia (Minindancia) se encarga del racionamiento y de que toda la población viva apenas al nivel mínimo de subsistencia, porque el lujo y la comodidad son antipatrióticos; y finalmente el de la Verdad (Miniver) donde trabaja Winston Smith, se ocupa de la reescritura del pasado, corrigiendo y manipulando todos los documentos y fotos o destruyéndolos si es preciso para que nada se oponga a la única verdad posible, que es la del Gran Hermano y su partido.

Winston Smith (el nombre alude al del gran Churchill; el apellido es el más corriente, como el Pérez anglosajón) conoce a Julia, una joven “prole” rebelde, tienen relaciones y juntos se afilian a la Hermandad, supuesto grupo de resistencia antigubernamental fundado por el mismísimo archienemigo del sistema Emmanuel Golstein… pero al descubrir la suprema ironía, que en realidad todo no es sino otro mecanismo de control del Partido, son apresados por la Policía del Pensamiento (siempre estuvieron vigilados) y sometidos a tortura en la terrible Habitación 101 del Minimor, donde se esconde el peor miedo de cada uno… hasta que ambos abjuran de todas sus convicciones, y están dispuestos a aceptar que, si el Partido lo dice, 2+2 sólo puede ser 5.

El final es estremecedor: adolorido, desengañado, deshecho, un Winston Smith que no es sino una sombra del del inicio descubre de repente algo horrible: ya ama al Gran Hermano… y sabe por eso mismo que no le queda ya mucho tiempo de vida.

Se trata de una distopía demoledora, originalísima en su prefiguración del lavado de cerebro, la reescritura partidista de la historia, la educación totalitaria de la juventud y la prohibición feroz sobre la intimidad y el libre pensamiento. Por más que algunos digan que Orwell se inspiró en la mucho más árida novela Nosotros, del ruso Evgueni Zamiatin, lo cierto es que logró la más espantosa disección del monstruo del totalitarismo que pueda imaginarse, usando una CF llena de metáforas de su época: por ejemplo 1984, el año en que se dearrolla la novela, surge de la inversión de los dos últimos dígitos de 1948, que fue cuando Orwell escribió la mayoría de su texto para publicarlo al año siguiente.

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Reseñados por YOSS.

 

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