
En un lejano futuro en el que los viajes interplanetarios están a la orden del día, una pareja de enamorados, Jhin y Phyllys, cruza el cosmos en plena luna de miel, y encuentran una botella vagando por el espacio, con un pergamino en su interior. En sus líneas, el periodista Ulises Mérou narra su singular historia.
En el año 2500, Mérou acompaña al sabio Profesor Antelle, a su ayudante Arturo Levain y al chimpancé Héctor en un viaje espacial hacia la estrella Betelgeuse, en el Cinturón de Orión, en la nave diseñada y construida por el propio Antelle. Una vez allí deciden explorar uno de sus planetas en órbita, que bautizan Soror. Descienden en él, y asombrados de su increíble parecido con la Tierra, más se sorprenden cuando en él descubren una singular civilización compuesta por simios: chimpancés, gorilas y orangutanes. La raza humana local, en cambio, ha perdido el habla y toda tecnología, y vive en estado salvaje, como si de animales se tratara. Tras perder a sus compañeros, y ser capturado en una partida de caza de los gorilas que perseguía humanos, Mérou deberá demostrar a sus captores que no es un animal, sino un ser civilizado proveniente de un planeta similar a Soror, pero donde la evolución siguió un curso algo diferente… mientras que el profesor Antelle pronto se resigna a que en la órbita de Betelgeuse los humanos no son la cima de la pirámide evolutiva y al fin acepta ser exhibido pasivamente en un zoológico a cambio de comida segura.
En su lucha por demostrar su inteligencia y ser reconocido como ente racional, Mérou será ayudado por la Doctora Zira, una inteligente científica chimpancé que se hace su amiga (Mérou llega a proponerle sexo, pero para ella, aunque respete su intelecto, él simplemente es “demasiado feo”), y su pareja, el reflexivo Doctor Cornelius, mientras que el terco orangután Zaius, importante personaje del Ministerio de Ciencias, se empeña en negar tal absurdo. También está Nova, que Mérou elige como su pareja, una hermosa humana privada del habla como todos los de su especie en Soror… que en su primer encuentro con los humanos de la Tierra mata al infeliz chimpancé Héctor, con el clásico odio del esclavo hacia el amo.
El mayor mérito del libro es la manera en que Boulle construye su mundo simio, evidentemente para burlarse de la supuesta supremacía humana. En Soror, además de los “inferiores” humanos degenerados, coexisten tres especies de primates “superiores” con cometidos bien claros y disímiles, en una sociedad similar a la de los humanos terrícolas de mediados del siglo XX.
Los gorilas son la clase dirigente; ocupan cargos políticos, militares, empresariales y tienen una vaga aureola aristocrático-honorífica; se especula que en los albores de la civilización simia su inmensa fuerza física fue decisiva para someter a las otras dos razas. Y en el presente, aún cazan periódicamente a los humanos degenerados, mitad por deporte y mitad para evitar que proliferen demasiado. Tienen aptitud para liderar y administrar, pero también son arrogantes, impetuosos y poco intelectuales: «a veces escriben libros, pero se preocupan más por el continente que por el contenido».
Los orangutanes son la clase académica: doctores y profesores, también sacerdotes e incluso artistas. Ellos dirigen y administran las instituciones; son de mentalidad estrecha, escolásticos y conservadores: «escriben libros repitiendo lo que otros orangutanes dijeron antes que ellos, y se dan entre sí premios, homenajes y puestos honoríficos en instituciones por ello». Miran con recelo y escepticismo toda innovación y su principal método de enseñanza es guiar a sus alumnos a cometer los mismos errores que sus predecesores cometieron, para que de ellos extraigan idénticas conclusiones.
Mientras que los chimpancés son la clase progresista: científicos, inventores y artistas; salvo algunas excepciones, todos los descubrimientos y avances en cualquier campo a lo largo de la Historia de su civilización han sido realizados por chimpancés. Son enérgicos, curiosos, tienen la mente más abierta y son dados a experimentar y buscar cosas nuevas.
Cierto es que la explicación “relativista” de cómo los humanos del 2500 van a dar a una especie de Tierra del futuro alternativa es confusa y absurda, físicamente hablando (de seguro le habría provocado un derrame cerebral a Einstein), que la acción de la novela es escasa y que los parlamentos llegan a ser pedantes… pero nada de esto logra borrar el sorprendente efecto de fábula del “mundo al revés” al mejor estilo de los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift.
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Reseñados por YOSS.
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