11/10/18

Mas oscuro de lo que pensais

Al leer esta novela cuesta trabajo creer que se escribió y publicó cuando pocos autores y aún menos lectores del género tenían nociones de genética y conceptos como memoria racial del ADN mitocondrial y ARN de activación alternativa sólo los soñaban unos pocos visionarios. Muy superior estilísticamente al resto de la obra de Williamson en aquellos años, tal vez porque no se trata de una de sus habituales y sin duda dinámicas, pero no muy imaginativas que digamos space-operas, repletas de naves gigantescas, pistolas de rayos y megaimperios galácticos. Su idea central resultaba entonces audaz y original como pocas: ¿y si las leyendas y mitos no mintiesen, y existieran realmente vampiros, hombres-lobos, brujos capaces de volar y otros monstruos del folklore tradicional? ¿Si en vez de una sola especie de humanos hubiera varias sobre nuestro planeta? ¿Si por ejemplo, los neanderthales no se hubieran extinguido, sino aprendido a confundirse con el homo sapiens, triunfador en el secular combate por la primacía racial? A través del relato del descubrimiento por el joven e inexperto protagonista de sus poderes de transformación en animal (un lobo) se esboza una epopeya milenaria, la de una raza de imitadores de los seres humanos que vive parasitándolos, y luchando para que su marginal existencia se mantenga siempre en las tinieblas. Pese a su aliento casi de cuento de hadas, se trata de un enfoque 100% científico de las leyendas populares, que se anticipó incluso a clásicos como Soy leyenda (1954) de Richard Matheson, por no hablar de obras tan modernas como Visión ciega de Peter Watts y ¡mejor ni pensar en toda la relativamente reciente invasión de seductores muertos vivientes chupadores de sangre, desde Anne Rice en sus Crónicas vampíricas, y Charlaine Harris con sus Vampiros sureños hasta Stephane Meyer con sus sentimentaloides Crepúsculos!

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Reseñados por YOSS.

 

NOTA IMPORTANTE: La anterior reseña se publica con el permiso expreso del autor. El cuál no es responsable por la descarga de libros gratuita con de promocionar las novelas del género dentro del país. Cualquier reclamo por parte de los autores originales hacerlo al Creador de la página y el libro dejará de ofrecerse para descargar.

11/10/18

La Tierra permanece

Cuando el joven estudiante de Geografía Isherwood Williams vuelve a San Francisco tras una temporada en la montaña, descubre atónito que el 99% de la humanidad ha perecido víctima de una terrible plaga a la que él resultó ser inmune. Tras el trauma inicial de la soledad, se dedica a sobrevivir, nuevo Robinson Crusoe con un continente entero a su disposición. Vaga de ciudad en ciudad, adopta un perro, observa con sentimientosd encontrados cómo la pulida superficie asfaltada de las grandes autopistas se llena de grietas en las que brota la hierba y la maleza reclama los campos cultivados (estas descripciones son de lo mejor de la novela). De vuelta a San Francisco, encuentra a otra sobreviviente, tienen hijos… y pocos años después, entre sus descendientes y algunos otros inmunes, ya ha surgido una pequeña comunidad.

El viejo Ish, como lo llaman sus hijos y nietos, tratan pacientemente de enseñarles a leer libros para que los frutos de la civilización no se pierdan, pero su hijo más brillante, Joey, muere… y sus otros descendientes prefieren dedicarse a perfeccionar las habilidades que más útiles les parecen para la nueva vida: pescar, cazar con trampas y arcos y flechas, sin prestar mayor interés al pasado que no comprenden.

Al pasar de los años, Ish es el único sobreviviente de la era anterior a la plaga, casi un dios ancestral, que habla de cosas incomprensibles o imposibles para su prole, una tribu de cazadores y recolectores que, al estilo de los antiguos amerindios, recorren la Costa Oeste como nómadas. Y las últimas, inolvidables palabras del antiguo geógrafo son “los hombres van y vienen, pero la Tierra permanece.”

Una bella meditación sobre lo efímero de la civilización, lo frágil del lugar del hombre en la ecología y lo inevitable del cambio, cargada de poesía y convicción.

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11/10/18

1984

En 1984 sólo 3 supernaciones en constante guerra unas con otras se reparten la Tierra: Oceanía, compuesta por el Reino Unido, las dos Américas, Australia, Nueva Zelanda y el sur de Africa; Eurasia, integrada por la entonces Unión Soviética y el resto de Europa excepto las Islas Británicas: y Estasia, todo el resto de Asia. Las 3 son sociedades totalitarias; en Estasia impera la “Adoración a la Muerte” o “Desaparición del YO”; en Eurasia, el neobolchevismo; y en Oceanía, donde vive el protagonista, Winston Smith, la doctrina oficial es el Ingsoc, acrónimo de “socialismo inglés”.

En esta escalofriante distopía la represión ha llegado a extremos increíbles de refinamiento. Ya casi no se habla el histórico idioma inglés, sino una versión mutilada y condensada, la neolingua, herramienta de represión basada en el principio de que lo que no está en el idioma no puede ser pensado; la norma es el doblepensar, otra herramienta de dominación del Partido al que deben pertenecer todos los adultos, excepto los “proles” o trabajadores de bajo nivel.

Existe también una Policía del Pensamiento, claramente inspirada en la KGB soviética o la Gestapo nazi. Pero la forma máxima de vigilancia son las omnipresentes telepantallas, sistema de televisión central bidireccional, en las que aparece la mayor parte del tiempo el rostro del Gran Hermano, líder del Ingsoc (su aspecto y discursos recuerdan mucho a los de Stalin, y su lema es “el Gran Hermano te vigila”, aunque  Orwell llega a insinuar que ni siquiera existe realmente y es sólo un icono propagandístico).

Hay dos Minutos del Odio diarios y una Semana del Odio anual en la que todos deben odiar al enemigo del Pueblo, Emmanuel Goldstein (claramente inspirado en Trotsky, cuyo apellido original era Bronstein).

Es una sociedad de carestía y racionamiento totales. Faltan constantemente los artículos de primera necesidad, como cuchillas de afeitar, ropa, zapatos, jabón, bajo la consigna de que todo lo mejor debe reservarse para los soldados en el frente.

Los únicos cuatro ministerios del gobierno son todos una cruel parodia de su contenido original: el Ministerio del Amor (en neolingua Minimor) administra castigos y torturas; el de la Paz (Minipax) se encarga de fomentar la guerra con otras naciones; única manera de que Oceanía esté en paz consigo misma; el de la Abundancia (Minindancia) se encarga del racionamiento y de que toda la población viva apenas al nivel mínimo de subsistencia, porque el lujo y la comodidad son antipatrióticos; y finalmente el de la Verdad (Miniver) donde trabaja Winston Smith, se ocupa de la reescritura del pasado, corrigiendo y manipulando todos los documentos y fotos o destruyéndolos si es preciso para que nada se oponga a la única verdad posible, que es la del Gran Hermano y su partido.

Winston Smith (el nombre alude al del gran Churchill; el apellido es el más corriente, como el Pérez anglosajón) conoce a Julia, una joven “prole” rebelde, tienen relaciones y juntos se afilian a la Hermandad, supuesto grupo de resistencia antigubernamental fundado por el mismísimo archienemigo del sistema Emmanuel Golstein… pero al descubrir la suprema ironía, que en realidad todo no es sino otro mecanismo de control del Partido, son apresados por la Policía del Pensamiento (siempre estuvieron vigilados) y sometidos a tortura en la terrible Habitación 101 del Minimor, donde se esconde el peor miedo de cada uno… hasta que ambos abjuran de todas sus convicciones, y están dispuestos a aceptar que, si el Partido lo dice, 2+2 sólo puede ser 5.

El final es estremecedor: adolorido, desengañado, deshecho, un Winston Smith que no es sino una sombra del del inicio descubre de repente algo horrible: ya ama al Gran Hermano… y sabe por eso mismo que no le queda ya mucho tiempo de vida.

Se trata de una distopía demoledora, originalísima en su prefiguración del lavado de cerebro, la reescritura partidista de la historia, la educación totalitaria de la juventud y la prohibición feroz sobre la intimidad y el libre pensamiento. Por más que algunos digan que Orwell se inspiró en la mucho más árida novela Nosotros, del ruso Evgueni Zamiatin, lo cierto es que logró la más espantosa disección del monstruo del totalitarismo que pueda imaginarse, usando una CF llena de metáforas de su época: por ejemplo 1984, el año en que se dearrolla la novela, surge de la inversión de los dos últimos dígitos de 1948, que fue cuando Orwell escribió la mayoría de su texto para publicarlo al año siguiente.

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11/10/18

Un mundo feliz

Una distopía ¿clásica? llena de ironía desde el mismo título, tomado de un parlamento de Miranda, la hija del sabio Próspero, en el V acto de La tempestad de Shakespeare, cuando por primera vez en su corta vida ve hombres diferentes de su propio padre.

El futuro: tras la guerra del 2049, que casi extingue la civilización humana, fue imperativo para evitar nuevos conflictos el establecer un Estado Mundial (aunque dejando algunas áreas como “Reservas Salvajes”). Los grandes desarrollos en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia han cambiado radicalmente la sociedad, generando una humanidad desenfadada, saludable y muy avanzada tecnológicamente, que no conoce la guerra ni la pobreza: no hay racismo, negros y blancos se mezclan libremente, y todos son felices todo el tiempo: ya pertenezcan a las castas más altas (alfas y betas), ya a las otras 3 (gammas, deltas y épsilons) ninguno conoce a su madre, pues el cultivo en probeta es su forma de venir al mundo. Hay aviones cohete y taxicópteros, y monorraíles para las castas más bajas. Juegos como el golf electromagnético y el tenis superficial hacen furor: está prohibido crear nuevos juegos simples, todos deben requerir complejos artefactos ¡viva el consumismo! Sin embargo, el costo de este ¿paraíso? ha sido eliminar cosas como la familia, la diversidad cultural, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía. ¿Vale entonces la pena?

Dos de los protagonistas, Bernard Marx y Lenina Crowne, cuyos nombres hacen obviamente alusión al líder soviético Lenin y al padre del comunismo Karl Marx, (aunque, considerando problamente que los extremos se tocan, Huxley presenta a otros personajes llamados Polly Trotsky y Morgana Rothschild, por ejemplo) representan puntos de vista opuestos de esta sociedad. Lenina (beta-plus en el sistema de castas) es la perfecta ciudadana: hermosa, «neumática» y feliz de cumplir su función en la sociedad, tiene sexo sin remordimientos morales de ningún tipo con cuántos hombres le sea posible (aunque siempre con su “cinturón maltusiano” o anticonceptivo), pero a la vez es del todo incapaz de ejercer su libertad de pensamiento.

En cambio, su amigo y eterno pretendiente, Bernard Marx, tiene algo del forastero y el inconforme arquetípico: es intelectualmente superior a la mayoría (su categoría es alfa-plus) y su extrema inteligencia lo vuelve inmune al condicionamiento social… pero, a la vez, es físicamente más pequeño que el alfa promedio. Por eso se enfrenta (o al menos cree enfrentarse) a graves problemas de convivencia, como el rechazo social por parte de las mujeres de su propia casta, y continuas faltas de respeto por parte de las castas inferiores. Se ha convertido en un inadaptado social, torpe cuando trata de conseguir citas con mujeres y desinteresado por los deportes en lo que su cuerpo débil no le permite destacar. Es el romántico-neurótico perfecto: prefiere ser miserable antes que tomar la soma (droga que hace olvidar y trae la felicidad), y a menudo expresa su visceral inconformismo. Sin embargo, aún así obtiene permiso para visitar la Reserva Salvaje, y además llevar consigo a su adorada Lenina.

Allí entra en escena el otro protagonista clave de la novela: John el “Salvaje”, hijo de dos ciudadanos del Mundo Feliz y nacido “naturalmente” (un fallo del método anticonceptivo). Pronto se sabrá que su padre no es otro que el jefe de Bernard, que estaba de visita en la reserva cuando su madre se perdió; quedándose allí sola, dió a luz a John, quien creció con el estilo de vida de la tribu de los zuñi (también llamados indios Pueblos; poblaciones indígenas pacíficas y sedentarias que habitan en el sudoeste de los Estados Unidos), y su religión, mezcla de creencias zuñi y cristianas. Sin embargo, también pesa la educación de su madre, quien le enseñó a leer, y su descubrimiento de las obras de William Shakespeare, al que idolatra.

El tremendo choque cultural que tiene lugar cuando el «salvaje» es llevado al «Mundo Feliz», como lo llama inicialmente, permite a Huxley contrastar los valores de la supuesta sociedad ideal con los nuestros y señalar los defectos de ambas.

El libro aborda dos problemas diametralmente opuestos ¿o dos enfoques del mismo? El primero, y más obvio, es que para asegurar una felicidad eterna y universal, la sociedad debe ser manipulada; la libertad de elección y expresión se debe reducir, e inhibir el ejercicio intelectual y la expresión emocional. Los ciudadanos son felices de este modo, sí… pero John el “Salvaje” considera que esta felicidad es artificial y «sin alma». En una escena crucial discute con otro personaje, el poderoso Interventor Mundial de Europa Occidental, Mustafá Mond (mezcla de dos figuras clave de los años 30: Mustafá Kemal Ataturk, el modernizador de Turquía, y Sir Alfred Mond, líder de las Industrias Químicas Imperiales Británicas y adelantado en relaciones laborales en su tiempo), sobre el hecho de que el dolor y la angustia son parte tan necesaria de la vida como la alegría; sin ellos como contraste, la alegría continua pierde su mismo significado.

El segundo problema (o enfoque alternativo del primero) es que la libertad de elección, la inhibición de la expresión emocional y la búsqueda de ideas intelectuales resultan en la ausencia de la felicidad. Esto también lo ejemplifica al principio el personaje de Bernard, pero sobre todo John en las fases finales de la novela: incapaz de suprimir por completo su deseo sexual hacia Lenina, que considera inmoral (al menos sin matrimonio, aunque a ella, por supuesto, eso no le importa nada), y preso del remordimiento por ser incapaz de expresar su dolor ante la muerte de su madre, busca aislarse de la sociedad.

Por haberlo llevado al “Mundo Feliz” sin pensar en las consecuencias de tal acción, Bernard Marx va al exilio en las islas, pero no se le permite al “Salvaje” acompañarlo. Así que John se refugia en un viejo faro en la zona rural de Inglaterra y se establece allí.

Intenta vivir como un ermitaño, con un duro régimen de mortificación de la carne y autoflagelación incluido. Sólo que, como ahora es toda una celebridad, es acosado constantemente por los paparazzi (claro que en 1932 aún no se les llamaba así…). Y, sobre todo al hacerse público un video suyo autoflagelándose, los visitantes llegan cada vez en mayores cantidades. Entre ellos acaba acudiendo Lenina, su amor imposible… y al final el “Salvaje” sucumbe a la tentación en una orgía de sexo y soma. Aunque a la mañana siguiente, víctima del dolor, el remordimiento y la desesperación, se suicida.

El libro ataca sin cuartel la producción en cadena, calificándola como humillante y mecanizadora, lo mismo que a la liberación absoluta de la moral sexual, que considera una afrenta contra el amor y la familia. También critica sin piedad el uso de eslogans, la publicidad, el concepto de un gobierno centralizado y totalitario, aunque sea paternalista y benéfico, así como el uso de la ciencia para controlar los pensamientos y acciones de la gente. Huxley se burla implacable de la sociedad consumista y capitalista: Henry Ford, creador del sistema de la línea de montaje, es el dios del “Mundo Feliz” y los años se miden desde la fabricación del Ford modelo T original; la letra T ha reemplazado la Cruz cristiana como símbolo religioso, y se jura “¡Oh, mi Ford!”.

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11/10/18

Juan Raro

Un extraño feto autoconsciente y de enorme cráneo nace por cesárea, provocando en el parto la muerte de su madre. Sobrevive luego en una incubadora, sin echar nunca de menos el afecto materno, pero descubriendo y dominando por sus propios medios (con muchos ensayos y errores) sus inmensos poderes paranormales (puede influir de modo decisivo sobre casi todas las mentes humanas), hasta saberse radicalmente distinto; más aún: superior. Y un duro dilema se le plantea entonces ¿deberá regirse por la moral humana, creada para una raza sin sus capacidades, simplemente para evitar ser destruido mientras aún no es lo bastante fuerte como para evitarlo? ¿o tal vez crear una nueva moral e imponerla si es preciso?

No es un superhombre de cómic por su aspecto, más bien raro y deforme (pelo blanco, ojos incoloros, baja estatura, fuertes miembros, aspecto como de simio), ni tampoco busca luchar contra el mal o la injusticia, sino sólo poner fin a su soledad: cuando alcanza la madurez intelectual (que no la física; siempre aparentará ser más joven de lo que es), descubre que hay otros seres como él y decide encontrarlos y reunirlos a todos.

Porque Juan Raro no es ni más ni menos que el siguiente estadio de la evolución humana: según la teoría de las macromutaciones, que suscribe Stapledon, a lo largo de la historia han surgido pocos pero indiscutibles especímenes “completamente adelantados” como el poderoso mutante, cuya viabilidad quedaría limitada, en primera instancia, por las escasas posibilidades de sobrevivir a su propia niñez en un entorno humano hostil a todo lo que es demasiado extraño o diferente. Sólo por eso es que son tan pocos los macromutantes que Juan logra detectar, y aún no han subyugado o incluso sustituido a la humanidad menos evolucionada, casi indefensa ante sus tremendos poderes.

Pero incluso ese puñado de mutantes de todo el mundo se bastan para fundar una avanzada colonia de nuevo tipo en una desierta isla del Pacífico, y ante la vertiginosa velocidad de sus avances científicos, el mundo de humanos normales reacciona declarándolos proscritos y enviando una poderosa escuadra naval para recuperar el ínfimo territorio y destruirlos. Sólo que los mutantes no necesitan para defenderse más armas que sus cerebros, lo que provoca un desenlace por completo inesperado…

Contada desde el punto de vista de Fido, un “humano normal” que vio nacer a Juan Raro y fue lo más cercano que tuvo a un amigo entre los hombres hasta su ¿muerte? a los 23 años durante el ataque a su isla-colonia, sin pedanterías ni discursos altisonantes, pero con notable profundidad ética y filosófica, esta novela plantea el dilema entre hombre y superhombre por primera vez en la CF… y de una manera tan magistral que tendría que esperar a un Slan de Van Voght, un Mutante de Henry Kuttner o un Muero por dentro de Robert Silverberg para verse superada.

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