12/4/18

Ward Moore

Ward Moore

Ward Moore (EUA, 1903-1977)

Por Yoss

Hijo de padres judíos, Joseph Ward Moore nació en Madison, New Jersey. Luego vivió en Montreal (Canadá), New York, donde asistió al colegio de élite De Witt Clinton, del que él mismo cuenta fue expulsado por sus actividades pacifistas durante la I Guerra Mundial; siempre lo consideró un especie de aviso divino de que debía dedicarse a escribir o a nada más. Luego cursó estudios en la universidad de Columbia.

Es leyenda que durante los años 20 recorrió buena parte de los EUA como vagabundo, trabajando aquí y allá, hasta que se estableció en Chicago, trabajando en una librería entre cuyos patrones estaba el joven poeta Kenneth Rexroth, con quien hizo gran amistad… de hecho, Rexroth lo incluyó como un personaje de bastante relevancia en sus memorias, An autobiographical novel: allí el alter ego de Moore es el poeta-librero y autor de CF Bard Major…. aunque lo de que había sido miembro del Comité Central del Partido Comunista Norteamericano en Milwaukee y luego expulsado no parece tener ninguna relación con la verdadera vida del escritor.

En 1929 Moore se estableció en California, donde viviría el resto de su vida. En 1937 participó en el Federal Writers Project de la WPA, del que su amigo Rexroth era administrador en la oficina de San Francisco. El resultado fue su primera novela, Breathe the air again, cuyo tema eran las luchas sindicales en California durante los últimos años 20, en la Gran Depresión. Con múltiples puntos de vista, llena de pícaro humor y elementos autobiográficos, fue tan bien recibida por la crítica que Moore declaró que sería el primer volumen de una trilogía… aunque nunca escribió los otros dos.

Luego publicó Cloud by day, especie de thriller sobre un tremendo incendio que amenaza un pueblo de Topanga Canyon.

En los años 40 vivió de lo que le pagaban por los artículos, críticas y cuentos cortos que publicaba en diferentes periódicos y revistas, como Harper’s Bazaar; San Francisco Chronicle; Jewish Horizons; y The Nation. Ganó reputación con esta labor, y a principios de los 50 ya era editor de la sección de crítica literaria de Frontier, una publicación mensual de la Costa Oeste con un perfil más o menos similar al de The Nation.

Fue también en esa época cuando comenzó a publicar CF con cierta regularidad en  The Magazine of Fantasy & Science Fiction; era muy amigo de los editores de la revista con base en California, Anthony Boucher y J. Francis McComas. Nunca fue demasiado prolífico, pero sus historia de esa década eran entretenidas y su nivel de escritura algo superior al de la media, así que pronto se convirtieron en favoritas de los lectores. De esa época son muy recordados su cuentos Adjustment, en el que un hombre “ordinario” llega a una tierra fantástica en la que todos sus deseos son cumplidos… hasta que el entorno lo “reajusta” a él. También Lot (1953) y Lot’s daughter» (1954) historias postapocalípticas con fuertes paralelos con las bíblicas homónimas. El filme Panic in year zero! (1962) se basó en ambas, pero no le dió crédito alguno a su creador.

Su obra maestra se considera la ucronía sobre la Guerra de Secesión ganada por los Estados Confederados, Lo que el tiempo se llevó, que fue una de las primeras novelas publicadas de ese hoy tan popular subgénero de la CF. Aparecida con motivo del centenario de la contienda civil norteamericana, pronto se volvió una novela de culto tanto entre el fandom cienciaficcionero como entre los nostálgicos sureños, que en los EE. UU son legión.

En esa misma década escribió otra novela de CF: Greener than you think, una cómica historia catastrofista sobre la invasión del mundo por el Bermuda Grass, un césped mutante indetenible por ningún medio.

En los años 60 la producción literaria de Moore disminuyó notablemente, y sus dos últimas novelas, aunque siempre interesantes, sólo las completó con ayuda de colaboradores: Joyleg (junto con Avram Davidson), una erudita fantasía ucrónica sobre la supuesta supervivencia del Estado de Franklin, una parte secesionista de Carolina del Norte que intentó constituirse como estado propio (el 14avo de la Unión) entre 1785 y 1789, aunque luego fue incluido en Tennessee; y Caduceus wild (con Robert Bradford), que describe una “medicarquía” o nación gobernada por sus doctores.

Estuvo casado hasta su muerte con la escritora de CF Raylin Moore (nacida Crabbe: 1928-2005)

12/4/18

¿Sí tuvieras que ordenar por tus gusto estas diez novelas, cómo quedarían?

Este es un tema sugerido por Ropeh, quién sugirió ver cuál sería el orden de preferencia de estas diez novelas sobre las cuáles hemos estado hablando en la página las dos últimas semanas, estás son:

1- El Señor de los Anillos
2- Malaz, el Libro de los caídos
3- El Archivo de las Tormentas
4- El Portador de Luz
5- Harry Potter
6- Canción de Hielo y Fuego
7- Los Magos
8- La Rueda del tiempo
9- La espada de la Verdad
10- Camelot

Ahora ordénalas y déjanos ver que leerías primero, cuáles al final y que tendrías en el medio.

12/1/18

Machetero

Machetero

Por: José Alejandro Cantallops Vázquez

Premio de cuento Mabuya 2018

Puedes escucharlo aquí

¿Quiere comprar un machete?

No, ¿está buscando una biblioteca?, pues como ve esto es una machetería, ¿no será un centro de información lo que busca?

Venga hombre, claro que tenemos centros de información, que el fin del mundo fue hace años y hemos avanzado bastante desde entonces.

¿Cómo es posible que no sepa eso? ¿Acaso se pasó los últimos veinte años viviendo en un refugio nuclear o, congelado, cómo aquellos americanos que llegaron hace poco?

Así que en las profundidades de la Sierra Maestra, eso explica unas cuántas cosas, pero bueno, su familia debe de ser muy adentro, porque unos cuántos de mis compadres vinieron para ser macheteros.

¿Cómo que tampoco sabe eso?… Ya, es por eso que está buscando un centro de información, para actualizarse. Su acento me recuerda al Santiago de mi infancia, pero bueno chico, sí lo que quieres es información, esa te la puedo dar yo. Siéntate aquí conmigo media hora y lo sabrás todo.

Tranquilo, no me vas a molestar, a esta hora no viene casi nadie a comprar, muy temprano.

Bueno, por dónde empiezo, ya sé, por aquella profecía maya que decía que el mundo se acabaría en diciembre del 2012. Había mucha bulla con eso, unos cuántos decían que habría cataclismos, inversión del campo magnético y un montón de boberías. Incluso, hicieron una película, muy mala, por cierto. Pero al final, todos se equivocaron, excepto los mayas, por supuesto, la cosa fue que un virus de la influenza se tomó muy en serio la profecía y mutó. Menuda manera en que lo hizo, se convirtió en una pandemia global en menos de lo que canta un gallo y mira que la mutación fue rara.

No, no conozco muchos detalles técnicos, pero quédate aquí sentado y escucha la historia completa, después te lees los informes técnicos.

Bueno, la cosa fue que ese viritus convertía a las personas en zombis, no me mires con esa cara, estoy diciendo la pura verdad. El fin de año llegó y, los que habíamos sacrificado el lavadero del apartamento para criar el puerquito nos vimos metidos en plena apocalipsis zombi.

Aunque los que peor la pasaron fueron los yumas. Esos sí que estuvieron jodidos, imagínate tú, ciudades con millones de habitantes convertidos en zombis, todas las infraestructuras colapsando, el fin de la civilización. Los pobres, que nunca habían sufrido un apagón en su vida y solo tomaban agua de botellita, fueron los primeros en ser devorados por las hordas zombis.

El mundo moderno terminó el 20 de diciembre, tal y como predijeron los mayas, cuando se reportaban ataques zombies en todo el mundo. Todos los países cerraron sus fronteras y, dónde todavía quedaban gobiernos funcionales, comenzó la lucha contra los zombies.

Los únicos que salieron bien en medio de todo aquel jaleo fueron los descendientes mayas, que llevaban siglos preparándose. Al parecer, sus ancestros conservaron un códice que mostraba que volviendo a su viejo modo de vida, prevalecerían sobre los zombies. Y tenían razón, ahora dominan casi toda Centroamérica y se han vuelto un imperio expansionista muy peligroso.

¿Y qué nos pasó a nosotros? Pues seguimos pa´lante, como siempre, aquello no era nada que no hubiéramos vivido en los noventa, solo que en vez de abrir las fronteras las cerramos. El gobierno había traído de vuelta a todos los cubanos cumpliendo misión en el extranjero apenas se dieron las primeras alarmas. Así que cuando las cosas se pusieron calientes, nuestro país que, por entonces, contaba con un médico por cada veinte personas, un pueblo culto y acostumbrado a superar las dificultades, le hizo frente a la apocalipsis zombi.

En menos de un mes, el trabajo conjunto de los CDR, las FAR y el MINSAP, fue suficiente para erradicar a todos los portadores del virus en el país. Recuerdo que mi suegra se infestó con el virus y tuvo que ser eliminada, la pobre sufría tanto… ¡Eh, no me mire así, que fue lo mejor para ella, ya bastante mordidas tiraba antes de infestarse!

En fin, que mientras el mundo se caía a pedazos, los mayas reinstauraban su imperio, para nosotros, las cosas seguían iguales, bueno, más o menos. Lo cierto es que la noticia de que el virus estaba controlado hizo de nuestra islita uno de los lugares más codiciados del mundo. Nadie quería ir con los mayas. Fueron tiempos duros para el servicio de guardacostas, debían luchar contra la inmensa cantidad de entradas ilegales a nuestro país y, pensar que una vez fue al revés.

Bueno, aquello fue un jaleo grande, pero el gobierno supo cómo resolver las cosas y equilibrar la situación, tras varios exámenes médico y una cuarentena, los yumas saludables se quedaban trabajando en nuestros campos, mientras el resto de nosotros se encargaba de que el país siguiera a flote.

Tranquilo hermano, que ahora es que la cosa se pone buena, aquí es cuando surgen los macheteros.

Macheteros, claro, los héroes de la postapocalipsis ¿Por qué cree que tengo una machetería? ¿Para vender machetes de aleación de titanio y tratamiento nanobótico para picar marabú? No hermano, la cosa es mejor que es eso.

Comprenderá que, estabilizada la situación migratoria, la suficiencia alimentaria y el agua aseguradas, lo que nos faltaba eran portadores energéticos, sí, teníamos nuestras reservitas, pero se estaban agotando rápidamente.

Fue entonces cuando el país envió contingentes a las plataformas petroleras del golfo de México con la misión de traer petróleo. No fue una tarea fácil, sin embargo, nuestros internacionalistas regresaron victoriosos, con algunas bajas, pero con el secreto del que sería un nuevo profesional.

Durante los combates contra los zombis, los miembros de las brigadas se dieron cuenta de que gastaban demasiadas municiones y, como las balas estaban destinadas mayoritariamente a las brigadas guardafronteras. Así que decidieron probar la vigencia de la tradición patriótica y usar machetes bien amolaitos. El resultado fue arrasador, el arte de las cargas al machete había vuelto para ayudarnos. En lo que un fusilero con sus tres cargadores repletos de balas, apenas duraba media hora antes de quedar indefenso, un maestro machetero puede matar a más de veinte zombis sin siquiera sudar en menos de media hora. El ahorro de recursos fue enorme.

Desde aquel momento empezaron a formarse las primeras brigadas oficiales de macheteros, al principio, sacados de lo más humilde de los campesinos y los cortadores de caña. Ellos y los guardafronteras fueron los héroes de los primeros años del postapocalipsis, viajando a decenas de países repletos de zombis, buscando las piezas de repuesto y trayendo la tecnología que necesitaba el país.

Con el tiempo, el gobierno emprendió un proyecto más ambicioso, para convertir el arte de esgrimir el machete en una ciencia refinada, y hacer del machetero un profesional. Comprenderá usted que el país no podía enviar un grupo de seguridad para proteger a otro grupo de ingenieros, pues no, los mismos macheteros eran los ingenieros.

Y esa es toda la historia muchacho, veinte años y un apocalipsis zombi nos han convertido en una gran nación, todo gracias a nuestros macheteros y guardafronteras.

Así que al final si quieres un machete, mira, te recomiendo este, el descuarejingador, tratamiento de nanoreforzadores sobre su estructura de titanio para evitar que pierda el filo, además de un cabo de júcaro negro. Toda una preciosidad por solo cincuenta y tres pesos.

¡Ño, hacía años que no veía un billete tan bien conservado de las tiradas antes del apocalipsis! No hace falta más, con este billete de tres pesos pagas el machete. No me mires así que no te estoy estafando, el billete vale casi lo mismo que el machete, pero a ti solo te costará tres pesos.

Ya te vas para la biblioteca, bueno te daré un consejo. Tienes la edad y la forma en que mueves ese machete promete bastante. Así que pásate también por la oficina de reclutamiento, siempre están buscando muchachos desvinculados y sanos que quieran pasar la universidad y ser macheteros.

 

12/1/18

Bernard Wolfe

Bernard WolfeBernard Wolfe (EUA, 1915-1985)

Por Yoss

Nacido en New Haven, Connecticut, este autor se licenció de piscología en la universidad de Yale, por un breve período trabajó como guardaespaldas de León Trotsky en México, aunque no estaba presente cuando Ramón Mercader lo asesinó. Siempre permaneció fiel al  recuerdo y las ideas de Trotsky: su novela de 1959, The great prince died  lo retrata con admiración y respeto.

Durante la II Guerra Mundial Wolfe fue corresponsal de guerra de varias revistas, y en 1946 comenzó a escribir CF.

Su única novela del género, Limbo (1952), le ganó fama imperecedera. Aunque todavía virtualmente desconocida para la gran mayoría del fandom, puede considerársele un temprano ejemplo del esfuerzo de mejora escritural New Wave dentro del género, así como un antecedente ciberpunk avant-la-lettre.

Salvo esta indiscutible obra maestra, Wolfe apenas si escribió un puñado de cuentos de CF, y un par de libros de ensayos, como el primero que publicó, Really the blues, sobre el jazz… y muy poco más.