El hombre hembra

Formada por cuatro historias a primera vista independientes, pero hondamente interrelacionadas, que exploran distintos enfoques y problemas sobre los roles de la femineidad y la masculinidad en nuestro mundo y otros paralelos: la mujer muñeca-decorativa y completamente supeditada a su cónyugue dominante de un mundo aún más machista que el nuestro; la mujer contemporánea (de los años 70 norteamericanos, valga la aclaración); la lesbiana activa y dura, combatiente entrenada y físicamente modificada, capaz de vencer en un combate cuerpo a cuerpo a la mayoría de los hombres; y la científica del mundo sin machos humanos “mi madre se lla­maba Eva, mi padre se llamaba Alicia” que tiene a un tierno e inofensivo macho como juguete sexual…. y descubrirá que su mundo sólo ha sido posible gracias al previo exterminio de los machos por Jael la guerrera y sus semejantes.

En realidad, Jeannine, Joanna, Janet y Jael son todas avatares del mismo ente…metafóricamente hablando (no hay que enredar más un texto ya de por sí complejo de entender con sus constante cambios de punto de vista). Jeannine es una bibliotecaria que vive en un mundo en el que la depresión del ’29 nunca terminó. Joanna vive en el mundo contemporáneo, en los años 70. Jael es una luchadora de dientes de acero y garras retráctiles en cuyo mundo los hombres y las mujeres viven separados y luchan constantemente entre sí. Y la científica Janet procede de una realidad utópica separatista donde no hay hombres (suprema ironía: su “mascota de cama” de aspecto humano no es tal, sino sólo primate tipo chimpancé, géneticamente modificado para ser idéntico a un varón humano… pero sin raciocinio), en la que la Tierra se llama Whileaway y es casi una anarquía bucólica.

Esta novela fue un auténtico escándalo en su tiempo, pues demolía despiadada y concienzudamente los estereotipos machistas entonces casi hegomónicos en la CF. Según comenta en un pasaje lleno de autoironía su autora, es un libro “Estridente… insultante… libro amorfo… retorcido, neu­rótico… contiene una que otra verdad sepultada en una histérica… otro panfleto para el cubo de basura… pero ninguna caracterización, nin­guna intriga… apenas otro chillido irracional y resentido de la hermandad femenina… esta pre­tensión de una novela… saturada de las habituales, aburridas y obligatorias referencias al lesbianismo… estupideces… ataques violentos y malhumorados… formidable autocompasión que impide toda oportunidad de… ausencia de plan… sin la gracia y la simpatía a que tenemos derecho… simplemente mala… q.e.d. Quod erat de­monstrandum. Ha sido probado”.

Pese a su lectura, no siempre grata ni sencilla, por el descarnado sarcasmo típico del estilo de la Russ, y a que no ganó premios de ningún tipo en su momento, incluso hoy sigue siendo popularísima. Sin dudas, la obra cumbre de la nunca numéricamente muy abundante CF feminista, aunque sus personajes masculinos se hayan vuelto acartonados de tan arquetípicos.

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