
En un Marte parcialmente terraformado del futuro (con mucho del Oeste y steampunk, pues hay tecnologías más bien atemporales, como las locomotoras de hipervapor), lejos de todo, pero cerca de Paraíso y justo junto a la línea férrea que lo une con Sabiduría, una IA terraformadora construye un pueblo vacío que nunca debió siquiera existir en los cuidadosos planes de las compañías mineras que explotan el planeta rojo, y que sin embargo queda oficialmente fundado cuando el sabio y excéntrico doctor Alimantando llega allí en su bote salvavidas antigrav, siguiendo al misterioso hombrecito verde…
Y Camino Desolación nace para acoger a todos los fugitivos y desheredados del planeta. Todos llegaban por un tiempo… y se quedaban allí: Pasternoster Jericó, Señor del Crimen de las Familias Exaltadas, con su memoria que contiene a todos sus antecesores, fugitivo de quienes lo depusieron; el pragmático abuelo Haran, Rael Mandela, y su esposa Eva Mandela, que allí llegaron huyendo de la tormenta y allí parieron mellizos, quienes más tarde se convertirían, respectivamente, en Santa Ekaterina, elegida de la Santísima Señora y reverenciada por las Pobres Criaturas de la Inmaculada Contracción; y en el Más Grandioso Jugador de Billar.
También se establecieron en el pequeño pueblo Rajandra Dass, vagabundo de los trenes de alta velocidad, a quien las máquinas amaban y complacían; Baboshka y su hijo Mikal Margolis; la aviadora sin avión Percy Jirones con su asombroso Bazar Aéreo, los hermanos Galacelli, Marya Quinsana y su ultraprotector hermano Morton… (que no logró impedir su romance con Mikal) y por supuesto, la terrible Arnie Tenebrae, cuyos odios y ambiciones finalmente destruirían al pueblo.
También desfilaron u ocurrieron allí en algún momento muchos de los prodigios y anormalidades de ese exótico y variopinto Marte: el martes de Cometas; la Feria Ambulante y Fantasía Educativa de Adam Black, con su ángel cautivo y su Maestro Mutante del Centelleante Sarcasmo y la Réplica Rápida; y claro, el primer viaje tripulado a través del tiempo, que alejó al doctor Alimantando de su creación, siempre tras las huellas del hombrecito verde.
Amor, luchas sindicales contra la casi omipotente compañía minera, búsqueda científica, odio, celos, ambiciones… de todo hay en esta novela coral y desmesurada, que se ramifica y extiende en el tiempo por décadas, formada por muchos pequeños fragmentos y tragedias, como un gran mosaico. Con mucho del realismo mágico latinoamericano, hasta el punto de que algunos la consideran un Cien años de soledad en clave de CF.
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