El eslabón perdido

Cerca de Atlanta y en nuestros días, una mujer blanca, Ruth Clarie, descubre entre los matorrales y hace amistad con un auténtico fósil viviente: no se trata de un hombre de Cromagnon ni de Neanderthal, sino de un homínido mucho más “primitivo” según las tradicionales teorías evolutivas: nada menos que un Homo habilis, improbable sobreviviente del Pleistoceno. Lo bautiza Adán, y pronto se enamora de él, sin importarle que no pueda hablar… por lo que ambos deciden contraer matrimonio.

Su ex marido Paul, primeramente celoso, luego fascinado por el “habilino”, es paradójicamente el principal aliado de la abigarrada pareja en su lucha contra los tremendos prejuicios raciales, científicos y sociales de los modernos Estados Unidos. La investigación sobre los orígenes de Adán y el pequeño grupo de “hombrecitos mudos y peludos” trasladados a la fuerza en un barco negrero, primero a Haití, luego a Norteamérica, va alternándose con la narración detalladísima y por momentos de su suspense casi policíaco sobre cómo fundamentalistas religiosos y racistas extremos intentan asesinarlo a él y a su hijo “híbrido”, así como de la operación quirúrgica con la que finalmente el Homo habilis adquiere la capacidad del habla. Y todo confluye en un viaje a la isla de La Española, donde un puñado de los antepasados “habilinos” de Adán aún sobreviven en ocultas cuevas, pese al odio de los pobladores locales, misérrimos haitianos que les han dado caza por siglos.

Una novela cuyo mayor mérito es la curiosa elección de Paul como la voz narrativa de todos los hechos, lo que da a la (para él) caprichosa relación de su ex con el homínido un cierto cariz de aberración y absurdo, pero que poco a poco a poco se va desvaneciendo por la suave seriedad con la que Bishop nos hace aceptar a Adán, mientras nos enfrenta a una pregunta crucial ¿seríamos capaces de aceptar a nuestros “poco evolucionados” antepasados si los encontráramos hoy… o los exterminaríamos como se supone que nuestros tatarabuelos de Cromagnon hicieron con los mucho más pacíficos Neanderthales?

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