En un futuro donde decenas de planetas de la galaxia han sido colonizados, Tuf, un corpulento, ampuloso y verborreico, pero bienintencionado viajero (algunos ven en el personaje un autorretrato literario apenas velado de Martin, de célebre corpulencia), adquiere por casualidad (que incluye la muerte de otros aspirantes a poseedores, bien que no por obra directa suya) un increíble tesoro: una gran nave ecotransformadora del remoto pasado, capaz de intervenir de forma drástica en las ecologías de casi cualquier mundo.
Se narran con un suave humor y notable dominio de la biología sus visitas a diferentes planetas, siempre resolviendo sus problemáticas locales, aunque volviendo periódicamente al sitio cerca del que adquirió su nave-tesoro: un mundo tremendamente superpoblado, donde los recursos naturales ya escasean, pero que por motivos religiosos se niega tercamente al control demográfico, intentando, por el contrario, en cada visita confiscar la nave de Tuf… aunque siempre sin éxito. Un fix-up que trasciende por derecho propio a la condición de novela.
Tomado de la futura Constitución enmendada de los EUA: ARTICULO XXV, Sección 1: No se permitirá a ninguna ciudadana de los Estados Unidos desempeñar ningún cargo público por elección o por nombramiento, participar en ningún empleo (oficial o no) en las profesiones científicas o investigadoras, trabajar fuera del hogar sin el permiso escrito de su marido o (de no estar casada) un varón responsable emparentado por sangre o señalado como su tutor por la ley, ni ejercer control sobre el dinero u otras propiedades sin permiso escrito.
Sección 2. Dadas las limitaciones naturales de las mujeres…
En fin, que como en El cuento de la criada, de Margaret Atwood, vendrá un terrible futuro: una sociedad dominada totalmente por los hombres, en la cual las féminas no pasarán nunca de meros objetos, de animales de compañía mimados en el mejor de los casos, apreciadas por su belleza física y valiosas tan sólo en función de las capacidades genéticas destacadas que puedan aportar a una futura generación… de hombres, por supuesto.
Sin embargo, hay una excepción: resulta que incluso esa humanidad tan machista ha contactado a diferentes especies alienígenas, con las cuales comercia de forma habitual. Para lo cual las capacidades lingüísticas son de una importancia capital y constituyen una verdadera fuente de beneficios y poder para los grupos de traductores (las Líneas, o familias de lingüistas) que mejor las dominan, porque sus niños creen alternando con los seres extraterrestres en costosas Interfases.
Sólo las mujeres lingo pueden y deben trabajar tan duramente como sus hermanos, padres y maridos: o sea, desde el punto de vista de la moral popular, son unas absolutas zorras perdidas.
Y más porque, pese a que hacen su trabajo lo mejor que pueden, las Líneas en su totalidad son a la vez envidiadas (por la supuesta opulencia en que viven sus miembros, del todo falsa: no hay vida más sacrificada y austera que la suya, pese a todo el dinero que ganan) y odiadas. Tanto por el vulgo, cuyas vidas han mejorado drásticamente justo gracias a las negociaciones en las que justo esos mismos lingos son indispensables… como por los gobiernos, que deseando más tecnologías y más comercio con nuevas especies de extraterrestres, se sienten del todo a merced de las Líneas, y se niegan a aceptar que un cerebro humano no puede aprender sin traumas la lengua de un alienígena no humanoide: las hondas diferencias entre su percepción del mundo y la humana cuestan la cordura a todos los infantes expuestos a tan antinatural convivencia.
Así que siguen desarrollando programas cada vez más absurdos para superar esa barrera y romper el monopolio traductor de los lingos, aunque le cueste la vida a decenas de niños ofrecidos “voluntarios” por sus padres a cambio de gruesas sumas, o simplemente concebidos y gestados artificialmente en probetas. Pero, tal y como el dominio del lenguaje es la clave del poder que detentan dichas Líneas como mediadoras en las relaciones con los extraterrestres, también se convierte en el arma secreta alrededor de la cual se pueden aglutinar sus mujeres, doblemente explotadas, en defensa de su libertad, sus derechos y su propia dignidad.
Porque, generación tras generación, pacientemente y en la sombra, las mujeres de las Líneas han ido creando el Láadan: un lenguaje altamente sintético, que instrumenta la columna vertebral de una especie de singular sociedad secreta no violenta, sólo para cromosomas X. Este idioma obviamente ofrece una riqueza inmensa en unos aspectos, por así decir, femeninos, a la vez que carece de los elementos habituales, masculinos, omnipresentes en las lenguas “naturales” como reflejo de la secular dominación del “sexo fuerte”.
El Láadan es absolutamente ininteligible, en la práctica, para los hombres, incluidos aquellos con elevadas dotes lingüísticas… y cuando toda una generación de mujeres lo hable ya como su lengua materna, su dominio antes férreo y total comenzará a resquebrajarse.
Existe un precedente real del Láadan: el Nü Shü, código secreto de las mujeres chinas, una manera diferente de escribir, fonética en lugar de ideográfica o ideogramática, a diferencia de la versión masculina. Fue descubierto justo en 1983, un año antes de la publicación de esta novela, auténticamente femenina como pocas, o sea, mucho más centrada en los matices y en los detalles que en las peripecias y las acciones, y en la que se desarrollan de forma magistral ciertos aspectos que, como las relaciones personales y los sentimientos de los individuos, normalmente en la CF pasan a un segundo (si acaso) plano.
La trama concreta de la novela gira en torno a cómo fueron surgiendo las Codificaciones o conceptos semánticos básicos del Láadan, a través de distintos momentos en la vida de mujeres que jugaron un papel clave en su elaboración. Seguimos a la talentosa, sufrida y a veces ingenua, pero con clara visión de futuro Nazareth, su casi heroína (aunque se trata de un obra con un auténtico protagonista coral femenino) pero también a la impetuosa aunque bienintencionada Rachel y a la bellísima y aún más retorcida Michaela, que traumatizada por la venta de su hijo al gobierno para “experimentos lingüísticos” ha decidido vengarse no sólo de su cruel marido sino de todos los hombres, pero muy especialmente de los malditos lingos, culpables de todo lo malo del mundo, según sabe cualquiera…
Advertencia: la obra tiene cierto algo más bien desazonador para el lector masculino… quizás la incómoda sensación de que uno se está perdiendo algo, o de que algo importantísimo está ocurriendo ante nuestros ojos sin que lo percibamos.
Y quizás por eso mismo resulta tan fascinante. Después de haber leído algunos libros cardinales del feminismo de la diferencia, como Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus y Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas uno empieza a hacerse una idea, aunque todavía vaga, del posible “por qué”: al fin y al cabo, hombres y mujeres tienen líneas y sistemas de pensamientos tan diversas entre sí como si pertenecieran a especies diferentes.
Una novela extraordinaria: aunque tremendamente densa por momentos, y críptica en otros, da la idea de lo que es realmente la lingüística mejor que muchos manuales.
La poderosísima Corporación es la vanguardia de la humanidad, y existe sólo para la Conquista: una tras otro, miles de planetas son económicamente asimilados… o expoliados. Pero no sólo pilotos, ingenieros y soldados son necesarios para esta épica industrial a escala cósmica: también hacen falta expertos en Relaciones Públicas que mejoran la imagen de la Corporación. Esos son los juglares, que cantan la gloria de los mundos dominados y el interminable atractivo del infinito.
Hamlet Evans, educado desde su juventud para ser juglar en el planeta Monasterio, vivirá diversas aventuras hasta encontrar su camino como director de un circo… y rebelde contra la Corporación, representada por su hermano y oficial de la misma, Orfeo. Una space opera que es pura poesía, hito relevante de la CF española, escrita en un lenguaje que a la vez acaricia y hace doler, con un entrañable protagonista de recia fragilidad e inolvidable quijotismo.
Space opera complejísima, ambientada en un futuro lejano, donde FUERZA es la entidad rectora de la galaxia colonizada por los humanos, pero que es controlada en realidad por las Inteligencias Artificiales del Tecnonúcleo, que han trascendido el raciocinio humano y, divididas en facciones, se enfrascan en complejísimas luchas de poder.
El núcleo de la trama está en el planeta Hyperion, en las Tumbas del Tiempo; cada año siete peregrinos humanos de diversas procedencias acuden a encontrarse con un ente misterioso y cruel, que puede ser dios o demonio: el Alcaudón. Todos saben que matará a seis de ellos empalándolos en el metálico Árbol del Dolor, pero a cambio cumplirá un deseo del sobreviviente, cualquiera que sea. Durante el viaje seis de ellos cuentan sus fascinantes historias, al estilo de Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer o el Decamerón de Giovanni Boccacio.
Son un soldado, un diplomático, una detective, un poeta, un sacerdote católico, un arqueólogo judío… y un templario cuya historia nunca se conoce. Cada una relatada con distintos tonos y artificios literarios, logrando una maravillosa sensación de diversidad. En el trasfondo hay una mujer criada en un planeta de alta gravedad enamorada de un cíbrido (humano con mente cibernética) que es la réplica de John Keats; los ésters (humanos adaptados a vivir en el espacio); un muchacha que padece una rarísima enfermedad, el Síndrome de Merlín, cuyo efecto es que cada día rejuvenece en vez de envejecer… hay teleyectores, especie de portales de teleportación que permiten que existan casas con habitaciones en distintos planetas, y un río, el Tetis, que discurre a través de todos… y muchas cosas más. De hecho, es casi imposible resumir en pocas líneas la tremenda riqueza argumental, de ambientes y de personajes de la novela.
Primer volumen de los Cantos, y sin duda el mejor, no sólo por presentarnos tan fascinante unvierso, sino sobre todo por su imponente despliegue de estilos literarios y cuidadísimo diseño de personajes.
El lejano planeta Hierba, colonizado hace poco por humanos, tiene una de las ecologías más curiosas de la galaxia: prácticamente todo él es una inmensa pradera, cubierta de altas hierbas de todos los colores del espectro, con apenas minúsculos y raros islotes de bosque. Allí medra una extraña orden monástica cuyos renunciantes o penitentes contruyen etéreas catedrales tejiendo los altísimos tallos, y se desafían unos y otros a trepar y subir cada vez más arriba. También los señores, una curiosa casta de aristócratas cuya vida gira alrededor de la Cacería, extenuante persecución de los Zorros, unos animales veloces y ferocísimos… y cada vez más raros. Y viven también las Monturas, especie de inmensos corceles de lomo espinoso, y los Sabuesos de feroces fauces, que junto a los humanos persiguen a los Zorros incansablemente, a veces durante días enteros, hasta que el fugitivo queda acorralado en un bosquecillo y sube a un árbol, donde el arpón lanzado por manos humanas lo derribará para su muerte entre los cascos y colmillos de sus perseguidores.
¿Qué son realmente los Zorros y por qué Monturas y Sabuesos les dan caza con tanta saña? ¿Quién manda en el planeta Hierba… los cuadrúpedos nativos, o los altivos nobles humanos en sus castillos? A esta y otras preguntas cruciales intentará dar respuesta una enviada humana del gobierno central de la Tierra, para verse enredada en una compleja trama de dominios mentales, falsas alianzas y auténticas esclavitudes que vuelve tremendamente apasionante el relato.