Metáforas y frases hechas

GONZALO MARTÍN VIVALDI

            La metáfora

El problema que nos plantea la metáfora es, en realidad, el mismo de la imagen o comparación (…) La metáfora -se ha dicho- no es más que una comparación abreviada. Si yo escribo: «tenía la piel verdosa y arrugada como un lagarto», he hecho una comparación, si digo: «su piel de lagarto», he utilizado una metáfora. Escribiré en sentido comparativo, si digo que «el galope de los caballos sobre la llanura era como el sonido de un tambor»; en cambio, si escribo «los caballos van tocando el tambor del llano» lo he hecho metafóricamente.7

La metáfora es siempre imagen. No obstante, conviene diferenciar estas dos figuras.

«La metáfora -escribe Albalat-consiste en transportar una palabra de su significación propia a otra significación, y ello en virtud de una comparación que se realiza en el espíritu y que no se indica. Es una transposición por comparación instantánea».

Es decir que, según está tesis, la comparación es más lenta, más racional; la metáfora más rápida, más intuitiva. Con la imagen se comprende mejor una cosa; con la metáfora se ve de otro modo, acaso con más claridad: es un rayo de luz que ilumina repentinamente el cuadro, es un toque de color preciso, un soplo de vida en lo que, de otro modo, sería sólo descripción incolora y vulgar.

EJEMPLOS:

«El día se va despacio,La tarde colgada a un hombro, dando una larga torera sobre el mar y los arroyos».(García Lorca: «Romancero gitano».)»Lo que me está pasando… Va conmigo.¿Lo que me está pasando?Son recuerdos.Tinieblas sin paisajes, hondascuevas dentro del pensamiento».(Elena Martín Vivaldi: «El alma desvelada».)
«La metáfora -insiste Albalat-es una imagen que resulta de una comparación sobreentendida. Pero la imagen no es siempre metáfora. La imagen es un modo fuerte de escribir, una manera de hacer más sensible un objeto».

En las lenguas modernas, dice Albert Dauzat, «la comparación pierde terreno y tiende a desaparecer casi en beneficio de la metáfora». Y afirma después, como característico de nuestro tiempo, una inversión de factores: «Mientras que antes -dice-se comparaba lo abstracto a lo concreto, lo contrario -hoy posible-permite nuevos efectos».

EJEMPLO: La sombra de una nube que se pasea lentamente como un pensamiento amargo.

El poeta granadino Federico García Lorca es el escritor español contemporáneo que se ha distinguido, ante todo, por su gracia y novedad en el empleo de la metáfora. «Toda su obra está plagada de imágenes originales, expresivas, nuevas y relucientes, como monedas recién salidas del troquel.

He aquí algunos ejemplos de metáforas «lorquianas» (van subrayadas en letra cursiva):

«El camino que conduce a la Cartuja se desliza suave entre los saúcos y las retamas, perdiéndose en el corazón gris de la tarde otoñal.»

«Yo no quisiera que entrase en la sala ese terrible moscardón del aburrimiento…»

No se crea, por lo dicho hasta aquí, que la metáfora es cosa exclusiva de poetas. En realidad, todos hablamos, metafóricamente -unos más y otros menos, según temperamento y circunstancias-sin apenas darnos cuenta. Toda el habla popular está plagada de metáforas. Así decimos «sudar tinta», «cara de cemento», «memoria de elefante», «el cielo de la boca», «al romper el día», etcétera.

Pero con la metáfora, sucede como con todo en este mundo: el peligro está en el abuso.

«En realidad -escribía Guyau en El arte desde el punto de vista sociológico-, una metáfora que ejercitase demasiado la inteligencia podría agradar a un sofista antiguo, pero erraría absolutamente su fin y debilitaría nuestras representaciones de los objetos en lugar de aumentar su fuerza». Porque la metáfora -anotamos, nosotros-, debe ayudar a la rápida comprensión intuitiva del pensamiento, no obligar al lector a una gimnasia mental para desentrañar el íntimo sentido metafórico de una frase o período.

Podría escribirse, por ejemplo:

Nieva…Del cielo caen, lentas,blancas mariposas muertas.
Sin embargo, la metáfora resulta algo forzada. En los versos citados se obliga al lector a imaginar lo que nunca vio: millones de mariposas muertas cayendo del cielo. Y, por añadidura, todas blancas. Lo raro del espectáculo convierte a esta metáfora en inútil ejercicio mental.8

El propio García Lorca, en su afán por la renovación de las imágenes, nos da a veces metáforas que resultan incomprensibles a la primera lectura y que obligan a un esfuerzo para ver (comprender) su sentido.

EJEMPLO:

«Un ciclo de mulos blancos cierra sus ojos de azogue dando a la quieta penumbra un final de corazones».
En cambio, acierta plenamente, cuando dice: «Un pleno de cigarras tiene el campo», o también «y un horizonte de perros -ladra muy lejos del río».

En resumen, y como dice Albalat, en este difícil escollo de las metáforas es preciso evitar «la anarquía de la imaginación».

«Oled mucho una flor -decía Guyau-y acabaréis por ser insensibles a su perfume; después de cierto número de vasos de ginebra, se embota el gusto, todo ejercicio de una función o de un sentido, lo agota: la postración que sigue es proporcional a la violencia de la acción. Por esto es necesario introducir en la obra de arte, gradación y variedad. Nuestros poetas y novelistas contemporáneos olvidan demasiado esta ley: su estilo es perpetuamente tenso, sus imágenes perpetuamente brillantes y hasta violentas. Resultado: a las dos páginas ya estamos extenuados».

El peligro, pues, no está en la metáfora, sino en su patológica deformación, en ese cáncer del estilo que, humorísticamente, podría también ser llamado «metaforitis», y del que resulta jocosa muestra el siguiente trozo descriptivo, citado por Albalat: «Ella tenía la frente de marfil, los ojos de zafiro, cejas y cabellos de ébano, mejillas de rosa, una boca de coral, dientes de perla y cuello de cisne.»

De donde resulta que la «Ella» así descrita era un muestrario de las más diversas cosas. Uno no sabe si lo descrito es una mujer, el escaparate de una joyería o un monstruo.

La frase hecha

La metáfora, como el papel moneda, se gasta con el uso, se deprecia y llega un momento en que es preciso «retirarla de la circulación». El papel moneda desgastado se convierte en un papelucho despreciable: la metáfora archiusada se transforma en tópico, en lugar común, en frase hecha.

Puede ser que un día, ya lejano en el tiempo, fueran expresiones acertadas, felices, los «talles de palmera», los «dientes de perla», la «nave del Estado», etc. Hoy, estas metáforas se han convertido en lugares comunes, en tópicos, en frases hechas.

El propio García Lorca habló un día de un gitano, llamándolo «moreno de verde luna». Fue aquella una imagen feliz. Pero, desde entonces, surgieron tantas moreneces «de verde luna», entre los aprendices de la poesía, que ya resultaría un tópico insistir en esta metáfora «lorquiana».

Hay, pues, que luchar contra las frases hechas, como se lucha en la vida contra todo lo inútil; y, ante el tópico, sólo caben dos posturas: o darle nueva vida o burlarse de él.9

Alonso Schokel, en su obra La formación del estilo, escribe: «Lanza un buen escritor un enlace feliz de palabras, reluciente, nueve-cito; la frase es aceptada y repetida, precisamente porque vale, y al poco tiempo la frase equivale a una palabra sin fuerza de imagen».

«Se decía ‘montón’ sin producir imagen; uno añadió un epíteto: ‘confuso montón’, y se produjo la imagen; se gastó la frase y ahora nos da lo mismo montón que confuso montón; tan estéril es uno como el otro. Se decía: ‘hacer que el público aplauda’ sin producir imagen; a uno se le ocurrió una metáfora: «arrancar aplausos’, y provocó la imagen; ahora ni hacerse aplaudir ni arrancar aplausos producen imagen».

He aquí, a continuación, una serie de frases hechas, de expresiones gastadas, sin fuerza ni colorido:

Provocar una discusión; reinaba la serenidad en su rostro; abrir el corazón (salvo en el caso de que un cirujano lo abra de verdad); lágrimas amargas; un sordo rumor; la febril impaciencia; la cólera implacable; en el seno de la academia; en los medios políticos.

Cómo se renuevan las metáforas

 

Si no somos capaces de crear metáforas nuevas, originales y sugestivas, podemos al menos «renovar» las usadas. Claro está que el procedimiento más fácil para la renovación de las imágenes gastadas es el humorístico. «En serio» resulta muy difícil, por no decir casi imposible.

Así, en vez de la ya gastada expresión «los económicamente débiles», podemos escribir «los económicamente enclenques o avitaminósicos»; en lugar de «sumido en un mar de confusiones», podemos decir «…en una galaxia de confusiones»; en vez de «sometido a la tiranía de las pasiones», cabe escribir «… al totalitarismo de las pasiones»; etcétera, etcétera.

Si no se renuevan las imágenes, el estilo, se ha dicho, «no es más que el vestuario de una retórica hecha jirones a fuerza de haber servido a todo el mundo».

Veamos, ahora, cómo pueden renovarse algunas imágenes, sin tener que recurrir a la hipérbole humorística. Para ello basta, según recomienda Albalat, con exagerar un poco la idea Así, Bossuet, para expresar los gritos y lamentos de los ermitaños en el desierto, ha dicho: «Ellos rugían su penitencia».

En vez de escribir: «¿Quién puede conocer el fondo de las cosas?», podemos decir: «¿Quién es capaz de llegar hasta los más profundos abismos de las cosas?»

Víctor Hugo escribió: La luna abre en las ondas su abanico de plata.Y García Lorca dice: La luna vino a la fragua con su polisón de nardos.
«El arte del escritor -dice Dauzat-consiste en partir de una metáfora corriente, aceptada, medio usada, para sacar de ella las posibilidades que encierra, para traer imágenes más nuevas, que si se lanzan bruscamente, sin transición, podrían desconcertar: la casa se despierta…, respira…, se estira y se da importancia.»

El ejemplo citado es el de la metáfora animista, por la que se atribuyen a las cosas inanimadas, las sensaciones y propiedades de los seres vivos.

EJEMPLO: El mar enfurecido lucha contra las rocas.

La metáfora animista vuelve a gozar hoy del favor de los escritores. Así, Roland Dorgelés habla de un camino que «serpentea, y se fatiga» al ascender por una montaña y, luego, esa misma ruta «sigue un momento su camino llanamente, justo el tiempo de tomar aliento».10

Ejercicios

  1. a) En las siguientes frases y párrafos subráyense las metáforas, diga si la imagen es «buena», «regular» o «mala», y razone el juicio: • A lo lejos se divisaba el aterciopelado oleaje de los naranjales.
  • Al dirigirle la palabra, a Elisa se le encendían las rosas rojas de sus mejillas. 3. «Jugaba con su voz de sombra, con su voz de estado fundido, con su voz cubierta de musgo, y se la enredaba en la cabellera o la mojaba en la manzanilla o la perdía por unos jarales oscuros y lejanísimos».¹¹
  • «La niña de los Peines tuvo que desgarrar su voz porque sabía que la estaba oyendo gente exquisita… ¡Y cómo cantó! Su voz ya no jugaba, su voz era un chorro de sangre digna por su dolor y su sinceridad».¹²• Se le enroscaba al cuerpo la serpiente del deseo…• Los acordes finales de la sinfonía, columna polícroma de sonidos, se clavaban en el cielo de la noche.• Y yo me fui perdiendo en la oscura noche de sus ojos.• Se le clavaron en el alma los cuchillos helados del desaliento.• «Allá abajo, a lo lejos, veíamos avanzar al rebaño en una gloria de polvo». b) Subráyense, en los siguientes párrafos, las frases hechas, las expresiones gastadas:

EJEMPLO: La presencia de los bailarines en el escenario fue acogida con gran simpatía por el público que ya, en otras actuaciones anteriores, pudo conocer la magistral ejecución, cuidadísima en todos sus detalles, que dan a la danza estos vigorosos muchachos.

  1. Los bailarines interpretaron primorosamente la inspirada composición del novel autor.2. La ceremonia fue grandiosa y la ejecución acabadísima.3. Merece los más sinceros plácemes la Comisión organizadora del atinado certamen.4. El culto profesor de Psicología ofreció al público una documentada conferencia.5. El bizarro militar defendió la fortaleza con su reconocido valor.6. El joven estaba inmerso en el cieno del pecado.7. Sus padres estaban sumergidos en hondo pesar.8. El negocio que hemos montado va viento en popa.9. La muchacha prorrumpió en amargo llanto.10. La luna derramaba su luz plateada sobre el paisaje.11. Permanecía sumido en las tinieblas de la ignorancia.12. No podía librarse de la tiranía de las pasiones.13. Cayó sobre él, implacable, la espada de la ley.14. Del país se apoderó la hidra de la anarquía.
    A continuación, y como complemento de todo lo dicho hasta ahora, reproducimos algunas de las ideas que sobre la metáfora, expuso un día García Lorca en su conferencia titulada: «La imagen poética en don Luis de Góngora»:

El lenguaje está hecho a base de imágenes, y nuestro pueblo tiene una riqueza magnífica de ellas. Llamar alero a la parte saliente del tejado, es una imagen magnífica; o llamar a un dulce tocino de cielo o suspiros de monja, otras muy graciosas… A un cauce profundo, que discurre lento por el campo lo llaman (en Andalucía) un buey de agua, para indicar su volumen, su acometividad y su fuerza; y yo he oído decir a un labrador de Granada: «a los mimbres les gusta estar siempre en la lengua del río». Un poeta tiene que ser profesor en los cinco sentido corporales. Los cinco sentidos corporales, en este orden: vista, tacto, oído, olfato y gusto. Para poder ser dueño de las más bellas imágenes, tiene que abrir puertas de comunicación en todos ellos. Ningún ciego de nacimiento puede ser un poeta plástico de imágenes objetivas, porque no tiene idea de las proporciones de la Naturaleza…Todas las imágenes se abren, pues, en el campo visual. El tacto enseña la calidad de sus materias líricas. Y las imágenes que construyen los demás sentidos están supeditadas a los dos primeros. La imagen es, pues, un cambio de trajes, fines u oficios entre objetos o ideas de la Naturaleza. Tiene sus planos y sus órbitas. La metáfora une dos mundos antagónicos por medio de un salto ecuestre que da la imaginación. El cinematográfico Jean Epstein dice que «es un teorema en el que se salta sin intermediario desde la hipótesis a la conclusión». Exactamente.

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