GONZALO MARTÍN VIVALDI
Figura de construcción interesante es la elipsis. Se dice que una frase es elíptica o incompleta cuando le falta alguno de sus elementos fundamentales, especialmente el verbo. Así, un bello paisaje, en vez de este paisaje es bello, Pero los filósofos del lenguaje -dice Wolfgang Kayser- «han hecho ver que no hay elipsis en el verdadero sentido de la palabra, pues no es preciso completar nada, ya que, en el fondo, nada se ha omitido. Las cosas se presentan más bien de tal forma que otras partes de la frase desempeñan la función de la parte que, en apariencia, falta». Es decir, que la elipsis lo sería sólo aparentemente. Así, por ejemplo, si escribo: «los hombres llegaron cansados, las mujeres, contentas». En esta última frase, la coma, después de mujeres, nos dice que falta gráficamente, pero no en el senado, el verbo declarativo llegaron.
Al referirnos a la frase como tal, ya hemos dicho que algunos tratadistas estiman que, mejor que hablar de elipsis, debe hablarse de construcción nominal, es decir de aquella construcción en que el elemento verbal se suprime a favor del nominal (sustantivos, adjetivos, y determinantes: artículos, demostrativos y posesivos).
Modernamente, por mayor brevedad, se tiende a la construcción nominal, aunque según Criado de Val, «son el francés y el inglés los idiomas occidentales, que más intensamente acusan esta preferencia, mientras el español y el alemán son los más resistentes a ella».
Dos razones da este autor para explicar la actual preferencia por la construcción nominal:
- La mayor brevedad y concisión de los giros nominales.• Su carácter más objetivo e impersonal. De ahí la preferencia por este tipo de construcción en el lenguaje periodístico, técnico y científico: se gana espacio y el autor puede quedar oculto.
Este predominio nominal se observa fundamentalmente en los títulos y sumarios de los trabajos periodísticos.
EJEMPLOS:
Sudáfrica, fuera de la Commonwealth.Calurosa simpatía para Willy Srandt en Washington.Hoy, entrenamiento de los preseleccionados.
En este afán de condensar telegráficamente se llega a romper, según Criado de Val, la propia estructura del idioma: Cupón PRO ciegos, venta Posbalance. «El esquema a que va siendo reducido el idioma…, puede degenerar en una pobreza irreparable -escribe el autor citado. El español se defiende mejor que otras lenguas, gracias a su indudable fuerza conservadora y a la estrecha fusión que en él existe entre el lenguaje hablado y popular y el escrito y literario, que se influyen y corrigen mutuamente».
No obstante, la construcción nominal llega ya hasta el estilo literario (Azorín es buena muestra de ello) y no es infrecuente leer trozos de prosa como el que sigue: «Pleno campo. Árboles, pajarillos y brisa. Aire sano, sonar de esquilas. Arroyos entre las peñas. Ovejas en un prado verde. El pastor: cayada al hombro, un cigarrillo entre los labios y la boina calada. Albarcas de goma…»
Construcción sin un verbo. Toques de color aislados, sueltos. Procedimiento parecido al de los pintores «puntillistas» que pintaban a base de pinceladas yuxtapuestas. Es un modo de hacer característico de nuestro tiempo, pero que, si se exagera, resulta terriblemente monótono.
El sistema nominal «puntillista» llega hasta la propia poesía. Y así, Antonio Machado escribe:
¡Chopos del camino blanco,álamos de la ribera;espuma de la montañaante la azul lejanía;sol del día, claro día!¡Hermosa tierra de España!
«En el fondo -comenta Wolfgang Kayser-, no se trata aquí de elipsis en el sentido de omisiones: si añadiésemos un verbo, falsificaríamos el sentido y la esencia de estos mundos poéticos. Aquí no hay, como base, hechos terminados que puedan reproducirse lingüísticamente por medio de sujetos, verbos, complementos; estos mundos son menos precisos».
En realidad, a nuestro juicio, en los ejemplos citados se trata de un plasticismo pictórico. La palabra -las frases nominales-actúan aquí como las pinceladas sobre el lienzo del pintor. La sintaxis desaparece, por así decirlo, del papel -en frase de Thibaudet-para pasar al espíritu del lector. Se escribe sin verbos -alma de la frase-y se deja al lector la tarea de concebir -sentirlo escrito como si tales verbos existieran gráficamente.


