ORESTES CABRERA DÍAZ
El uso de los signos de puntuación es necesario para comprender clara y exactamente el contenido de un escrito.
Aunque cada escritor puntúa a su manera, no obstante, hay reglas que nos enseñan a puntuar con relativo acierto al establecer preceptos invariables que nos permiten dar expresión exacta, a la vez que variada, a nuestros estados de conciencia.
La coma, el punto y coma, los dos puntos, el punto final, los puntos suspensivos, el paréntesis, la raya, la rayuela, etc., indican las pausas más menos prolongadas que hay necesidad de hacer en la lectura. Otros signos señalan el tono y al mismo tiempo advierten algo que el que escribe desea hacer conocer al que lee.
Uso de la coma
De todos los grafismos lineales y puntiformes con los cuales nos empeñamos en señalar las relaciones lógicas de nuestras proposiciones, es la coma el rasgo que nos da más motivos para cometer errores. El desenvolvimiento de un texto, a menudo tributario de una sola coma, oscila de la afirmación a la negación, siguiendo los lugares de ubicación que asignemos a esos menudos signos auxiliares de la escritura.
Sus variadas aplicaciones exigen un estudio mucho más detenido que los demás signos, entre otras razones, por la liberal construcción española, que lícitas unas veces, vedadas en otras, hace que recurramos con frecuencia a ese signo para no malograr el sentido o la claridad de las expresiones.
Su desacertada colocación ha originado equívocos risueños, famosos y hasta trascendentales a veces, que han merecido los honores de la crónica y hasta de la crítica autorizada. Comúnmente se le llama a la coma signo de pausa, y sólo se le concede el modesto papel de separar expresiones o palabras para que no se mezclen entre sí, o, el de simple intervalo, respiratorio. Sin embargo, no es tan modesto su papel, pues la confusión que introduciría su ausencia, haría ininteligibles las ideas escritas, lo mismo que su colocación originaría equívocos y confusiones, desvirtuando la claridad de lo que se quiere decir.
Los ejemplos que ofrecemos a continuación aclararán mejor estos conceptos que la propia teoría:
La abadesa, dijo la monja, es la sirvienta del Señor.
Si cambiamos la ubicación de las comas, varía por completo el sentido de la frase:
La abadesa dijo, la monja es la sirvienta del Señor,
Otro ejemplo:
Todos sus súbditos, sumisos y tímidos, uniéronse a su causa.
En esta forma resulta que todos sus súbditos son sumisos y tímidos, y desde luego, que todos ellos se unieron a su causa. Pero si sacamos una de la^ comas, la primera, resulta que solamente los tímidos y los sumisos se unieron a su causa, y no así los demás.
El señor X, al levantarse de su banca, fue aplaudido por la concurrencia que se puso en pie.
Evidentemente el señor X fue aplaudido por todos; pero la omisión de la coma delante de que da a entender que sólo la concurrencia que se puso en pie lo aplaudió.
Y otros afirman que la guitarra procede de la cítara de origen asirio.
Según este párrafo, la cítara tiene, además, otros orígenes; una coma después de cítara, denotaría, en cambio, que esta no tiene otro origen.
En el primer ejemplo, o sea, en el del señor X, la supresión de la coma enerva la generalización, al paso que en el segundo la fortifica.
Los soldados cubiertos de lodo exhalaban un vaho penetrante.
Es decir, el vaho lo exhalaban únicamente los soldados cubiertos de lodo; pero si entrecomáramos estas tres últimas palabras, la acción se generalizaría.
(…)
En determinadas construcciones (y esto es muy importante para los redactores) la presencia de la coma confiere a las personas (lo mismo que hemos visto de las cosas) exclusividad en el cargo, parentesco, etc. La corta pausa que hacemos entre el cargo y el título profesional, o el de cortesía, seguido del nombre, es suficiente para determinar la singularidad a que aludimos, como puede comprobarse con estos ejemplos:
Estuvieron presentes en el acto el embajador de Colombia, Señor X; su secretario, Doctor X; el canciller Señor X y el agregado a esa embajada. Coronel X.
Tras las enumeraciones suele ponerse coma:
El azúcar; el tabaco y la ganadería, constituyen nuestra mayor riqueza.
Pero puede prescindirse de ella, como en todos los casos, cuando no afecte el significado:
Las desgracias, las desventuras, las injusticias, los reveses que le sobrevivieron fueron sinnúmeros.
Después de reveses no hace falta la coma porque la oración final se refiere a toda la enumeración precedente.
Otras confusiones respecto de la coma:
Otra de las cuestiones que han llevado mucha confusión en el uso de la coma es el concepto de pausa. Algunos hacen pausa de la manera más arbitraria y hasta absurda. Por ejemplo, hay quienes ponen comas sistemáticamente entre sujeto y verbo, y escriben:
Juan, acaba de entrar en el salón.Pedro el Ermitaño, predice las Cruzadas.El sereno de esta demarcación, tiene el honor de saludarle.
Este es el mayor de los dislates porque se interrumpe la oración en el lugar más inadecuado, o sea, cuando se va a expresar la acción que realiza o ha realizado el sujeto.
En el primer ejemplo el sujeto es simple: Juan, y en los otros, compuesto: Pedro el Ermitaño, el sereno de esta demarcación.
Por consiguiente, por largo que sea el sujeto de la oración, no hay que poner coma entre él y el verbo; en cambio, es imprescindible la coma que se pone después del vocativo, o sea, cuando se invoca a alguien o algo, cuando se le llama, cuando se recurre a una persona o una cosa, nombrándola:
Luis, entra en seguida.Pilar, no sueltos los perros.Francisco, sal de tu cuarto.
La diferencia de estas oraciones y las del párrafo anterior está, aparte de que se invoca a la persona o a la cosa, en que el verbo de las primeras expresa una acción que se realiza o que se ha realizado, mientras que el verbo de las segundas está en imperativo y la acción puede realizarse o no.
También desde el punto de vista de evitar equívocos, la coma después del vocativo está justificada, como se ve en esta oración:
Luis, entra en seguida.
Esta oración sin la coma tendría un sentido bien diferente.
El vocativo también se pone al final de la oración y no menos debe separarse con una coma:
No le digas más, Pedro.
Esta oración cambia totalmente el sentido sin la coma, como cambiarían las siguientes:
¡Anda Pedro!¡Qué madrugador está Juan!
Analicemos igualmente esta oración sobre una subordinada explicativa:
La chica, conmovida, le acarició el cabello.
De acuerdo con esta oración, debe entenderse que de varias chicas, la que estaba conmovida, le acarició el cabello; pero como quiere decirse que lo hizo una chica determinada al sentirse conmovida, pondremos este participio entre comas y tendremos una subordinada explicativa, es decir, explicamos que fue al sentirse conmovida cuando la chica le acarició el cabello.
Tenemos, pues, adjetivos y participios (el participio es la forma adjetiva del verbo) que son explicativos y otros que son determinativos. Los primeros hay que ponerles comas (una sola si está al final de la oración), no así los segundos.
Ejemplos de adjetivo explicativo:
¡Quisiera tantas cosas! -exclamó Juan, entusiasmado.¡No iré nunca más! -dijo el chico, pensativo.
Ejemplos de adjetivo determinativo:
El muchacho flaco se echó sobre la paja.El caballo bayo se encabritó.
Las subordinadas explicativas no las constituyen sólo adjetivos o locuciones adjetivas, sino frases enteras, que han de separarse con comas:
Alicia, solía leer la revista, en la que su marido publicaba trabajos técnicos.La doncella de la señora, que está ahí fuera, desea hablar con usted.
Sin las comas, la subordinada explicativa que está ahí fuera, se convertiría en subordinada explicativa del sustantivo señora, que sería la que estaría Fuera.
Las frases que constituyen una determinación circunstancial de lugar, de tiempo o de manera, y preceden inmediatamente al verbo, no deben separarse de este con una coma:
Desde Bilbao se fue a Londres.Ahora se utiliza la grúa mayor.
Cuando una frase de dos o tres palabras que no contenga verbo se antepone al sujeto (o al verbo de la oración principal, si no hay sujeto expreso), puede separarse o no, por medio de la coma.
Para mi gusto, lo más interesante de-la exposición es este cuadro.En estas tierras el sol de mediodía crea una soledad mucho más medrosa que la de la noche profunda.
Si el elemento que antecede al sujeto consta de cuatro palabras o más, se separa de este por medio de una coma:
En las manos potentes de Calder, el hierro se hace materia dócil, ingrávida, sin peso.Dentro del orbe artístico, música y pintura se alzaban a larga distancia detrás de la poesía…
Siempre que el elemento antepuesto contenga verbo (aunque conste de sólo dos palabras), se separa del sujeto por una coma:
Hecho esto, se sintió profundamente humillada.Puesto en el patio, el reloj de sol se había convertido en reloj de luna.
La coma ante pero, más, pues, porque, etcétera:
Ya sabemos que no suele faltar la coma antes de pero, mas, pues, porque, sino, etc., haga o no falta; la dejamos caer mecánicamente.
Sería ocioso tratar de concretar con ejemplos esta aplicación de nuestro signo, cuya importancia aquí es, además, muy relativa.
En cambio, la coma precediendo a la conjunción y ofrece particularidades que merecen ser consideradas y sumadas a algunas que hemos visto ya.
Hay quienes no la usan en este caso, porque arguyen que la y es un nexo que la suple siempre. No obstante, la coma es necesaria cada vez que van abriéndose nuevas oraciones independientes unas de otras, entre las cuales la y no hace sino subordinarlas a la oración principal; pero como cada una de ellas es autónoma, la coma las separa:
Larrea puso su tesón, Brown su ingenio, y una escuadra de barcos quedó formada.Arribó ayer a nuestro puerto el Imías y el Jigüe puso proa rumbo al Atlántico.Reglas gramaticales de la comaSe usa la coma para enlazar dos o más partes de la oración consecutivas y de una misma clase:¡Juan es un hombre sabio, cortés, prudente!Beber, comer, dormir, son necesidades del hombre.
Cuando en una oración se inserta como de paso otra que aclara o amplía lo que se está diciendo, esta última, que suspende momentáneamente el relato principal, se encierra también entre comas:
Trabajo y recreo, combinados, producen bienestar.Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar, que era un hombre docto, graduado en Sigüenza. sobre cuál había sido mejor caballero. (Cervantes)
Resumiendo la regla anterior, debe decirse que precisa encerrar entre comas toda expresión semejante a un paréntesis:
Si en un momento dado quedara suprimida la presión atmosférica, lo que es absolutamente imposible, el mundo se desharía.Cuando el diario sale tarde, es decir, después de las ocho, pierde lectores.
Cuando una oración se interrumpe para citar o indicar el sujeto o la obra de donde se ha tomado, la cita o indicación se encierra entre comas.
Contra cuerdos y contra locos, se lee en El Quijote, está obligado cualquier caballero andante a volver por la honra de las mujeres, cualesquiera que sean.
Se usa igualmente la coma para dividir los diversos miembros de una cláusula, vayan precedidos de conjunciones o no.
Al apuntar el alba cantan las aves y el campo se alegra, y el ambiente cobra movimiento y frescura.
El nombre o tratamiento que se da a una persona lleva coma detrás de sí, cuando está al principio de lo que se dice, y en otros casos la lleva antes o después.
Juan, óyeme, te ruego, Juan, que oigas lo que te digo.Te suplico, Luisa, que no reveles a nadie el secreto.Crea usted, amigo, que siento mucho lo ocurrido el domingo.
Van igualmente precedidas y seguidas de coma las expresiones: esto es, es decir, de manera, en fin, por último, por consiguiente, y otras parecidas.
Punto y coma
Este signo participa de la función de la coma, y en no pocos casos de la del punto también. Su uso es muy convencional; menos que el de la coma, pero tanto como puede serlo el carácter de signo mixto que ha adoptado hoy en nuestras letras. Hasta poco después de comienzos del siglo se hacía de él un uso correcto, pero el actual estilo cortado, nervioso, sincopado, va cediendo el cetro al punto.
Lo usamos, comúnmente, para separar en los períodos más o menos extensos, unos párrafos de otros, en los cuales hay una o más comas, o ninguna, a veces, y siempre que las ideas que se suceden estén de tal manera subordinadas a la principal que no podamos separarlas con el punto. Como esta subordinación o dependencia la vemos y consideramos cada uno de nuestra manera, o no la vemos, de ahí que optemos por cualquiera de los tres signos dichos. Corroboran esto muchos ejemplos citados, y algunos que van aquí con la autoridad que les confieren sus autores y que hemos escogido de una obra de José M. Rafols:
Al que has de castigar con obra, no trates mal con palabras; pues le basta al desdichado la pena del suplicio.Sí; la montaña tiene un alma sensible difundida entre sus infinitos accidentes; ella da rumor cadencioso a los árboles; vibración sonora a las aristas agudas de las cimas; resonancia de acorde sagrado al viento.
En realidad, si observamos bien el párrafo, las más de las veces este signo suple a la coma porque ya está saturada; o bien porque a la sucesión de párrafos, extensos o no, estrechamente subordinados a la idea principal, no les basta la coma para separarlos, y el punto los separaría de más.
Aparte de esos casos particulares y convencionales, podríamos decir que este es el signo de las enumeraciones más complejas y elaboradas, en las que la coma ha satisfecho su función, o rara vez, no le ha cabido papel alguno.
Regla gramatical
El punto y coma (;) denota una pausa algo más prolongada que la que indica la coma. Cuando en un período de alguna extensión se encuentra alguna de las conjunciones adversativas, mas, pero, aunque, sino, sin embargo, se le hará preceder de punto y coma.
Veamos estos párrafos:
Las cartas comerciales deben ser breves, claras y concisamente redactadas; pero las que se dirijan a los amigos, o la familia, deben ser tan extensas como se quiera.El tomador de una letra de cambio es la persona que debe cobrar el documento; sin embargo, esta puede endosarlo a otra. (Cuando la cláusula es corta basta una coma antes de la conjunción.)
Cuando las partes integrantes de un período constan de más de una oración, por b que llevan ya alguna coma, deben separarse con un punto y coma;
Recorrimos una infinidad de calles desiertas y sumidas en la oscuridad: escudriñamos los hoyos de los árboles, las calzadas y las aceras; revolvimos un montón de basuras del que huyeron unos gatos negros.
Cuando una oración sigue precedida de una conjunción, otra que no tiene perfecto enlace con la anterior; se pone punto y coma al final de la primera:
Aquí dio fin Cardento a su larga plática y tan desdichada como amorosa historia; y al tiempo que el cura se prevenía para decirle algunas razones de consuelo; le suspendió una voz que llegó a sus oídos. (Cervantes)
Dos puntos
Las aplicaciones de los dos puntos (:) son interesantes. Fuera de los usos comunes, usamos este signo para explicar, ampliar, completar una proposición que truncamos de pronto, sirviéndonos los dos puntos de enlace con la siguiente, pues en realidad suplen un nexo callado; sin ellos el conjunto carecería por lo regular de sentido. Hay quienes utilizan la coma con el mismo oficio y viceversa, pero estas permutas no son siempre valederas en los casos a que aludimos:
Es un tubo al vacío que envía impulsos electromagnéticos a la velocidad de la luz, trescientos mil kilómetros por segundo.Cuizot interpretó la historia de Francia como perpetua colisión entre dos clases: nobleza y burguesía.
La coma de la primera cita podría remplazarse con los dos puntos y a la inversa en el segundo ejemplo.
Hay autores que abusan de este signo por lo cómodo que resulta para la concisión y el enlace rápido de ciertas construcciones; pero usado moderadamente el efecto expresivo y vigorizador que se persigue es más eficaz.
Regla gramatical
Los dos puntos a los que sigue siempre una aclaración, denotan una pausa casi completa. Se ponen igualmente los dos puntos después de los saludos con que principian las cartas:
Muy Señor mío:Obra en mi poder su carta del día…Querido amigo:He recibido con verdadera alegría…
Cuando se citan palabras textuales deben ponerse los dos puntos antes del primer vocablo de la cita:
Refiriéndose a la «h «, dice la Academia que se escriben con esta letra: las voces que en nuestro idioma se pronuncian principiando por los sonidos ide, iper, ipo y los diptongos ie y uo.
También se pondrán los dos puntos después de las frases: como sigue, a saber, por ejemplo, y otras parecidas.
La poesía comprende tres géneros fundamentales: el épico, el lírico, y el dramático.
Cuando se sienta una proposición general y enseguida se comprueba y explica con otras oraciones, se las separa de estas por medio de los dos puntos:
Debemos tener siempre orden en todo: en nuestros gastos y ejercicios, en nuestras inversiones y quehaceres, y en nuestra ropa y muebles.
Punto final
El punto final es como un apoyo en el camino de las ideas -dice Rafols-y su acertado uso da al discurso la belleza y armonía de las facetas de una gema bien tallada.
Puede escatimarse su uso, buscando nexos que lo suplan, como hacían los prosistas de otros tiempos, tan sobrios en el punto como galanos y audaces en los extensos períodos. Hoy, por lo contrario, hay marcada tendencia a utilizarlo con exagerada largueza, al extremo de que en muchos estilos el punto devora no sólo al punto y coma, sino también a la coma. Prosistas admirables y ejemplares son hoy también galanos a través de ese estilo cortado; pero otros que no son prosistas, ni galanos -agrega el autor-remedan los formularios telegráficos, o nos hacen víctimas de ese «simultaneísmo vargasviliano» que convierte la prosa en hipo.
El Punto en las frases
La elección del período corto o largo plantea interesantes problemas de redacción. Un texto compuesto exclusivamente a base de frases largas -dice Martín Vivaldi-suele resultar oscuro, embrollado; por el contrario, una serie ininterrumpida de frases cortas, enlazadas por puntos, es causa de monotonía. Por consiguiente conviene alternar las frases cortas con las largas para que lo escrito resulte variado, armonioso:
El conductor se caló la gorra. Encendió las luces de carretera. Dio a la llave de contacto. Metió la primera. Desembragó suavemente. Pisó a fondo el acelerador. El coche salió disparado.
Veamos esta otra forma más elegante donde las frases se alargan y cambia la puntuación.
El conductor se caló la gorra y encendió las luces de carretera. Dio a la llave de contacto; metió la primera, desembragó suavemente y pisó a fondo el acelerador. El coche salió disparado.
En ese ejemplo se ha transformado la monotonía, engendrada por el abuso del punto en la frase corta, en un párrafo más armonioso, en el que se combinan la frase corta y la larga.
Punto y aparte
El punto y aparte ha llegado a ser una cuestión de forma, de modalidad, de efecto y hasta de cálculo tipográfico; pero puede ser lo que debe ser un cambio de escena de las ideas, transición de los aspectos de un tema. Sin embargo, los períodos bien divididos facilitan la comprensión de la lectura y proporcionan un reposo necesario para la atención.
Puntos suspensivos
El punto suspensivo tiene poca aplicación y su uso no requiere de mayores explicaciones. Se usa para dar a entender que queda en suspenso el sentido de una frase.
Es verdad lo que dices, pero-Ese maldito vicio de interrumpir…
El abuso de esos puntos -según Vivaldi-es propio del escritor incipiente, porque con dichos signos se traslada al lector el trabajo de completar la frase o el pensamiento que estamos escribiendo. Es un modo gráfico de expresar lo que no debe verse: las pausas, las dudas, la inseguridad, en suma, de nuestro propio pensamiento al escribir.
No obstante, el mismo autor recomienda que los puntos suspensivos se utilicen siempre que, precisamente, sea esa impresión de duda o inseguridad la que deba darse al lector; por ejemplo, en el diálogo: Aquí, normalmente, los puntos suspensivos deben usarse cuando queremos indicar con ellos las pausas que está haciendo el que habla, sus vacilaciones, sus dudas:
Sí. lo respeto mucho, pero…
Otras veces se ponen los puntos suspensivos en lugar del etcétera:
Numerosos son los caudillos de la Historia: César, Felipe II. Napoleón, Bismarck…
También cuando se hace una pausa al ir a expresar temor, duda o algo sorprendente.
No me decidía a estrechar la mano de un… asesino.
Paréntesis
Actualmente, al paréntesis le ha salido un rival formidable en el guión largo o rayuela, que no sólo desempeña la mayor parte de los oficios asignados antiguamente al paréntesis, sino que, además; se usa a veces simplemente para dar énfasis a un elemento que, en realidad, no interrumpe en modo alguno al sentido de la oración principal. No obstante, el paréntesis se usa todavía para segregar los mismos elementos que hemos visto entre rayuelas.
En otras palabras: se encierra entre paréntesis la oración incidental aclaratoria, ya sea breve o larga, que, interrumpiendo el sentido y giro de lo expuesto, tiene alguna conexión con lo que se va diciendo. Veamos este párrafo de Cadalso:
Para hacer más amena en lo que quepa, la erudición morteral, cañonal y culebrinal (ved ahí tres voces nuevas que me debe la lengua castellana), notaréis que tienen tanta hermandad las ciencias entre sí.
Comillas
Las comillas se usan en las citas, transcripciones, títulos de publicaciones y libros, voces y giros exóticos. Aunque su utilización se va restringiendo, todavía las vemos encerrando nombres de embarcaciones, fábricas, instituciones, localidades, trofeos, etc., seguramente para impedir confusiones. Usanse también para destacar palabras, en vez de los tipos negritas o cursivas (bastardillas), que no siempre resultan cómodos para el tipógrafo.
Sin embargo, esas voces prescinden por lo general del signo si van con inicial mayúscula, pues con ella ya adquieren significado propio, como sería el caso de embarcaciones, fábricas, instituciones, etcétera.
Hasta hace algunos años, las transcripciones extensas, como conferencias, discursos, pasajes de obras, y otros, empezaban con comillas de apertura, que se cerraban, o no, en cada párrafo aparte, para cambiarse por las comillas de clausura al comienzo del siguiente, y así hasta el cierre final. Hoy sólo van abriéndose los párrafos apartes, dejándose las comillas de clausura para el final de la transcripción. Si hay citas intercaladas, se suele abrir comillas en cada línea -o a gusto del autor-y se cierran cuando aquellas terminan. Pero en las transcripciones extensas, frecuentemente se reduce hoy el cuerpo y se prescinde de las comillas -salvo las de intercalaciones-como podemos comprobarlo a diario, en que los discursos y las conferencias ocupan vastos espacios de los rotativos.
Otros usos:
Las comillas se pueden utilizar cuando se quiere dar cierto, énfasis a una palabra, o simplemente un sentido irónico.
Este muchacho tan «inteligente» es el más «estudioso» del aula.
Suele utilizarse también este signo ortográfico cuando se escribe una palabra nueva (neologismo o barbarismo) o algún vocablo poco conocido, como el caso de una palabra propia de determinada especialidad profesional:
Las cabinas «presurizadas» son indispensables para los vuelos de gran altura.
El peligro del uso de este signo está en el abuso que del mismo hacen algunos escritores. Hay quienes entrecomillan las palabras creyendo que así la frase resulta más intencionada o más «graciosa». El resultado suele ser antiestético y hasta contraproducente.
Cuando se abusa de las comillas el signo pierde fuerza y acaba por ser prácticamente insignificante.



