03/11/19

La elipsis y la construcción nominal

GONZALO MARTÍN VIVALDI

            Figura de construcción interesante es la elipsis. Se dice que una frase es elíptica o incompleta cuando le falta alguno de sus elementos fundamentales, especialmente el verbo. Así, un bello paisaje, en vez de este paisaje es bello, Pero los filósofos del lenguaje -dice Wolfgang Kayser- «han hecho ver que no hay elipsis en el verdadero sentido de la palabra, pues no es preciso completar nada, ya que, en el fondo, nada se ha omitido. Las cosas se presentan más bien de tal forma que otras partes de la frase desempeñan la función de la parte que, en apariencia, falta». Es decir, que la elipsis lo sería sólo aparentemente. Así, por ejemplo, si escribo: «los hombres llegaron cansados, las mujeres, contentas». En esta última frase, la coma, después de mujeres, nos dice que falta gráficamente, pero no en el senado, el verbo declarativo llegaron.

Al referirnos a la frase como tal, ya hemos dicho que algunos tratadistas estiman que, mejor que hablar de elipsis, debe hablarse de construcción nominal, es decir de aquella construcción en que el elemento verbal se suprime a favor del nominal (sustantivos, adjetivos, y determinantes: artículos, demostrativos y posesivos).

Modernamente, por mayor brevedad, se tiende a la construcción nominal, aunque según Criado de Val, «son el francés y el inglés los idiomas occidentales, que más intensamente acusan esta preferencia, mientras el español y el alemán son los más resistentes a ella».

Dos razones da este autor para explicar la actual preferencia por la construcción nominal:

  • La mayor brevedad y concisión de los giros nominales.• Su carácter más objetivo e impersonal. De ahí la preferencia por este tipo de construcción en el lenguaje periodístico, técnico y científico: se gana espacio y el autor puede quedar oculto.

Este predominio nominal se observa fundamentalmente en los títulos y sumarios de los trabajos periodísticos.

EJEMPLOS:

Sudáfrica, fuera de la Commonwealth.Calurosa simpatía para Willy Srandt en Washington.Hoy, entrenamiento de los preseleccionados.
En este afán de condensar telegráficamente se llega a romper, según Criado de Val, la propia estructura del idioma: Cupón PRO ciegos, venta Posbalance. «El esquema a que va siendo reducido el idioma…, puede degenerar en una pobreza irreparable -escribe el autor citado. El español se defiende mejor que otras lenguas, gracias a su indudable fuerza conservadora y a la estrecha fusión que en él existe entre el lenguaje hablado y popular y el escrito y literario, que se influyen y corrigen mutuamente».

No obstante, la construcción nominal llega ya hasta el estilo literario (Azorín es buena muestra de ello) y no es infrecuente leer trozos de prosa como el que sigue: «Pleno campo. Árboles, pajarillos y brisa. Aire sano, sonar de esquilas. Arroyos entre las peñas. Ovejas en un prado verde. El pastor: cayada al hombro, un cigarrillo entre los labios y la boina calada. Albarcas de goma…»

Construcción sin un verbo. Toques de color aislados, sueltos. Procedimiento parecido al de los pintores «puntillistas» que pintaban a base de pinceladas yuxtapuestas. Es un modo de hacer característico de nuestro tiempo, pero que, si se exagera, resulta terriblemente monótono.

El sistema nominal «puntillista» llega hasta la propia poesía. Y así, Antonio Machado escribe:

¡Chopos del camino blanco,álamos de la ribera;espuma de la montañaante la azul lejanía;sol del día, claro día!¡Hermosa tierra de España!
«En el fondo -comenta Wolfgang Kayser-, no se trata aquí de elipsis en el sentido de omisiones: si añadiésemos un verbo, falsificaríamos el sentido y la esencia de estos mundos poéticos. Aquí no hay, como base, hechos terminados que puedan reproducirse lingüísticamente por medio de sujetos, verbos, complementos; estos mundos son menos precisos».

En realidad, a nuestro juicio, en los ejemplos citados se trata de un plasticismo pictórico. La palabra -las frases nominales-actúan aquí como las pinceladas sobre el lienzo del pintor. La sintaxis desaparece, por así decirlo, del papel -en frase de Thibaudet-para pasar al espíritu del lector. Se escribe sin verbos -alma de la frase-y se deja al lector la tarea de concebir -sentirlo escrito como si tales verbos existieran gráficamente.

03/11/19

Naturalidad y estilo

GONZALO MARTÍN VIVALDI

            He aquí, finalmente, una serie de principios y consejos prácticos de redacción y estilo. Se trata de una recopilación esquemática de las ideas expuestas en este Curso de Redacción; una especie de “resumen de urgencia» que nos servirá para recordar, en poco tiempo, lo fundamental de la doctrina estudiada.

Exponemos a continuación el armazón, el esqueleto ideológico-práctico de lo estudiado hasta aquí.

«La regla del buen estilo científico es la claridad, la perfecta adaptación al asunto, el completo olvido de sí mismo, la abnegación absoluta. Es también la regla para escribir bien sobre cualquier materia.» (Renán)»Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento.» (Voltaire)»A menos de ser un genio, lo mejor es procurar hacerse inteligible.» (Anthony Hope)»No sacar de la luz humo, sino del humo luz.» (Horacio.) «El estilo, como las uñas, es más fácil tenerlo brillante que limpio.» (Eugenio D’Ors)»El hombre poco claro no puede hacerse ilusiones: o se engaña a sí mismo, o trate de engañar a los demás.» (Stendhal)»El que habla con claridad, tiene el espíritu claro.» (San Bernardino de Siena)

  1. Las palabras son los utensilios, las herramientas del escritor. Y como en todo oficio o profesión es imprescindible el conocimiento -el manejo— de los utensilios de trabajo, así en el arte de escribir. Nuestra base, pues, es el conocimiento del vocabulario. El empleo de la palabra exacta, propia, y adecuada, es una de las reglas fundamentales del estilo. Como el pintor, por ejemplo, debe conocer los colores, así el: escritor ha de conocer los vocablos.
  2. Un buen diccionario no debe faltar nunca en la mesa de trabajo del escritor. Se recomienda el uso de un Diccionario etimológico y de sinónimos.
  3. Siempre que sea posible, antes de escribir, hágase un esquema previo, un borrador.
  4. Conviene leer asiduamente a los buenos escritores. El estilo, como la música, también «se pega». Los grandes maestros de la literatura nos ayudarán eficazmente en la tarea de escribir.
  5. «Es preciso escribir con la convicción de que sólo hay dos palabras en el idioma: EL VERBO Y EL SUSTANTIVO. Pongámonos en guardia contra las otras palabras.» (Veulliot) Quiere decir esto que no abusemos de las restantes partes de la oración.
  6. Conviene evitar los verbos «fáciles» (hacer, poner, decir, etc.), y los «vocablos muletillas» (cosa, especie, algo, etcétera).
  7. Procúrese que el empleo de los adjetivos sea lo más exacto posible. Sobre todo no abuse de ellos: «si un sustantivo necesita un adjetivo, no lo carguemos con dos.» (Azorín) Evítese, pues, la duplicidad de adjetivos cuando sea innecesaria.
  8. No pondere demasiado. Los hechos narrados limpiamente convencen más que los elogios y ponderaciones.
  9. Lo que el adjetivo es al sustantivo, es el adverbio al verbo. Por tanto: no abuse tampoco de los adverbios, sobre todo de los terminados en «mente», ni de las locuciones adverbiales (en efecto, por otra parte, además, en realidad, en definitiva).
  10. Coloque los adverbios cerca del verbo a que se refieren. Resultará así más clara la exposición.
  11. Evítense las preposiciones «en cascada». La acumulación de preposiciones produce mal sonido (asonancias duras) y compromete la elegancia del estilo.
  12. No abuse de las conjunciones «parasitarias»: «que», «pero», «aunque», «sin embargo», y otras por el estilo que alargan o entorpecen el ritmo de la frase.
  13. No abuse de los pronombres. Y, sobre todo, tenga sumo cuidado con el empleo del posesivo «su» -pesadilla de la frase-que es causa de anfibología (doble sentido).
  14. No tergiverse los oficios del gerundio. Recuerde siempre su carácter de oración adverbial subordinada (de modo). Y, en la duda… sustitúyalo por otra forma verbal.
  15. Recuerde siempre el peligro «laísta» y «loísta» y evite el contagio de este vicio «tan madrileño».
  16. Tenga muy en cuenta que «la puntuación es la respiración de la frase». No hay reglas absolutas de puntuación; pero no olvide que una frase mal puntuada no queda nunca clara.
  17. No emplee vocablos rebuscados. Entre el vocablo de origen popular y el culto, prefiera siempre aquél. Evítese también el excesivo tecnicismo y aclárese el significado de las voces técnicas cuando no sean de uso común.
  18. Cuidado con los barbarismos y solecismos. En cuanto al neologismo, conviene tener criterio abierto, amplio. No se olvide que el idioma está en continua formación y que el purismo a ultranza -conservadurismo lingüístico-va en contra del normal desarrollo del idioma. «Remudar vocablos es limpieza.» (Quevedo)
  19. No olvide que el idioma español tiene preferencia por la voz activa. La pasiva se impone: por ser desconocido el agente activo, porque hay cierto interés en ocultarlo o porque nos es indiferente.
  20. No abuse de los incisos y paréntesis. Ajústelos y procure que no sean excesivamente amplios.
  21. No abuse de las oraciones de relativo y procure no alejar el pronombre relativo «que» de su antecedente.
  22. Evite las ideas y palabras superfluas. Tache todo lo que no esté relacionado con la idea fundamental de la frase o período.
  23. Evite las repeticiones excesivas y malsonantes; pero tenga en cuenta que, a veces, es preferible la repetición al sinónimo rebuscado. Repetir es legítimo cuando se quiere fijar la atención sobre una idea y siempre que no suene mal al oído.
  24. Si, para evitar la repetición, emplea sinónimos, procure que no sean muy raros. Ahorre al lector el trabajo de recurrir al diccionario.
  25. La construcción de la frase española no está sometida a reglas fijas. No obstante, conviene tener en cuenta el orden sintáctico (sujeto, verbo, complemento) y el orden lógico.
  26. Como norma general, no envíe nunca el verbo al final de la frase (construcción alemana).
  27. El orden lógico exige que las ideas se coloquen según el orden del pensamiento. Destáquese siempre la idea principal.
  28. Para la debida cohesión entre las oraciones, procure ligar la idea inicial de una frase a la idea final de la frase anterior.
  29. La construcción armoniosa exige evitar las repeticiones malsonantes, la cacofonía (mal sonido), la monotonía (efecto de la pobreza de vocabulario) y las asonancias y consonancias.
  30. Ni la monótona sucesión de frases cortas ininterrumpidas (el abuso del «punto y seguido»), ni la vaguedad del período ampuloso. Conjúguense las frases cortas y largas según lo exija el sentido del párrafo la musicalidad del período.
  31. Evítense las transiciones bruscas entre distintos párrafos. Procure «fundir» con habilidad para que no se noten dichas transiciones.
  32. Procure mantener un nivel (su nivel). No se eleve demasiado para después caer vertiginosamente. Evite, pues, los «baches».
  33. Recuerde siempre que el estilo directo tiene más fuerza -es más gráfico-que el indirecto.
  34. No se olvide que el lenguaje es un medio de comunicación y que las cualidades fundamentales del estilo son: la claridad, la concisión, la sencillez, la naturalidad y la originalidad.
  35. La originalidad del estilo radica, de modo casi exclusivo, en la sinceridad.
  36. Pero no sea superficial, ni excesivamente lacónico, ni plebeyo, ni «tremendista», vicios estos que se oponen a las virtudes antes enunciadas.
  37. Además del estilo, hay que tener en cuenta el tono, que es el estilo adaptado al tema.
  38. Huya de las frases hechas y lugares comunes (tópicos). Y no olvide que la metáfora sólo vale cuando añade fuerza expresiva y precisión a lo que se escribe.
  39. Huya de la sugestión sonora de las palabras. «Cuando se permite el predominio de la sugestión musical empieza la decadencia del estilo» (Middleton Murry). La cualidad esencial de lo bien escrito es la precisión.
  40. Piense despacio y podrá escribir deprisa. No tome lpluma hasta que no vea el tema con toda claridad.
  41. Relea siempre lo escrito como si fuera de otro. Y no dude nunca en tachar lo que considere superfluo. Si puede, relea en voz alta: descubrirá así defectos de estilo y tono que escaparon a la lectura exclusivamente visual.

42. Finalmente, que, la excesiva autocrítica no esterilice la jugosidad, la espontaneidad, la personalidad, en suma, del propio estilo. Olvide, en lo posible, todas las reglas estudiadas, al escribir. Acuda a ellas sólo en los momentos de duda. Recuerde siempre que escribir es pensar y que no debe constreñirse al pensamiento, encerrándolo en la cárcel del leguleyismo gramatical o lingüístico.

03/11/19

Resumen de las reglas prácticas de redacción y estilo

GONZALO MARTÍN VIVALDI.17

He aquí, finalmente, una serie de principios y consejos prácticos de redacción y estilo. Se trata de una recopilación esquemática de las ideas expuestas en este Curso de Redacción; una especie de “resumen de urgencia» que nos servirá para recordar, en poco tiempo, lo fundamental de la doctrina estudiada.

Exponemos a continuación el armazón, el esqueleto ideológico-práctico de lo estudiado hasta aquí.

«La regla del buen estilo científico es la claridad, la perfecta adaptación al asunto, el completo olvido de sí mismo, la abnegación absoluta. Es también la regla para escribir bien sobre cualquier materia.» (Renán)»Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento.» (Voltaire)»A menos de ser un genio, lo mejor es procurar hacerse inteligible.» (Anthony Hope)»No sacar de la luz humo, sino del humo luz.» (Horacio.) «El estilo, como las uñas, es más fácil tenerlo brillante que limpio.» (Eugenio D’Ors)»El hombre poco claro no puede hacerse ilusiones: o se engaña a sí mismo, o trate de engañar a los demás.» (Stendhal)»El que habla con claridad, tiene el espíritu claro.» (San Bernardino de Siena)

  1. Las palabras son los utensilios, las herramientas del escritor. Y como en todo oficio o profesión es imprescindible el conocimiento -el manejo— de los utensilios de trabajo, así en el arte de escribir. Nuestra base, pues, es el conocimiento del vocabulario. El empleo de la palabra exacta, propia, y adecuada, es una de las reglas fundamentales del estilo. Como el pintor, por ejemplo, debe conocer los colores, así el: escritor ha de conocer los vocablos.
  2. Un buen diccionario no debe faltar nunca en la mesa de trabajo del escritor. Se recomienda el uso de un Diccionario etimológico y de sinónimos.
  3. Siempre que sea posible, antes de escribir, hágase un esquema previo, un borrador.
  4. Conviene leer asiduamente a los buenos escritores. El estilo, como la música, también «se pega». Los grandes maestros de la literatura nos ayudarán eficazmente en la tarea de escribir.
  5. «Es preciso escribir con la convicción de que sólo hay dos palabras en el idioma: EL VERBO Y EL SUSTANTIVO. Pongámonos en guardia contra las otras palabras.» (Veulliot) Quiere decir esto que no abusemos de las restantes partes de la oración.
  6. Conviene evitar los verbos «fáciles» (hacer, poner, decir, etc.), y los «vocablos muletillas» (cosa, especie, algo, etcétera).
  7. Procúrese que el empleo de los adjetivos sea lo más exacto posible. Sobre todo no abuse de ellos: «si un sustantivo necesita un adjetivo, no lo carguemos con dos.» (Azorín) Evítese, pues, la duplicidad de adjetivos cuando sea innecesaria.
  8. No pondere demasiado. Los hechos narrados limpiamente convencen más que los elogios y ponderaciones.
  9. Lo que el adjetivo es al sustantivo, es el adverbio al verbo. Por tanto: no abuse tampoco de los adverbios, sobre todo de los terminados en «mente», ni de las locuciones adverbiales (en efecto, por otra parte, además, en realidad, en definitiva).
  10. Coloque los adverbios cerca del verbo a que se refieren. Resultará así más clara la exposición.
  11. Evítense las preposiciones «en cascada». La acumulación de preposiciones produce mal sonido (asonancias duras) y compromete la elegancia del estilo.
  12. No abuse de las conjunciones «parasitarias»: «que», «pero», «aunque», «sin embargo», y otras por el estilo que alargan o entorpecen el ritmo de la frase.
  13. No abuse de los pronombres. Y, sobre todo, tenga sumo cuidado con el empleo del posesivo «su» -pesadilla de la frase-que es causa de anfibología (doble sentido).
  14. No tergiverse los oficios del gerundio. Recuerde siempre su carácter de oración adverbial subordinada (de modo). Y, en la duda… sustitúyalo por otra forma verbal.
  15. Recuerde siempre el peligro «laísta» y «loísta» y evite el contagio de este vicio «tan madrileño».
  16. Tenga muy en cuenta que «la puntuación es la respiración de la frase». No hay reglas absolutas de puntuación; pero no olvide que una frase mal puntuada no queda nunca clara.
  17. No emplee vocablos rebuscados. Entre el vocablo de origen popular y el culto, prefiera siempre aquél. Evítese también el excesivo tecnicismo y aclárese el significado de las voces técnicas cuando no sean de uso común.
  18. Cuidado con los barbarismos y solecismos. En cuanto al neologismo, conviene tener criterio abierto, amplio. No se olvide que el idioma está en continua formación y que el purismo a ultranza -conservadurismo lingüístico-va en contra del normal desarrollo del idioma. «Remudar vocablos es limpieza.» (Quevedo)
  19. No olvide que el idioma español tiene preferencia por la voz activa. La pasiva se impone: por ser desconocido el agente activo, porque hay cierto interés en ocultarlo o porque nos es indiferente.
  20. No abuse de los incisos y paréntesis. Ajústelos y procure que no sean excesivamente amplios.
  21. No abuse de las oraciones de relativo y procure no alejar el pronombre relativo «que» de su antecedente.
  22. Evite las ideas y palabras superfluas. Tache todo lo que no esté relacionado con la idea fundamental de la frase o período.
  23. Evite las repeticiones excesivas y malsonantes; pero tenga en cuenta que, a veces, es preferible la repetición al sinónimo rebuscado. Repetir es legítimo cuando se quiere fijar la atención sobre una idea y siempre que no suene mal al oído.
  24. Si, para evitar la repetición, emplea sinónimos, procure que no sean muy raros. Ahorre al lector el trabajo de recurrir al diccionario.
  25. La construcción de la frase española no está sometida a reglas fijas. No obstante, conviene tener en cuenta el orden sintáctico (sujeto, verbo, complemento) y el orden lógico.
  26. Como norma general, no envíe nunca el verbo al final de la frase (construcción alemana).
  27. El orden lógico exige que las ideas se coloquen según el orden del pensamiento. Destáquese siempre la idea principal.
  28. Para la debida cohesión entre las oraciones, procure ligar la idea inicial de una frase a la idea final de la frase anterior.
  29. La construcción armoniosa exige evitar las repeticiones malsonantes, la cacofonía (mal sonido), la monotonía (efecto de la pobreza de vocabulario) y las asonancias y consonancias.
  30. Ni la monótona sucesión de frases cortas ininterrumpidas (el abuso del «punto y seguido»), ni la vaguedad del período ampuloso. Conjúguense las frases cortas y largas según lo exija el sentido del párrafo la musicalidad del período.
  31. Evítense las transiciones bruscas entre distintos párrafos. Procure «fundir» con habilidad para que no se noten dichas transiciones.
  32. Procure mantener un nivel (su nivel). No se eleve demasiado para después caer vertiginosamente. Evite, pues, los «baches».
  33. Recuerde siempre que el estilo directo tiene más fuerza -es más gráfico-que el indirecto.
  34. No se olvide que el lenguaje es un medio de comunicación y que las cualidades fundamentales del estilo son: la claridad, la concisión, la sencillez, la naturalidad y la originalidad.
  35. La originalidad del estilo radica, de modo casi exclusivo, en la sinceridad.
  36. Pero no sea superficial, ni excesivamente lacónico, ni plebeyo, ni «tremendista», vicios estos que se oponen a las virtudes antes enunciadas.
  37. Además del estilo, hay que tener en cuenta el tono, que es el estilo adaptado al tema.
  38. Huya de las frases hechas y lugares comunes (tópicos). Y no olvide que la metáfora sólo vale cuando añade fuerza expresiva y precisión a lo que se escribe.
  39. Huya de la sugestión sonora de las palabras. «Cuando se permite el predominio de la sugestión musical empieza la decadencia del estilo» (Middleton Murry). La cualidad esencial de lo bien escrito es la precisión.
  40. Piense despacio y podrá escribir deprisa. No tome la pluma hasta que no vea el tema con toda claridad.
  41. Relea siempre lo escrito como si fuera de otro. Y no dude nunca en tachar lo que considere superfluo. Si puede, relea en voz alta: descubrirá así defectos de estilo y tono que escaparon a la lectura exclusivamente visual.

42. Finalmente, que, la excesiva autocrítica no esterilice la jugosidad, la espontaneidad, la personalidad, en suma, del propio estilo. Olvide, en lo posible, todas las reglas estudiadas, al escribir. Acuda a ellas sólo en los momentos de duda. Recuerde siempre que escribir es pensar y que no debe constreñirse al pensamiento, encerrándolo en la cárcel del leguleyismo gramatical o lingüístico.

03/11/19

El estilo

GONZALO MARTÍN VIVALDI

Estilos directo e indirecto

«Cuando se escribe directamente el autor desaparece, no se le ve. Lo que se ve es lo que se quiere narrar, describir o fijar en la imaginación del lector. Este procedimiento o estilo tiene más fuerza, se graba con más facilidad, nos da la impresión de algo que está sucediendo ante nuestra vista».

Como ejemplo de estilo directo descriptivo, copiamos algunos párrafos sueltos de La casa de los muertos, de Dostoievski. El autor nos describe los baños turcos a donde solían llevar entonces a los condenados a Siberia:

… Cuando abrieron la puerta de la estufa se me antojó que entrábamos en el infierno. Imaginaos un aposento de diez pasos de largo por otros tantos de ancho, en el que se amontonaban cien hombres a la vez, o por lo menos ochenta, pues éramos entre todos unos doscientos, divididos en dos grupos. El vapor nos cegaba; el humo, la suciedad y la falta de espacio eran tales que no sabíamos dónde poner los pies. Confieso que me asusté y quise salir de allí, pero Petrof me tranquilizó……Se gritaba y se reía con el acompañamiento de cien cadenas que se arrastraban por el suelo. Los que querían pasar de un sitio a otro, enredaban sus cadenas con las de los demás, chocaban en las cabezas de los que estaban más bajos que ellos, caían, juraban y arrastraban en su caída a los demás……El vapor seguía en aumento, y la sala de baño estaba llena de una nube espesa y abrasadora en el seno de la cual había una masa que gritaba y se movía. A través de esta nube se veían espaldas magulladas, cabezas afeitadas, escorzos de brazos y piernas, y, para completar el cuadro, Isaías Fomitch vociferando con todas sus fuerzas, encaramado en el banco más elevado, saturándose de vapor…
Pero el campo de aplicación más amplio del estilo directo es aquel en que hay diálogo o cuando, sencillamente, conviene reproducir lo que ha dicho alguien (caso de las palabras pronunciadas por un conferenciante).

En el estilo directo, se hace hablar a los personajes; el escritor les cede la palabra. En el estilo indirecto, es el escritor quien, en nombre propio, nos informa de lo que dicen sus personajes.

La Gramática de la Real Academia Española dice así: «Llámase directo el estilo cuando el que habla o escribe cita textualmente las palabras con que se ha expresado el propio autor de ellas; e indirecto, cuando refiere o cuenta por sí mismo lo dicho por otro».

En el estilo directo ninguna conjunción liga la cita al verbo declarativo; se ponen dos puntos y «guión de conversación» o, simplemente, se entrecomilla la cita.

Este procedimiento directo es más vivo, da más impresión de verdad, es, en suma, más comunicativo.

Otro ejemplo. (Tomado de un artículo de Julio Camba):

Días atrás, necesitando remozar un poco mi ropero con algún traje de primavera, me fui a un almacén de ropas.Allí me tomaron las medidas y me dieron a elegir tres o cuatro modelos de diferentes colores. -Este -dije yo.-Muy bien -exclamó el vendedor-.¿Quiere usted ponérselo? Yo lo intenté con la mejor voluntad del mundo, pero me fue imposible conseguirlo.-No quepo -le dije al vendedor.-Pues esta es su medida -me repuso.-¿Mi medida? -exclamé, asombrado…
Transformemos ahora este diálogo en un párrafo de estilo indirecto: «… y me dieron a elegir tres o cuatro modelos de diferentes colores. Elegí uno y el vendedor me preguntó si quería ponérmelo. Yo lo intenté con la mejor voluntad del mundo, pero me fue imposible conseguirlo. Dije al vendedor que no cabía y él me respondió que era mi medida…»

En este ejemplo se comprueba fácilmente cómo, al transformar el diálogo directo en un párrafo indirecto, el estilo ha perdido fuerza, viveza.

El estilo indirecto debe emplearse siempre que parezca superfluo citar las palabras textuales. Así, este procedimiento es preferible cuando se quiere dar una idea sucinta y general de una opinión o de un diálogo, es decir, cuando no es absolutamente necesario reproducir textualmente lo que alguien haya dicho.

Hay también una tercera clase de estilo llamado semidirecto, cuya nota característica es la supresión del verbo declarativo, porque se sobreentiende fácilmente. Se insinúa que se van a citar las palabras de alguien y no se emplea la conjunción «que».

EJEMPLOS: Estilo indirecto: «El profesor dijo que convenía hacer todos los ejercicios porque la práctica es el complemento necesario de la teoría».

Estilo directo: «Conviene hacer todos los ejercicios -dijo el profesor-. La práctica es el complemento de la teoría.»

Estilo semidirecto: «El profesor explicó lo que convenía hacer: los ejercicios eran necesarios porque la práctica es el complemento de la teoría.»

Como se ve, el tiempo del verbo, y a veces hasta la persona, varían al pasar la oración del estilo directo al indirecto.

Hay ocasiones en que no conviene emplear el estilo directo porque sólo se quiere dar una idea sumaria de algo, sin reproducir el texto íntegro. Así: «Los señores de la firma X y Cía. escribieron a sus clientes manifestándoles que los productos subirían de precio, debido a los elevados costes de los materiales.»

Aquí, en realidad, no hace falta citar la carta entera en cuestión. El estilo indirecto basta.

En cambio, debe emplearse el estilo directo cuando el indirecto pueda prestarse a confusión.

EJEMPLO: El maestro dijo a Luis que iba a escribir a su padre.

Confusión: ¿Al padre de quién? ¿Al de Luis o al del maestro?

Manera de resolverlo: recurrir al estilo directo y, así, podremos escribir:

El maestro dijo a Luis:

«Voy a escribir a mi padre».

«Voy a escribir a su padre».

Finalmente, el estilo directo debe emplearse siempre que se haga la reseña informativa de una conferencia o de un acto en el que hayan hablado uno o varios oradores.

Lo corriente en estos casos es decir, por ejemplo:

El conferenciante habló de lo que significa el militar en el mundo moderno. Dijo que hoy, un militar, tiene que tener mucho de técnico y bastante de diplomático. Destacó que la guerra fría ha sacudido la modorra tradicional de la vida cuartelera de antaño y que, en nuestros días, el oficial o jefe del Ejército debe vivir en alerta constante, preparándose continuamente y estudiando sin cesar, porque hoy, más que nunca, si queremos la paz, debemos estar continua y urgentemente preparados para la guerra.
Esta referencia, aunque traslada al lector el pensamiento del conferenciante, tendría más fuerza en estilo directo puro:

Un militar, actualmente, debe tener mucho de técnico y bastante de diplomático. La «guerra fría» ha sacudido la modorra tradicional de la vida cuartelera de antaño». Esto dijo el general X en su conferencia titulada El militar en el mundo moderno».En nuestros días -afirmó a continuación-, el oficial o el jefe del ejército tienen que vivir en alerta constante. Hay que estudiar sin cesar y prepararse continuamente para cualquier eventualidad.Hoy, más que nunca, si queremos la paz, debemos estar, continua y urgentemente, preparados para la guerra.
En realidad, en ambos casos se ha dicho lo mismo; pero con el estilo directo damos al lector una impresión más viva, más real; lo trasladamos directamente al escenario de la conferencia y lo convertimos en espectador, en oyente directo de lo que se dijo.

El estilo indirecto libre [dice W. Kayser refiriéndose al que nosotros hemos llamado «semidirecto»] se encuentra entre el estilo directo y el indirecto, precisamente en medio. ¿Debo ir esta noche al teatro? —así podría reproducir directamente un narrador el pensamiento de uno de sus personajes, poniendo al personaje y al lector en estrecho contacto-. En la reproducción indirecta conservaría las riendas en su mano y serviría de mediador entre el lector y el personaje: Pensaba si debía ir por la noche al teatro. El estilo indirecto libre ocupa un lugar intermedio: ¿Debía ir por la noche al teatro? El narrador, en este caso, es menos visible que en el estilo indirecto; el foco de la perspectiva casi pasa por el alma del propio personaje, como si el lector se asomase directamente a su vida interior… Esta forma sintáctica se adapta a la expresión de pensamientos no formulados claramente, a jirones de pensamientos, pequeñas emociones de la vida interior Se comprenderá la gran importancia que ha logrado si se tiene en cuenta el interés por los procesos psicológicos que caracteriza al arte narrativo de los últimos decenios.

Ejercicios

Los siguientes párrafos, frases y trozos literarios están escritos en estilo indirecto. Escríbalos en estilo directo.

  • El primer día de clase, el profesor dijo a los alumnos que, ante todo, exigía orden y disciplina. Añadió que prefería las faltas a clase, a los alborotos dentro de ella, y acabó recomendando a los buenos alumnos que no se dejaran contaminar por los malos.• El piloto, mientras volaba, sintió lo que no había sentido nunca; notó que sus nervios estaban tensos y que sus manos no obedecían a su voluntad. Pensó que los «reflejos» no funcionaban, y atribuyó la causa a unas copas de más que se había tomado la noche anterior. ,• Desde el aire, el paisaje de la ciudad le pareció totalmente nuevo. Pensó entonces que merecía la pena velar, aunque sólo fuese por descubrir nuevas facetas de cosas conocidas.• El médico dijo al padre del enfermo que su hijo tenía un tumor maligno, que la amputación se imponía y que era preciso tener valor.• Mi padre me dijo que no estaba contento conmigo, que tenía que estudiar más y que, si no estudiaba, no tendría más remedio que ponerme a trabajar y aprender un oficio.• María, la criada, dejó su cesta sobre un banco. El soldado, su novio, le preguntó que por qué no había venido el día anterior. A lo que ella contestó que había venido, pero que él ya se había marchado. El soldado reconoció que podía ser verdad, y le explicó que él había tenido que marcharse porque habían tocado retreta y no pudo esperar más.• El profesor de Filosofía nos explicó la teoría de la relatividad, y nos dijo que actualmente los postulados de Einstein estaban siendo discutidos y puestos en tela de juicio.• Los dos amigos recordaron entonces sus tiempos de guerra. Juan preguntó a Luis a qué se había dedicado cuando lo licenciaron. Y Luis le respondió que, en el primer momento, se encontró como «despistado» y que no sabía qué camino tomar, hasta que por fin se decidió por emprender de nuevo los estudios.
03/7/19

El gerundio correcto y el incorrecto

GONZALO MARTÍN VIVALDI

            Mucho se ha escrito sobre esta forma verbal y no seremos nosotros quienes agobiemos al lector con abstrusas tesis gramaticales.

«El gerundio -escribe González Ruiz-se emplea muchas veces mal. Tan honda es la convicción de este hecho, que ha llegado a producir otro: el que muchos realicen denodados esfuerzos para eludir el gerundio al escribir, como quien se encontrase ante un paraje peligroso y prefiriera dar un rodeo con tal de no transitar por él. Pero el rodeo no es nunca buen procedimiento de escribir. Se puede navegar perfectamente entre escollos conociendo cuáles son y dónde están».

El gerundio, en todo caso, constituye una oración subordinada de carácter adverbial. Si yo escribo: «Luis llegó silbando», indico el modo como llegó «Luis». En este caso «silbando» es la oración subordinada que completa a la principal «Luis llegó», diciéndonos su manera de llegar.

Para evitar confusiones, el gerundio debe ir lo más cerca posible del sujeto al cual se refiere. Así, no significa lo mismo «Vi a Juan paseando», que «Paseando, vi a Juan». En el primer caso es Juan quien pasea; en el segundo, soy yo quien, mientras paseaba, vi a Juan.

Para poner un poco de orden en este problema del gerundio, vamos a estudiar los casos en que consideramos su empleo correcto o incorrecto, según la opinión autorizada de los gramáticos y especialistas del lenguaje.

Gerundio correcto

  1. Gerundio modal. Ejemplo: «Llegó silbando o cantando».
  2. Gerundio temporal. Generalmente indica contemporaneidad entre la acción expresada por el verbo principal y el gerundio. Ejemplo: «Vi a Juan paseando». «Estando en la Base, llegó la orden de partir».Estos dos casos, en realidad, se pueden reducir a uno solo.
  3. Gerundio que indica acción durativa o matiz de continuidad. Ej.: «Está escribiendo», «Sigo pensando».
  4. Gerundio cuya acción es anterior a la del verbo principal. Ejemplo: «Alzando la mano, la dejó caer sobre la mesa con toda su fuerza».
  5. Gerundio condicional. Ejemplo: «Habiéndolo ordenado el mando, hay que obedecer»; es decir, «Si lo ordenó el mando…» -condición. (Aquí va incluido el gerundio, tan frecuente en las sentencias, de los «Considerandos», ya que en realidad equivale a «Si se considera».)
  6. Gerundio causal. Ejemplo: «Conociendo su manera de ser, no puedo creerlo»; es decir «Porque conozco su manera de ser…» -causa. (También es gerundio causal el «Resultando» de las sentencias; equivale a «Porque resulta».)
  7. Gerundio concesivo (poco corriente). Ejemplo: «Lloviendo a cántaros, iría a tu casa»; es decir, «Aunque lloviera a cántaros…» -concesión.8. Gerundio explicativo. Ejemplo: «El piloto, viendo que el altímetro no funcionaba…»; es decir, «Al ver que el altímetro no funcionaba…» -explicación.
    Finalmente, se usa mucho el gerundio de los verbos «arder» y «hervir» -una olla de agua hirviendo, o ardiendo-, en el sentido de «hirviente» o «ardiente», todos decimos: «Le cayó una olla de agua hirviendo» y no «hirviente».

Y también suele ser corriente, en la conversación -sobre todo en Andalucía y en los países hispanoamericanos-, el empleo del gerundio en «aparente diminutivo». Así se dice: «Voy corriendito» o «Llego callandito». Y decimos «diminutivo aparente», porque, en realidad, estas expresiones significan «corriendo mucho» o «más que callando».

Gerundio incorrecto

Veámoslo a través de unos cuantos ejemplos.

Así, no puede ni debe escribirse:

  1. «Llegó sentándose…», porque la acción de llegar y de sentarse no pueden ser simultáneas, ni es ese un «modo» de llegar a ningún sitio.Es frecuente leer: «D. Fulano de Tal nació en Madrid en 1900, siendo hijo de D. Luis y Da. María…». Es decir, que nació siendo ya hijo de… ¡Extraña manera de nacer!
  2. «Una caja conteniendo…». Se trata de un típico galicismo, ya que en francés suele escribirse «Une boite contenant…». Nosotros decimos, en español, «Una caja que contiene…». Es también el caso del «gerundio curialesco» o del Boletín Oficial: «Orden disponiendo…», cuando, en realidad, debe decirse «…que dispone…».
  3. «Vi un árbol floreciendo», por «floreciente». Tampoco puede admitirse este «floreciendo» porque el gerundio no puede expresar cualidades. Ni tampoco se refleja aquí el matiz de contemporaneidad, ya que es imposible que yo vea «el florecer» de un árbol, mientras se produce a menos que se trate de una película de dibujos fantásticos, o gracias a un procedimiento especial cinematográfico, capaz de captar el florecer de un árbol mientras se va produciendo.
  4. «El avión se estrelló, siendo encontrado…». «El agresor huyó, siendo detenido…» Estos gerundios son incorrectos porque la acción que el gerundio indica no puede ser posterior a la del verbo principal. Lo correcto es escribir: «El agresor huyó y fue detenido cuando intentaba subir al ómnibus».
    En el caso del gerundio temporal, la acción que expresa dicha forma verbal puede ser simultánea, inmediatamente anterior o inmediatamente posterior a la acción expresada por el verbo principal.

EJEMPLOS: Teniendo yo doce años, aprendí a montar en bicicleta (simultánea); levantando la mano, quedó con la pluma en suspenso (inmediatamente anterior); salió de puntillas, cerrando la puerta con mucho cuidado (inmediatamente posterior).

Conclusiones

Consideramos muy difícil que el alumno, al escribir, retenga en la memoria todas las reglas que hemos dado acerca del gerundio. Por ello, recomendamos seguir la pauta del conocido aforismo: «En la duda, abstente». Es decir, no usemos el gerundio cuando no estemos muy seguros de que su empleo es correcto. Siempre será posible recurrir a otra forma verbal. Por ejemplo: en vez de «Estando en la Base llegó la orden de partir», podemos escribir: «Cuando estábamos en la Base, llegó la orden de partir».

«Como norma, más o menos estabilizada en el estado actual del idioma -escribe Criado de Val en su obra Fisonomía del idioma español-, podemos aceptar lo siguiente: el uso del gerundio español será tanto más propio cuanto más predomine en él el carácter verbal (o adverbial), cuanto más atractiva y considerada en su trayectoria (aspecto durativo) sea la acción que expresa, cuanto más coexistente o inmediatamente anterior a la principal sea esa misma acción».

«Viceversa, el uso del gerundio español será tanto más impropio cuanto más se aproxime a la función adjetiva, a la expresión de cualidades o estados (ya sean momentáneos o permanentes), o cuanto mayor sea el desacuerdo entre el tiempo de su acción (especialmente en el caso de ser posterior) y el del verbo o frase principal.»

Ejercicios

En las siguientes frases hay gerundios correctos e incorrectos. Diga si tales gerundios están bien o mal empleados. Si están mal, escriba las formas correctas que deben sustituir al gerundio.

EJEMPLO:

Discutieron comiendo.

Discutieron mientras comían.

1. Decidí publicar la obra, enviando a América la edición.2. Se ha publicado un decreto modificando el procedimiento de ingreso en las Escuelas del Magisterio.3. La Ley prohibiendo la importación de hierro es de fecha…4. Los niños corrieron velozmente, perdiéndose de vista.5. Sufrió un grave accidente, muriendo poco después.6. Abriendo la ventana se dejó acariciar por la brisa…7. Acabo de leer un reportaje describiendo el incendio.8. Bombardeamos las posiciones enemigas destruyendo tres fábricas.9. Se pasa el día durmiendo.