03/6/19

La caida de los reyes

Cuando cayeron los reyes, la magia desapareció con ellos.

Bienvenidos a una ciudad sin nombre dividida entre la Colina, sede de suntuosas mansiones, y la Ribera, hogar de carteristas y prostitutas, donde los nobles encuentran a los expertos espadachines que, sin nada que perder, se baten en duelo por ellos. El poder está en manos del Consejo de los Lores desde hace dos siglos, cuando la aristocracia se enfrentó a la monarquía y el duque de Tremontaine, el Regicida, retó y mató al último rey. Pero ahora algo se mueve en las provincias del norte, fuente de una magia cuya sola mención está prohibida, y su infuencia se deja sentir en la ciudad. Basil de Cloud, doctor en Historia, desafía los principios de la academia al proponer la tesis de la realidad de la magia, que puede demostrar al poseer el único ejemplar existente del Libro del brujo del rey. Y desafía las normas de la sociedad al tomar como amante a Theron Campion, heredero de Tremontaine, por cuyas venas corre la sangre de los reyes. Su encuentro no es casual: cada rey debe tener un brujo como compañero y consejero… y las antiguas tradiciones están a punto de cobrar nueva vida.

Ellen Kushner y Delia Sherman tejen el maravilloso tapiz de una sociedad sofisticada y brutal, donde las convenciones sociales esconden violentas pasiones, en una novela que indaga en el sustrato mítico de la fantasía al tiempo que enfrenta a sus magníficos personajes en diálogos tan afilados y espectaculares como la mejor esgrima.

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03/6/19

El privilegio de la espada

No hay más honor que el que se defiende con la espada. Bienvenidos a la Ribera, el barrio bajo de una ciudad sin nombre. A ella llega la joven Katherine, sobrina del duque de Tremontaine, esperando ser presentada en sociedad y convertirse en una dama. Pero su tío, conocido como el Duque Loco, tiene otros planes: para empezar, la viste como un hombre y la pone en manos de un preceptor de esgrima. Siempre imprevisible y completamente ajeno a los imperativos de la buena sociedad, el duque pretende algo escandaloso: convertirla en una mujer que pueda defenderse por sí misma. Como espadachina, Katherine tendrá una posición singular en una ciudad donde el privilegio de la espada queda reservado a los hombres. Al poder batirse en duelo por su honor, pondrá en tela de juicio los fundamentos del gobierno de la nobleza y se verá inmersa en las intrigas del Consejo de los Lores. Ellen Kushner regresa al mundo de su obra de culto A punta de espada para desvelarnos los sorprendentes destinos de sus inolvidables protagonistas en una trama repleta de tensión, secretos, traiciones y escándalos.

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03/6/19

A punta de espada

La Ribera, hogar de carteristas y prostitutas, es el barrio bajo de una ciudad sin nombre dominada por el Consejo de los Lores. Allí acuden los aristócratas de incógnito, abandonando sus suntuosas mansiones en la Colina, para contratar a los implacables espadachines que se baten por ellos en los duelos, una forma sofisticada de asesinato legal que sirve tanto para satisfacer el orgullo herido como para eliminar a un oponente político. Richard de Vier, que no puede desenvainar su espada sin derramar sangre, es el mejor espadachín de su época, y sus servicios son muy cotizados entre los poderosos. Pero al negarse a aceptar el encargo de un noble influyente, se convierte en objeto de sus intrigas, lo que amenaza con poner un súbito final a su brillante carrera. Ellen Kushner es una de las autoras más respetadas de la fantasía, y con A punta de espada ha creado mediante un estilo ingenioso e irónico un mundo vívido y unos personajes magníficos y alocados que resultan inolvidables.

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03/5/19

Mundo de Ladrones

Rseña tomada de Disportancia

A menudo las obras literarias resultan más interesantes por el concepto que plantean que por su resultado final. Este es el caso de Thieves’ World, El mundo de los ladrones, un proyecto colectivo nacido en 1978 de la mente del ya fallecido Robert Lynn Asprin y que llegó a cosechar un considerable éxito, con más de una docena de antologías publicadas y varias novelas desde ese año hasta finales de los 80, amén de adaptaciones a juegos de rol, cómics, etc.

La idea de partida era que diversos autores compartieran un mismo mundo de fantasía, con su trasfondo y sus personajes, de forma que no necesitaran crear de cero un nuevo universo para sus relatos y estos se enriquecieran mediante la interacción con los de otros escritores. Nada revolucionario, como veis. Podríamos decir, por ejemplo, que los Mitos de Cthulhu creados por Lovecraft y ampliados por su círculo de corresponsales y posteriores admiradores vienen a formar un concepto similar, y no mucho después de Thieves’ World aparecieron ambientaciones compartidas dentro de su mismo género de fantasía medieval, como Dragonlance o Forgotten Realms (ambas derivadas de D&D).

No obstante, en El mundo de los ladrones se planteaba esta contribución colectiva de forma deliberada y más orquestada, con una lista de localizaciones y personajes secundarios disponibles para ser usados en los relatos, deidades y religiones, normas concernientes a los personajes principales de otros autores (por ejemplo, no matarlos sin permiso de su creador) y, como entorno principal, una ciudad fronteriza sin ley, Santuario, bien definida y cartografiada. Pero el principal rasgo diferencial era la existencia de un coordinador que orientaba e informaba a los diversos participantes e imponía su criterio sobre lo que se aceptaba y lo que no (tarea de la que se encargaba el propio Robert L. Asprin y posteriormente la que entonces era su esposa, Lynn Abbey).

Pero por buenos que sean los mimbres, el meollo siempre estará en los relatos, y me temo que estos por lo general son mediocres. Y eso que para los primeros volúmenes de la saga se buscó a autores de renombre, pero (a mi juicio al menos) la cosa no acaba de cuajar, y me atrevería a decir que en el caso de Poul Anderson o Marion Zimmer Bradley, por citar un par de los que firman la primera antología, alcanzan el nivel de vergüenza ajena (¡y no hablamos precisamente de unos donnadies!).

¿Cuál puede ser la razón? Tal vez que los textos están forzosamente centrados en el personaje estelar de cada autor y por ello resultan poco vivaces, o que nadie se atrevía a arriesgarse demasiado por no incomodar a sus compañeros, no lo sé. Cuenta Asprin que su preocupación estaba en evitar en la medida de lo posible las incoherencias argumentales entre unos relatos y otros (personajes que mueren en una historia y aparecen vivos en otra, y cosas así), algo que me parece irrelevante, mientras que son las marcadas diferencias de estilo entre un relato y otro las que hacen difícil «meterse» en la sociedad que nos propone.

Fantasía sucia

Pero lo que me interesa principalmente de El mundo de los ladrones, aparte del concepto colaborativo, es su estilo de fantasía oscura (o más bien «sucia»), en un entorno de poca magia y una ciudad llena de corrupción y bajos instintos, donde las buenas intenciones son rápidamente aplastadas por la cruda realidad. Un estilo que, lo confieso, me recuerda al mío cuando me pongo a escribir cosas de espada y brujería. Quizá por ese motivo varios de estos relatos han perseverado en mi memoria a lo largo de los años pese a su discutible calidad.

Englobado dentro de las corrientes literarias de finales de los 70 y primeros 80, este tono tan alejado de la «alta fantasía» de J.R.R. Tolkien, Ursula K. LeGuin o Lloyd Alexander encaja bien en su tiempo. Hablamos de los años de Stephen R. Donaldson (con sus Crónicas de Thomas Covenant el Incrédulo), Elizabeth A. Lynn, Tanith Lee (autoras insuficientemente traducidas al castellano), Michael Moorcock (vale, este ponía más magia en sus historias) o Roger Zelazny (que estuvo a punto de participar en Thieves’ World). Y evidentemente Santuario debe mucho al Lankhmar de Fritz Leiber, cuya saga de Fafhrd y el Ratonero Gris seguía vigente y había alcanzado su punto álgido sólo unos años antes.

Ahora bien, ¿qué tal ha resistido el paso del tiempo ese estilo sucio lleno de personajes ambiguos? En Santuario abundan la prostitución, la esclavitud, las drogas, el crimen, la tortura… Lo que llamaríamos temas «maduros». Pero a menudo esos recursos no funcionan como se pretendía, producen un efecto contrario que casi resulta hilarante. Salvo por algunas honrosas excepciones, recuerdan a un adolescente que trata en vano de impresionar haciéndose el duro y soltando tacos. Y eso me preocupa, porque hace que me plantee si mis propias historias, donde aparecen a veces esos elementos narrativos, podrían adolecer de los mismos defectos.

¿Cuál es la raíz del problema? Esto supone adentarse ya en el reino de las opiniones intransferibles, pero me gustaría sugerir dos posibles explicaciones. Una, que en algunos relatos las tramas no dependen realmente de esos aspectos siniestros, y por lo tanto la aparición de estos se diría un capricho del autor. Y dos, también suele ocurrir que el tono global de estas historias no encaja con asuntos tan crueles; después de tanta depravación resultan al final casi ingenuas en sus planteamientos, y en este sentido hubiese sido aconsejable inclinarse más hacia la vertiente de terror de la fantasía oscura. Son aspectos, en cualquier caso, que pienso tener en cuenta cuando me desempeñe en este género.

Libros de la antología:

01 El mundo de los ladrones 02 Historias del Vulgar Unicornio