09/2/19

Preguntas sobre la Fantasía: Nivel Avanzado


Por: José Alejandro Cantallops Vázquez

Deja un comentario y veamos cuántas puedes responder.

  1. En Malaz, el libro de los caídos, existen seres cuyo poder es comparable al de los dioses y son casi inmortales que son conocidos normalmente como ascendientes. Menciona al menos tres ascendientes, ¿crees que puedes mencionar todos los ascendientes malazanos?
  2. Mark Lawrence es uno de los mejores escritores de grimdark y fantasía oscura de la actualidad. Su prosa es directa y derrocha habilidad literaria, pero por encima de todo, se destaca por ser un autor más que prolífico habiendo escrito más de nueve libros en menos de seis años. ¿Cómo se llama la primera saga qué escribió?
  3. Tolkien es conocido por todos por sus novelas ambientadas en la Tierra Media. Sin embargo, también escribió varios cuentos, entre ellos, el último que escribió en vida que está lleno de una ambientación cercana a la muerte. ¿Cómo se llama esta historia?
  4. Los autores de Fantasía siempre han tenido preferencia por la Edad Media a la hora de ambientar sus historias. Sin embargo, existe una corriente de autores que prefieren explorar otras épocas históricas para ambientar sus historias. Una de ellas es la fantasía basada en la cultura griega, de estas historias han salido novelas como Los guerreros de Troya de David Gemmell y Match de Paul Kearney. Sin embargo, la trilogía que se considera la fundadora de este tipo de historias la escribió Gene Wolfe. ¿Sabes cómo se llama?
  5. Su Majestad Dragón es la primera novela de una saga escrita por la americana Naomi Novik dónde aborda que sucedería en una era napoleónica dónde los dragones existen y Napoleón los está usando para conquistar Europa. ¿Cómo se llaman el dragón y su jinete que protagonizan estas novelas?
  6. En 1984, David Gemmell publica Leyenda, que es considera la mejor novela independiente de Fantasía publicada hasta la fecha. Esta novela introduce personajes que luego el autor le dedicaría sus propios libros, sin embargo, ¿cómo se llama la saga que incluye a los once libros ambientados en este mundo?
  7. Guy Gavriel Kay, es sin duda el mejor escritor de fantasía histórica vivo. Aunque comenzó con novelas cómo el Tapiz de Fionavar, con un enfoque más tradicional, con el paso de los años se ha decantado por su verdadera pasión: la fantasía histórica. Autor de novelas autoconclusivas parece que la meta de este autor es escribir una novela por cada gran civilización del mundo. ¿Conoces como se llama la que le dedicó a la península Ibérica?
  8. La orden de los caballeros bastardos está consagrada a cometer los mayores robos, esos que todos consideran imposibles. Pero, para Locke y su camarilla es cuestión de planificación y usar bien sus habilidades. Con tres novelas publicadas de siete propuestas, ¿cómo se llama el autor de esta saga?
  9. La Dama es la hechicera más poderosa del mundo y bajo su mando, diez Tomados la ayudan a construir el antiguo imperio que le pertenecía a su marido. Pero carecen de soldados experimentados con los que completar las tareas más duras. ¿Cómo se llama la compañía que contrata la Dama? ¿Matasanos logra llevarse a la cama a la Dama?
  10. Lois McMaster Bujold es conocida por sus novelas de ciencia ficción militar que giran alrededor de Miles de Vorkosigan, sin embargo, a principios de este siglo decidió incursionar en la fantasía, escribiendo una trilogía muy interesante en el uso de los elementos clásicos de la fantasía para verla desde un nuevo enfoque. ¿Cuál es el nombre de esta saga?

 

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Preguntas sobre la Fantasía: Experto

09/2/19

Preguntas sobre la Fantasía – Nivel intermedio

Por: José Alejandro Cantallops Vázquez

Deja un comentario y veamos cuántas puedes responder.

  1. En un mundo sostenido por los hombros de cuatro elefantes que viajan sobre el caparazón de una tortuga que surca el espacio hay una verdad inevitable: la magia es real. Sin embargo, para ser un mago en este mundo necesitas cumplir con una condición muy especial, ¿sabes cuál es?
  2. En el 2004, un visionario editor norteamericano aceptaría el manuscrito de un joven autor fan a la Rueda del Tiempo llamado Brandon Sanderson. Dicha novela se publicó en el 2005, ¿sabes cómo se llama?
  3. ¿Cómo funciona la magia en la novela El aliento de los dioses?
  4. ¿A qué saga pertenece el bárbaro qué aún con sus nueve dedos vive diciendo que nunca se tienen suficiente cuchillos?
  5. ¿En su segundo libro de la saga de Asesino de Reyes, cuáles son las tres cosas que debe temer un hombre sabio?
  6. Si tienes los antebrazos tatuados con dos dragones enroscándose hasta el codo, la marca de la garza en las dos manos y debes estar volviéndote loco porque tienes tres mujeres que han acordado ser tus esposas. Todos te llaman el Dragón Renacido, el salvador del mundo, la Tormenta, pero, de verdad, ¿cuál fue el último nombre que tuviste?
  7. Se hace llamar Lobo y es cuentacuentos itinerante que narra las mejores historias de los cinco razas. Pero tras esa fachada se esconde el primer mago del mundo, aquel que camino y aprendió junto al dios solitario. Sin embargo, el mundo se ha vuelto un lugar peligroso ya que han robado el Orbe que despertará al dios desfigurado. ¿Cuál es el nombre de esta pentalogía?
  8. Los magos poderosos tienden a pagar un gran precio por sus poderes, pero pocos han pagado tanto cómo uno de los personajes escrito por Margaret Weiss y Tracy Hickman, ¿conoces el nombre de este mago?
  9. Nacido en lo más oscuro de las cuevas del mundo de los Reinos Olvidados, debería haber sido consagrado su vida al mal, pero el bien nació dentro de su ser. Dicen que es el mejor espadachín vivo y que sus aventuras cómo paladín del bien se expanden durante siglos. ¿Has oído hablar de él?
  10. Hace veinte años los magos del mundo reunieron todo su poder para destruir al Señor del Mal y levantar un velo que traía partes del inframundo al continente. De esta manera lo dividían en tres grandes partes: las tierras del Señor Oscuro, las tierras mágicas y las humanas, dónde fue llevado el futuro salvador del mundo, ¿cuál es su nombre?

 

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Preguntas sobre la Fantasía: Nivel Avanzado

 

09/2/19

Preguntas de Fantasía nivel básico

Por: José Alejandro Cantallops Vázquez

Deja un comentario y veamos cuántas puedes responder.

  1. Saurón forjó el anillo único para controlar a las razas de la Tierra Media; ¿cuántos anillos les entregó al resto de las razas?
  2. ¿En qué mitología está basada la saga de Geralt de Rivia y a qué país pertenece su autor?
  3. Narnia es un mundo mágico al cuál se acude mediante alguna clase de puerta si los niños lo desean con la suficiente fuerza, ¿cuántos libros se escribieron de esta saga?
  4. Poniente está lleno de Casa que luchan por adueñarse del trono de hierro, menciona, cómo mínimo a cinco de ellas.
  5. El reino de Fantasía está regido por la Emperatriz pero esta está muriendo y le encarga a Atreyu la misión de encontrar a su salvador, ¿qué condición deben cumplir las personas para entrar al reino de Fantasía?
  6. En el primer año de Harr Potter en Howard, uno de los horcruces de Tom Riddle fue usado por uno de los nuevos profesores que ingresaban a la escuela. Este tenía cómo fin apoderarse de la piedra filosofal con la que podría regresar a la vida, sin embargo, la posesión era imperfecta y para mantener con vida el cuerpo del profesor, ¿qué tipo de sangre necesitaba beber?
  7. Robert Ervin Howard escribió una serie de cuentos y novelas cortas para las revistas pulp de aquel entonces. Entre los muchos personajes que lo popularizaron hay uno que ha trascendido a los demás, con su melena leonina y la fuerza de su brazo, ¿cómo se llama este héroe?
  8. Sofie ha sufrido una terrible maldición que le da la apariencia de una anciana. En su huida es salvada y acogida por el mago Howl, dueño del Castillo Ambulante, ¿cómo se llama la bruja que maldijo a esta protagonista?
  9. La legenda del Rey Arturo y Excalibur es probablemente una de las más conocidas en el mundo, así cómo los nombres Arturo, Merlín y Lancelot, sin embargo, casi nadie recuerda el nombre de las mujeres de esta leyenda, ¿puedes mencionar el nombre de dos de ellas?
  10. En el mundo de Pern existen criaturas similares a los dragones que han establecido un fuerte vínculo con los humanos que han quedado varados en ese planeta. Estos dragones pueden, además de volar teletransportarse y viajar en el tiempo. ¿Cómo se llama quién descubrió esta última habilidad?
  11. Gavilán es uno de los magos más poderosos del mundo de Terramar, un mundo creado por Úrsula K. LeGuin. Este personaje encaja en todo lo que podrías esperar de un archimago, sin embargo, hubo un detalle que le agregó su autora que por mucho tiempo lo distinguió cómo un mago único dentro del género, ¿cuál fue este detalle?

 

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Preguntas sobre la Fantasía – Nivel intermedio

05/28/19

La Sirena

Ray Bradbury

Allá afuera en el agua helada, lejos de la costa, esperábamos todas las noches la llegada de la niebla, y la niebla llegaba, y aceitábamos la maquinaria de bronce, y encendíamos los faros de niebla en lo alto de la torre. Como dos pájaros en el cielo gris, McDunn y yo lanzábamos el rayo de luz, rojo, luego blanco, luego rojo otra vez, que miraba los barcos solitarios. Y si ellos no veían nuestra luz, oían siempre nuestra voz, el grito alto y profundo de la sirena, que temblaba entre jirones de neblina y sobresaltaba y alejaba a las gaviotas como mazos de naipes arrojados al aire, y hacía crecer las olas y las cubría de espuma.

—Es una vida solitaria, pero uno se acostumbra, ¿no es cierto? —preguntó McDunn.

—Sí —dije—. Afortunadamente, es usted un buen conversador.

—Bueno, mañana irás a tierra —agregó McDunn sonriendo—a bailar con las muchachas y tomar gin.

— ¿En qué piensa usted, McDunn, cuando lo dejo solo?

—En los misterios del mar.

McDunn encendió su pipa. Eran las siete y cuarto de una helada tarde de noviembre. La luz movía su cola en doscientas direcciones, y la sirena zumbaba en la alta garganta del faro. En ciento cincuenta kilómetros de costa no había poblaciones; sólo un camino solitario que atravesaba los campos desiertos hasta el mar, un estrecho de tres kilómetros de frías aguas, y unos pocos barcos.

—Los misterios del mar —dijo McDunn pensativamente—. ¿Pensaste alguna vez que el mar es como un enorme copo de nieve? Se mueve y crece con mil formas y colores, siempre distintos. Es raro. Una noche, hace años, cuando todos los peces del mar salieron ahí a la superficie. Algo los hizo subir y quedarse flotando en las aguas, como temblando y mirando la luz del faro que caía sobre ellos, roja, blanca, roja, blanca, de modo que yo podía verles los ojitos. Me quedé helado. Eran como una gran cola de pavo real, y se quedaron ahí hasta la medianoche. Luego, casi sin ruido, desaparecieron. Un millón de peces desapareció. Imaginé que quizás, de algún modo, vinieron en peregrinación. Raro, pero piensa qué debe parecerles una torre que se alza veinte metros sobre las aguas, y el dios—luz que sale del faro, y la torre que se anuncia a sí misma con una voz de monstruo. Nunca volvieron aquellos peces, ¿pero no se te ocurre que creyeron ver a Dios?

Me estremecí. Miré las grandes y grises praderas del mar que se extendían hacia ninguna parte, hacia la nada.

—Oh, hay tantas cosas en el mar. —McDunn chupó su pipa nerviosamente, parpadeando. Estuvo nervioso durante todo el día y nunca dijo la causa—. A pesar de nuestras máquinas y los llamados submarinos, pasarán diez mil siglos antes que pisemos realmente las tierras sumergidas, sus fabulosos reinos, y sintamos realmente miedo. Piénsalo, allá abajo es todavía el año 300.000 antes de Cristo. Cuando nos paseábamos con trompetas arrancándonos países y cabezas, ellos vivían ya bajo las aguas, a dieciocho kilómetros de profundidad, helados en un tiempo tan antiguo como la cola de un cometa.

—Sí, es un mundo viejo.

—Ven. Te reservé algo especial.

Subimos con lentitud los ochenta escalones, hablando. Arriba, McDunn apagó las luces del cuarto para que no hubiese reflejos en las paredes de vidrio. El gran ojo de luz zumbaba y giraba con suavidad sobre sus cojinetes aceitados. La sirena llamaba regularmente cada quince segundos.

—Es como la voz de un animal, ¿no es cierto? —McDunn se asintió a sí mismo con un movimiento de cabeza—. Un gigantesco y solitario animal que grita en la noche. Echado aquí, al borde de diez billones de años, y llamando hacia los abismos. Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí. Y los abismos le responden, sí, le responden. Ya llevas aquí tres meses, Johnny, y es hora que lo sepas. En esta época del año —dijo McDunn estudiando la oscuridad y la niebla—, algo viene a visitar el faro.

— ¿Los cardúmenes de peces?

—No, otra cosa. No te lo dije antes porque me creerías loco, pero no puedo callar más. Si mi calendario no se equivoca, esta noche es la noche. No diré mucho, lo verás tú mismo. Siéntate aquí. Mañana, si quieres, empaquetas tus cosas y tomas la lancha y sacas el coche desde el galpón del muelle, y escapas hasta algún pueblito del mediterráneo y vives allí sin apagar nunca las luces de noche. No te acusaré. Ha ocurrido en los últimos tres años y sólo esta vez hay alguien conmigo. Espera y mira.

Pasó media hora y sólo murmuramos unas pocas frases. Cuando nos cansamos de esperar, McDunn me explicó algunas de sus ideas sobre la sirena.

—Un día, hace muchos años, vino un hombre y escuchó el sonido del océano en la costa fría y sin sol, y dijo: «Necesitamos una voz que llame sobre las aguas, que advierta a los barcos; haré esa voz. Haré una voz que será como todo el tiempo y toda la niebla; una voz como una cama vacía junto a tí toda la noche, y como una casa vacía cuando abres la puerta, y como otoñales árboles desnudos. Un sonido de pájaros que vuelan hacia el sur, gritando, y un sonido de viento de noviembre y el mar en la costa dura y fría. Haré un sonido tan desolado que alcanzará a todos y al oírlo gemirán las almas, y los hogares parecerán más tibios, y en las distantes ciudades todos pensarán que es bueno estar en casa. Haré un sonido y un aparato y lo llamarán la sirena, y quienes lo oigan conocerán la tristeza de la eternidad y la brevedad de la vida».

La sirena llamó.

—Imaginé esta historia —dijo McDunn en voz baja—para explicar por qué esta criatura visita el faro todos los años. La sirena la llama, pienso, y ella viene…

—Pero… —interrumpí.

—Chist… —ordenó McDunn—. ¡Allí!

Señaló los abismos.

Algo se acercaba al faro, nadando.

Era una noche helada, como ya dije. El frío entraba en el faro, la luz iba y venía, y la sirena llamaba y llamaba entre los hilos de la niebla. Uno no podía ver muy lejos, ni muy claro, pero allí estaba el mar profundo moviéndose alrededor de la tierra nocturna, aplastado y mudo, gris como barro, y aquí estábamos nosotros dos, solos en la torre, y allá, lejos al principio, se elevó una onda, y luego una ola, una burbuja, una raya de espuma. Y en seguida, desde la superficie del mar frío salió una cabeza, una cabeza grande, oscura, de ojos inmensos, y luego un cuello. Y luego… no un cuerpo, sino más cuello, y más. La cabeza se alzó doce metros por encima del agua sobre un delgado y hermoso cuello oscuro. Sólo entonces, como una islita de coral negro y moluscos y cangrejos, surgió el cuerpo desde los abismos. La cola se sacudió sobre las aguas. Me pareció que el monstruo tenía unos veinte o treinta metros de largo.

No sé qué dije entonces, pero algo dije.

—Calma, muchacho, calma —murmuró McDunn.

— ¡Es imposible! —exclamé.

—No, Johnny, nosotros somos imposibles. Él es lo que era hace diez millones de años. No ha cambiado. Nosotros y la Tierra cambiamos, nos hicimos imposibles. Nosotros.

El monstruo nadó lentamente y con una gran y oscura majestad en las aguas frías. La niebla iba y venía a su alrededor, borrando por instantes su forma. Uno de los ojos del monstruo reflejó nuestra inmensa luz, roja, blanca, roja, blanca, y fue como un disco que en lo alto de una mano enviase un mensaje en un código primitivo. El silencio del monstruo era como el silencio de la niebla.

Yo me agaché, sosteniéndome en la barandilla de la escalera.

— ¡Parece un dinosaurio!

—Sí, uno de la tribu.

— ¡Pero murieron todos!

—No, se ocultaron en los abismos del mar. Muy, muy abajo en los más abismales de los abismos. Es ésta una verdadera palabra ahora, Johnny, una palabra real; dice tanto: los abismos. Una palabra con toda frialdad y la oscuridad y las profundidades del mundo.

— ¿Qué haremos?

— ¿Qué podemos hacer? Es nuestro trabajo. Además, estamos aquí más seguros que en cualquier bote que pudiera llevarnos a la costa. El monstruo es tan grande como un destructor, y casi tan rápido.

— ¿Pero por qué viene aquí?

En seguida tuve la respuesta.

La sirena llamó.

Y el monstruo respondió.

Un grito que atravesó un millón de años, nieblas y agua. Un grito tan angustioso y solitario que tembló dentro de mi cuerpo y de mi cabeza. El monstruo le gritó a la torre. La sirena llamó. El monstruo rugió otra vez. La sirena llamó. El monstruo abrió su enorme boca dentada, y de la boca salió un sonido que era el llamado de la sirena. Solitario, vasto y lejano. Un sonido de soledad, mares invisibles, noches frías. Eso era el sonido.

— ¿Entiendes ahora —susurró McDunn—por qué viene aquí?

Asentí con un movimiento de cabeza.

—Todo el año, Johnny, ese monstruo estuvo allá, mil kilómetros mar adentro, y a treinta kilómetros bajo las aguas, soportando el paso del tiempo. Quizás esta solitaria criatura tiene un millón de años. Piénsalo, esperar un millón de años. ¿Esperarías tanto? Quizás es el último de su especie. Yo así lo creo. De todos modos, hace cinco años vinieron aquí unos hombres y construyeron este faro. E instalaron la sirena, y la sirena llamó y llamó y su voz llegó hasta donde tú estabas, hundido en el sueño y en recuerdos de un mundo donde había miles como tú. Pero ahora estás solo, enteramente solo en un mundo que no te pertenece, un mundo del que debes huir.

»El sonido de la sirena llega entonces, y se va, y llega y se va otra vez, y te mueves en el barroso fondo de los abismos, y abres los ojos como los lentes de una cámara de cincuenta milímetros, y te mueves lentamente, lentamente, pues tienes todo el peso del océano sobre los hombros. Pero la sirena atraviesa mil kilómetros de agua, débil y familiar, y en el horno de tu vientre arde otra vez el juego, y te incorporas lentamente, lentamente. Te alimentas de grandes cardúmenes de bacalaos y de ríos de medusas, y subes lentamente por los meses de otoño, y septiembre cuando nacen las nieblas, y octubre con más niebla, y la sirena todavía llama, y luego, en los últimos días de noviembre, luego de ascender día a día, unos pocos metros por hora, estás cerca de la superficie, y todavía vivo. Tienes que subir lentamente: si te apresuras; estallas. Así que tardas tres meses en llegar a la superficie, y luego unos días más para nadar por las frías aguas hasta el faro. Y ahí estás, ahí, en la noche, Johnny, el mayor de los monstruos creados. Y aquí está el faro, que te llama, con un cuello largo como el tuyo que emerge del mar, y un cuerpo como el tuyo, y, sobre todo, con una voz como la tuya. ¿Entiendes ahora, Johnny, entiendes?

La sirena llamó.

El monstruo respondió.

Lo vi todo…, lo supe todo. En solitario un millón de años, esperando a alguien que nunca volvería. El millón de años de soledad en el fondo del mar, la locura del tiempo allí, mientras los cielos se limpiaban de pájaros reptiles, los pantanos se secaban en los continentes, los perezosos y dientes de sable se zambullían en pozos de alquitrán, y los hombres corrían como hormigas blancas por las lomas.

La sirena llamó.

—El año pasado —dijo McDunn—, esta criatura nadó alrededor y alrededor, alrededor y alrededor, toda la noche. Sin acercarse mucho, sorprendida, diría yo. Temerosa, quizás. Pero al otro día, inesperadamente, se levantó la niebla, brilló el sol, y el cielo era tan azul como en un cuadro. Y el monstruo huyó del calor, y el silencio, y no regresó. Imagino que estuvo pensándolo todo el año, pensándolo de todas las formas posibles.

El monstruo estaba ahora a no más de cien metros, y él y la sirena se gritaban en forma alternada. Cuando la luz caía sobre ellos, los ojos del monstruo eran fuego e hielo.

—Así es la vida —dijo McDunn—. Siempre alguien espera que regrese algún otro que nunca vuelve. Siempre alguien que quiere a algún otro que no lo quiere. Y al fin uno busca destruir a ese otro, quienquiera que sea, para que no nos lastime más.

El monstruo se acercaba al faro.

La sirena llamó.

—Veamos que ocurre —dijo McDunn.

Apagó la sirena.

El minuto siguiente fue de un silencio tan intenso que podíamos oír nuestros corazones que golpeaban en el cuarto de vidrio, y el lento y lubricado girar de la luz.

El monstruo se detuvo. Sus grandes ojos de linterna parpadearon. Abrió la boca. Emitió una especie de ruido sordo, como un volcán. Movió la cabeza de un lado a otro como buscando los sonidos que ahora se perdían en la niebla. Miró el faro. Algo retumbó otra vez en su interior. Y se le encendieron los ojos. Se incorporó, azotando el agua, y se acercó a la torre con ojos furiosos y atormentados.

— ¡McDunn! —grité—. ¡La sirena!

McDunn buscó a tientas el obturador. Pero antes que la sirena sonase otra vez, el monstruo ya se había incorporado. Vislumbré un momento sus garras gigantescas, con una brillante piel correosa entre los dedos, que se alzaban contra la torre. El gran ojo derecho de su angustiada cabeza brilló ante mí como un caldero en el que podía caer, gritando. La torre se sacudió. La sirena gritó; el monstruo gritó. Abrazó el faro y arañó los vidrios, que cayeron hechos trizas sobre nosotros.

McDunn me tomó por el brazo.

— ¡Abajo! —gritó.

La torre se balanceaba, tambaleaba, y comenzaba a ceder. La sirena y el monstruo rugían. Trastabillamos y casi caímos por la escalera.

— ¡Rápido!

Llegamos abajo cuando la torre ya se doblaba sobre nosotros. Nos metimos bajo las escaleras en el pequeño sótano de piedra. Las piedras llovieron en un millar de golpes. La sirena calló bruscamente. El monstruo cayó sobre la torre, y la torre se derrumbó. Arrodillados, McDunn y yo nos abrazamos mientras el mundo estallaba.

Todo terminó de pronto, y no hubo más que oscuridad y el golpear de las olas contra los escalones de piedra.

Eso y el otro sonido.

—Escucha —dijo McDunn en voz baja—. Escucha.

Esperamos un momento. Y entonces comencé a escucharlo. Al principio fue como una gran succión de aire, y luego el lamento, el asombro, la soledad del enorme monstruo doblado sobre nosotros, de modo que el nauseabundo hedor de su cuerpo llenaba el sótano. El monstruo jadeó y gritó. La torre había desaparecido. La luz había desaparecido. La criatura que llamó a través de un millón de años había desaparecido. Y el monstruo abría la boca y llamaba. Eran los llamados de la sirena, una y otra vez. Y los barcos en alta mar, no descubriendo la luz, no viendo nada, pero oyendo el sonido debían de pensar: ahí está, el sonido solitario, la sirena de la bahía Solitaria. Todo está bien. Hemos doblado el cabo.

Y así pasamos aquella noche.

A la tarde siguiente, cuando la patrulla de rescate vino a sacarnos del sótano, sepultado bajo los escombros de la torre, el sol era tibio y amarillo.

—Se vino abajo, eso es todo —dijo McDunn gravemente—. Nos golpearon con violencia las olas y se derrumbó.

Me pellizcó el brazo.

No había nada que ver. El mar estaba sereno, el cielo era azul. La materia verde que cubría las piedras caídas y las rocas de la isla olían a algas. Las moscas zumbaban alrededor. Las aguas desiertas golpeaban la costa.

Al año siguiente construyeron un nuevo faro, pero en aquel entonces yo había conseguido trabajo en un pueblito, y me había casado, y vivía en una acogedora casita de ventanas amarillas en las noches de otoño, de puertas cerradas y chimenea humeante. En cuanto a McDunn, era el encargado del nuevo faro, de cemento y reforzado con acero.

—Por si acaso —dijo McDunn.

Terminaron el nuevo faro en noviembre. Una tarde llegué hasta allí y detuve el coche y miré las aguas grises y escuché la nueva sirena que sonaba una, dos, tres, cuatro veces por minuto, allá en el mar, sola.

¿El monstruo?

No volvió.

—Se fue —dijo McDunn—. Se ha ido a los abismos. Comprendió que en este mundo no se puede amar demasiado. Se fue a los más abismales de los abismos a esperar otro millón de años. Ah, ¡pobre criatura! Esperando allá, esperando y esperando mientras el hombre viene y va por este lastimoso y mínimo planeta. Esperando y esperando.

Sentado en mi coche, no podía ver el faro o la luz que barría la bahía Solitaria. Sólo oía la sirena, la sirena, la sirena, y sonaba como el llamado del monstruo.

Me quedé así, inmóvil, deseando poder decir algo.