Limyaael 004 Creando personajes que respiran

Por: Limyaael

Traducción: José A. Cantallops Vázquez

¿Tengo que decir una vez más que estas reglas son «personales»? Espero que no. Si están publicados en Livejournal y pertenecen a una cuenta con mi nombre, espero que sea lo bastante obvio.

Una breve definición de términos

«Respirar», para mí combina los términos «real» y «complejo». Simplemente prefiero usarlo porque creo que es posible crear personajes estereotipados que parezcan tener vida y, personajes con complicados pasados y personalidades que no están más vivos que el boceto original del autor. Prefiero evitar ambos problemas tanto al leer como al escribir, así que por eso acuñé el término «respirar» para la combinación de ambos.

También prefiero evitar el término «simpático». Si tu personaje respira, él o ella puede ser un pequeño diablo o un villano muy bien escrito. Esto no es solamente sobre crear héroes. Como mencioné en el post sobre protagonistas femeninas, uno de los más grandes errores que cometen los escritores novatos (y muchos de los escritores profesionales) es derrochar toda su habilidad creativa en el personaje principal, arriesgándose así a crear personajes cuyas personalidades apestan, y cuyo mundo gira alrededor del protagonista, no alrededor de lo que quieren hacer.

1) Escoge un punto de vista

Esto puede parecer bastante obvio, pero muchos escritores novatos, a menos que escriban en primera persona, cambian de cabeza en cabeza aleatoriamente, o solamente faltan fuera de los personajes y cuentan la historia en un estilo dramático y omnisciente. Te ruego que reconsideres esto.

Los estilos omniscientes están bien si sabes cómo manejarlos, pero aun así pueden ser molestos; hay partes del Señor de los Anillos dónde deseo que Tolkien hubiera seleccionado un personaje a través del cual hablar en vez de describir detalles que ningún otro personaje podía. Recuerda quién está hablando, y recuerda qué sabe y qué no. Si estás escribiendo un fanfic de Harry Potter desde el punto de vista de Hermione, entonces, repentinamente no escribas lo siguiente: «Harry le dedicó una mirada llorosa. No podría comprender qué le había sucedido en el verano.» La primera oración está describiendo algo que Hermione puede ver, pero no sabe la causa; podría incluso malinterpretarlo completamente. Y si no puede comprender qué le sucedió a Harry en el verano y él no se lo ha contado, entonces, ¿a qué punto de vista pertenece la segunda oración?

2) Recuerda qué les importa o no a los personajes

Si vas a pasar muchísimo trabajo para establecer a un personaje como enemigo de la heroína, entonces podría tener sentido que todos sus pensamientos giraran felizmente alrededor de ella. Pero si hay otro asunto sobre el que debe preocuparse, y es más inmediato, digamos, su propio entrenamiento mágico, que por las disputas de la heroína, ¿por qué estaría constantemente chismeando y pensando en ella? Ahí está la marca de la Señorita Apestosa en acción cuando incluso tus personajes menores, o algunos con preocupaciones más importantes, se la pasan todo el tiempo pensando acerca de los apuros de tu heroína.

3) Dale a tus personajes muchas emociones

Esto puede parecer muy simple, pero es increíble cuántos personajes se vuelven máquinas de angustia, cariño, o lo que sea que necesite el autor que sean en ese momento. Digamos que tienes un personaje que es lingüista. Ella acaba de comenzar la difícil y delicada traducción de un documento del élfico al lathiel, la lengua humana de su reino. Ha sido presentada como un personaje práctico y serio, que está muy preocupado acerca de este documento. ¿Pero eso significa que si derrama el té sobre sus notas negará sobriamente con la cabeza y seguirá adelante? Está bien que se enfade y maldiga (o cualquier cosa que consideres una reacción adecuada, como intentar limpiar frenéticamente el té, buscar ayuda o, quizás, comenzar a llorar). Haz que los personajes reaccionen como lo hacen las personas, no como máquinas.

4) No hagas a tus personajes esclavos del argumento

Si es muy importante que los héroes averigüen que quieren hacer los chicos malos, hazlos lo suficientemente inteligentes como para averiguarlo, o quizás crea a un traidor y dale una personalidad. No les des un repentino flashazo de intuición, inspiración o un sueño profético, a menos que hayas establecido que esto es algo que le sucede al personaje cuando se expone a una situación de peligro. De una sacerdotisa que ha tenido sueños proféticos toda su vida se puede esperar razonablemente que tenga una revelación de este tipo. Un personaje que no tenga ningún talento mágico, sin embargo, sería un candidato poco creíble. He tenido la experiencia de escribir un personaje que improvisa y trata de ser inteligente en situaciones difíciles, muy literalmente; comienzo a escribir la escena sin saber qué hará a continuación y he tenido una respuesta muy, muy entusiasta de mis lectores, quienes estaban bastante felices de que no reventara a los atacantes con una tormenta de fuego.

Dale a tus personajes cosas que harían, no cosas que necesita el argumento que hagan.

5) Dale profundidad y riqueza a tus personajes

Si puedes mencionar pequeñas cosas que no hagan retoñar líneas argumentales ni desordenen la historia. Quizás un personaje que se esfuerce mucho por pintar pero sea un verdadero desastre. Esto tiene por qué convertirse en una pieza clave para el argumento sesenta páginas después. A menos que estés escribiendo un misterio, no te recomendaría que cada pequeña cosa que haga o sea mencionada por tu personaje termine siendo una increíble revelación. Este tipo de puzle de palabras cruzadas es grandioso en las circunstancias adecuadas, pero si tus lectores no están advertidos pueden llegar a irritarse si se les pide que recuerden que, porque a Harald le gusten los gatos, eso significa que debe ser un genial jugador de ajedrez. A la inversa, si no eres sutil con este tipo de cosas, los lectores podrán ver venir tu «inteligente giro argumental» desde una milla de distancia. «¿Oh, así que ella puede pintar imágenes que pueden cobrar vida, pero no lo hacen? Entonces, ¡por supuesto que cobrarán vida en el momento justo para salvar el día!».

6) No escribas perfiles de personajes Correcto. Dije que no. Son cosas muy mecánicas y, como he dicho antes, son personas que respiran las que caminarán por tus páginas, no máquinas. Puedes empezar con algunos hechos básicos acerca de tus personajes: «Jaeni es testaruda, tiene ojos azules, y realmente no quiere sacar la espada de la piedra». No intentes saber cada pequeño detalle del personaje antes de comenzar a escribirlo. Si tienes una entrada en cada perfil de personaje para: «¿qué le gusta beber?» y escribes té para Rieni, y nunca la vemos beberlo, ¿cuál es el punto? Desgraciadamente, algunos autores se sienten compelidos a mencionar que a Reini le gusta el té si han escrito esto en su perfil, aun cuando puede no tener un espacio dentro de la historia. Este tipo de cosas también harán sentir a tu historia mecánica y convertir a tu personaje en una cosa.

7) Gasta al menos un pequeño tiempo compenetrando con cada personaje

Esto no significa que tengas que escribir capítulos para cada punto de vista, pero intenta comprender qué los hace vivir. Quizás la enemiga de la heroína, quien constantemente rasga sus ropas y la humilla, no lo hace sin una buena razón, sino porque una vez tropezó y la heroína se rio de ella frente a toda la escuela, y eso es algo que su enemiga no puede perdonar. Cada personaje tendrá sus motivaciones, razones, ideas y creencias que parecen correctas para él. Te recomiendo adoptar un punto de vista neutral como autor. No crees personajes solo para atormentarlos, a menos que estés escribiendo alguna parodia o una obra que nunca mostrarás a nadie.

Apegarte demasiado al bando de tu héroe  y reírte del abusador, como lo harías tú, y no desde la mente de tu héroe, es otra manera de plantar Señoritas Apestosas en un mundo repleto de robots y, demasiado a menudo, es algo que arrastramos de la época de la secundaria, cuando la autora no era capaz de imaginar que las compañeras que la atormentaban tenían vidas y mentes tan complejas como ella.

8) En una onda similar, no crees un personaje solo para que tu personaje principal lo atormente y triunfe sobre él

Puedes pensar qué es lo que necesita la historia. Pero créeme, no es así. La Señorita Apestosa y las historias que tienden a seguir este patrón (por ejemplo, los argumentos de la mayoría de los romances genéricos), lo necesitan. Aquí, la Otra Mujer debe ser simple y superficial, una perra o cualquier otro estereotipo que tenga el autor en mente.

Pero eso no es un personaje que respira. Ni tampoco una Señorita Apestosa. Cada personaje debe tener su propia vida lejos de la heroína, aunque la forma de pensar de esta sea la predominante en la historia. Si estás escribiendo desde el punto de vista de un personaje que es incapaz de tener esta visión, trabaja para asegurarte de que el lector sepa que tú, el autor, no eres tan ciego.

Insertando pequeñas contradicciones en la historia entre lo que piensa tu ciega heroína que debería suceder, y lo que sucede realmente, es una forma de hacerlo. Tu heroína puede no darles importancia y seguir adelante. Tus lectores sabrán la verdad, que hay un mundo más amplio allá fuera, que tu heroína no comprende.

9) No hagas a tus personajes demasiado dramáticos

Esto es en parte para evitar convertirlos en Señorita Apestosa, pero también significa no hacerlos los mejores en todo lo que hacen, la más bella, la más inteligente, la más poderosa, la más talentosa. Dales defectos, por supuesto, pero también dales debilidades inesperadas. Piensa en las consecuencias de tener una gran habilidad. Si un personaje ha dedicado su vida a aprender como tocar bien el arpa, ¿debería ser también la criatura más hermosa de la creación? Para empezar probablemente no se preocuparía de forma obsesiva por su apariencia. Y, algunas veces, una habilidad puede ser un impedimento para un personaje. Digamos que tienes a un gran espadachín, que es famoso por su habilidad. Entonces, el señor que lo captura le quita su espada. ¿Resultará que también será un gran luchador en el combate mano a mano? ¿O se congelará, dudará y entrará en pánico?

10) Dale tiempo a tus personajes

Uno de los términos que he llegado a odiar firmemente mientras más leo a escritores novatos en internet, es el «argumento conejo». Este es, al parecer, por lo que he podido entender, una inspiración repentina o idea para una historia que el autor comienza a escribir casi de inmediato. Algunas veces funcionan. La mayoría de las veces, los «argumentos conejo» se asemejan a otras historias gastadas (Las «Mary Sues» tienden a ser así), o carecen de la suficiente fuerza motriz para darle mucho al autor y la historia colapsa a medio camino. Recuerda que parte de tu trabajo será siempre trabajo. No deberías confiarle todo a la inspiración. Y no deberías comenzar a escribir un personaje en el mismo momento en que lo imaginas.

Piensa en ella, dale tiempo. Actualmente estoy escribiendo una novela cuyos personajes ideé hace diez años. Pensé muchas veces en escribir la historia, pero estoy feliz de haber esperado todo este tiempo. Uno de los personajes principales, Somal, iba a estar medio loco, pero no me di cuenta hasta hace unas pocas semanas de que había tenido una relación incestuosa con su hermana, y esta relación está ahora tan integrada a este personaje que me pregunto cómo no pude haberlo sabido antes.

11) Escucha a tus personajes

Si mientras escribes descubres de repente que la mujer sobre la que estás escribiendo tiene los ojos grises, no te esclavices en tu concepción inicial de que los tenía verdes.

En la mejor de sus formas, la escritura es una conversación continua con el personaje, o incluso llega a convertirse en el personaje.

Nunca temas cambiar algo a medio camino. Siempre puedes regresar y revisar si el cambio no funcionó. Pienso que la mayoría de las veces funciona, y que los personajes menos vivos son aquellos que sus autores claman haber tenido todo planeado desde el inicio y nunca cambian nada.

12) No tomes el camino fácil

Si sabes que el mejor final para tu historia es que el héroe muera, no evites ese escollo solo porque estás enamorado del personaje. De hecho, enamorarse de un personaje es algo que no recomiendo. Amarlos es una cosa; estar locamente enamorados y atados emocionalmente a ellos es otra muy diferente. Esto no solo te guiará hacia finales clichés, sino a otros problemas que mencioné antes: crear personajes cuyas percepciones son supuestamente idénticas a la realidad, crear personajes que estén ahí solamente para que el personaje principal se luzca, etc.

13) Mantente fiel al personaje

Si tienes un personaje que es poeta, quizás sea permisible que repentinamente comience a hablar acerca de ojos como el cielo al atardecer. Si tienes un marinero puede comenzar a hablar en jerga marina. No insertes diálogos que tus personajes no usarían.

Pienso que el diálogo es una de las cosas más fáciles de manejar en estos casos. La descripción, exposición y acción, cosas supuestamente incluidas en la voz narrativa, pueden también quedar atrapadas en un estilo que no se ajuste al personaje. Deja que el bardo se vuelva rapsódico sobre las montañas si estás dentro de su punto de vista.

Pero no esperes que alguien que ha vivido toda su vida en ellas repentinamente comience a hablar sobre cuán hermosas son, solo porque quieres que el lector aprecie tus habilidades descriptivas. Si tienes una historia guiada por argumentos, que definitivamente necesita que ciertas cosas sucedan en determinados puntos, escoge el personaje adecuado para el trabajo. Si tienes una historia guiada por personajes (siempre el mejor tipo de historia, pienso yo), entonces acepta que el lector no va a escuchar sobre cuán absolutamente hermosas son las montañas; díselo luego. O no lo hagas.

Ciertamente, no todos mis personajes respiran, pero me gusta pensar que la mayoría de ellos lo hace, y que si reconozco a uno dando bandazos de robot u a otro que encaja en la mesa de disección, los amarro y hago que los parta un rayo.

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