Por: Limyaael
Traducción: José A. Cantallops Vázquez
Aquí tenemos a una adolescente imaginaria. Llamémosla Jenny. Digamos que Jenny escribe fantasía. Aunque solo tiene 14 está determinada a convertirse algún día en una autora de fantasía tan grande como Tolkien.
Está escribiendo su primera historia «Krystalynne la princesa», que es acerca de una chica de la Tierra llamada, por supuesto, Krystalynne, quien descubre que en realidad es la princesa de Temora, un reino mágico parecido a la tierra, y que fue enviada a la Tierra catorce años atrás para su protección. Ahora su madre, la Reina la quiere de vuelta en Temora, pero el Señor Oscuro quiere evitar su regreso, ya que ella es la única capaz de derrotarlo.
Jenny decide que quiere compartir su historia con todos, así que la postea en fictionpress.com. Y digamos que las primeras tres reseñas que tiene la historia son adorables y halagadoras, rogándole a Jenny que escriba más. Ella se siente halagada, y su ego se dispara hasta al cielo.
Entonces, un día, llegan dos reseñas. Una es como esta:
«Esta historia no tiene ningún sentido de precisión histórica, y muchos problemas. Si Temora es una Inglaterra medieval, no dejarían que una mujer gobernara sin un matrimonio, y Krystalynne no tendría años para decidirse, las personas vivirían hasta los treinta, y es probable que hubiera muerto en su nacimiento. No habría palacios de cristal ni hadas voladoras tampoco. ¿Y por qué es que todo el mundo está esperando el regreso de Krystalynne? ¿Y por qué el Señor Oscuro está tan asustado de ella? No has explicado esto, solo nos los has dicho y esperas que lo aceptemos. Trabaja en el argumento un poco más, y modifica a Temora. Puede ser trabajable como un mundo de fantasía, pero no puedes basarla en la Inglaterra medieval sin haber estudiado esta época.»
La otra reseña decía:
«Esta historia apesta. Tú apestas. No puedes escribir acerca de un mundo original de fantasía, lo único que estás haciendo es juntar un montón de mierdas de Disney. Y este argumento es lo más manido del universo. CONSÍGUETE UNA VIDA.»
Ambas son de extraños, personas que Jenny no conoce.
Con lágrimas en los ojos, corre hacia su madre, y su madre le reasegura que es una fantástica escritora. A las personas que no le gustaron su historia fue porque tenían envidia de su talento. Y por supuesto, debería mantenerse escribiendo.
Jenny regresa a su computadora, secándose las lágrimas y lista para dar respuesta arrogante para aquellos a quienes no les gustó su historia: «Si no les gusta, no deberían haberla leído y ustedes apestan», y entonces va a escribir el siguiente capítulo, dónde Krystalynne conoce al apuesto príncipe del cual se enamora.
La siguiente reseña dice así:
«¿Por qué se enamoraron tan rápido? Nos contaste que Krystalynne se la pasa tropezándose con su vestido y desconoce los modales de la mesa. ¿Se sentiría el príncipe atraído por alguien así?»
Con lágrimas en los ojos, Jenny retira su historia de Fictionpress y postea en su lugar, «voy a dejar de escribir porque todos me dicen k apesto, y están equivocados. No pueden decirle a las personas k apestan, es perverso. No volveré a escribir nada nunca. ¿están felices ahora?»
¿Qué está mal en esta imagen? ¿Y dónde radica la culpa?
Diría que en Jenny.
¡Imposible! ¡Horror! ¿Por qué?
Tres razones:
- La mayoría de las cosas que escriben las personas cuando son jóvenes no son buenas. Estoy hablando desde la experiencia personal, y desde la experiencia de haber leído muchas historias, tanto fanfictions como originales, escritas por adolescentes. Los adolescentes raramente tienen la experiencia para representar emociones humanas realistas, y raramente tienen el sentido de la historia literaria para saber lo que se ha hecho antes. A veces surge alguna excepción, pero las posibilidades de que Jenny sea una excepción son muy pocas. Escribir una historia cliché, llena de convenciones, solamente va a confirmar la impresión de las personas. La escritura debería ser puesta en internet, u ofrecida para el consumo público, solamente cuando estés convencido de que es lo mejor que puedes hacer.
- El mundo no es el espejo personal de Jenny. No necesita reflejar su espalda bajo las luces más halagadoras, y los extraños, especialmente en internet, no tienen la obligación de hacerlo. Su pequeña rabieta no hace más que confirmar lo obvio, que no puede aceptar las críticas, y no es lo suficientemente madura como para postear públicamente las historias que ha escrito; mira el número uno.
- Las ofensas que aparecieron (y no considero en esta categoría ni el primer ni el tercer comentario, solamente el segundo), no están bajo el control de Jenny; y decir algo como «¡¡Sin ofensas!!» solamente hace que vengan más rápido. Pero su respuesta a ellas lo es. Puedes decir tantas veces como quieras «está bien, estaba realmente enojada», «estaba cansada» o «¡soy una adolescente!» antes de hacer lo que hizo, y descender al nivel de los lloriqueos. Y si Jenny está tan enojada por las palabras de un extraño, que quita sus historias y no escribirá de nuevo, entonces merece todas las ofensas. Obviamente no está lo suficientemente comprometida con la escritura como para seguir adelante. Probablemente lo que realmente buscaba era atención.
Todo lo cual no es más que una larga forma de decir:
- Si apesta, no lo postees.
- Las personas no están obligadas a que les guste tu trabajo.
- Si las personas te dicen que apestas, la peor cosa que puedes hacer es confirmárselos.
Aaarrgghhh. No me gustan las ofensas y no las escribo, pero las respuestas lloronas que dejan los adolescentes me ponen firmemente del lado de los ofensores.



