045 Caracterización de los protagonistas, parte 2

Por: Limyaael

Traducción: José A. Cantallops Vázquez

Más líneas de Swinburne sobre heroicas figuras, de Tristan de Lyoneese.

Aún más justos de lo que las canciones pueden mostrarlos, esperan de pie

Tristán e Isolda, mano en amorosa mano,

Almas satisfechas, sus ojos grandes y brillantes

Con todo el amor de una noche entera;

Con todas sus horas todavía cantando en sus oídos

Nada de música mortal hecha de pensamientos y lágrimas,

Pero tal canción, de la pasada consciencia del hombre

Que los oyentes crecen entre los dioses y ellos no lo saben.

 

Este post, también toca cosas que he dicho antes.

  • Mantén un balance entre tus protagonistas y el resto de tus personajes.

He leído tantos libros de fantasía en los cuáles el autor parece haberle prodigado todo su cuidado a la creación del personaje principal, o, a veces, dos personajes principales. Los villanos se mantienen como personajes tipos, y los personajes menores pueden igual ser solo sombras.

Esta puede ser la mejor manera para terminar con un protagonista centrado en sí mismo, pero muy pocos héroes en la fantasía deberían centrarse solo en ellos mismo. De hecho, en muchos casos la voz autorial desde encima los anuncia como nobles/piadosos/empáticos/inteligentes, así que los lectores están evidentemente inclinados a creer que lo son. Aun así en muchos de esos mismos casos, los “héroes” notan a las otras personas como algo relacionado con ellos. Los personajes secundarios sollozan y el héroe les pregunta que les pasa, y resulta que ella está llorando por un amor perdido, justo como el héroe. Similarmente, los otros personajes gastan demasiado tiempo pensando en los héroes, o son mostrados como idiotas por pensar sobre ellos mismos, mientras la misma cosa no es un error sí lo hace el héroe.

Pienso que en particular este es un problema que tiene la fantasía porque demasiadas veces se supone que el héroe sea el centro del universo, o el equivalente local. Insistiendo demasiadas veces en esto puede darle urticaria a tus lectores. Intenta implicar otras cosas que no sean decisivas, y sí lo estableces, has que las otras personas tengan reacciones realísticas, como tener envidia, resentimiento, o calcular que significará esto para su propia posición. (¿Cómo, por ejemplo, se sentiría el hermano menos de alguien que ha salvado el mundo?) A veces, pueden olvidarse completamente de los héroes. No es su búsqueda después de todo.

Autores que hacen esto bien son Guy Gavriel Kay, George R. R. Martin y Carol Berg.

  • Haz a tus protagonistas algo más que la suma de sus destinos y sus magias.

La heroína es la más bella, maravillosa y poderosa maga en el mundo, y va a salvarlos porque es un destino que solo ella posee.

Bien.

¿Pero como es la ella debajo de todo eso? ¿Cómo era antes de que aprendiera sobre su destino? ¿Cómo es en las áreas de la vida que no tienen nada que ver con la magia, la belleza o salvar el universo, como por ejemplo, la cocina? ¿Podría sobrevivir por su cuenta en el medio de un tormenta de nieve? ¿Sí estuviera atrapada en el medio de dicha tormenta de nieve con otra persona, consideraría el canibalismo?

Sí todas las respuestas están relacionadas con sus habilidades, por ejemplo, nunca consideraría el canibalismo porque podría usar su magia para librarse de la tormenta de nieve, entonces este es un personaje problemático. Los personajes ficticios no deberían ser solo un conglomerado de magia más de lo que deberían ser un conglomerado de rasgos personales resentidos. Puede saber que pueden hacer, pero ¿sabes quiénes son? ¿Qué harían en una situación dónde estuvieran desvalidos?

Sí haría cualquier cosa perfectamente, y sí nunca habría una situación dónde el personaje quedaría desvalido, entonces hay más de un problema. Considera un alejamiento o…

  • Mata a tus queridas.

Esta frase, dicha por Arthur Quiller-Couch, se refiere a las palabras en las historias que amas, pero puede ser aplicada con beneficio también a los personajes. A veces los personajes no sufren, o meramente escapan de las consecuencias de sus acciones, porque el autor no puede soportar dejarlos sufrir. Otras veces, el autor “se enamora” de un personaje, y dejar que tenga más parte en la historia del necesario, lograr todo lo que él o ella soñó, y decir todas las frases inteligentes e ingeniosas.

Este puede ser el detonador de casi todos los otros problemas con la caracterización, especialmente la fantasía, dónde los personajes pueden ser mucho más especiales de lo que él o ella serían en cualquier otro lado. El autor no crea a otro personaje con tanta profundidad, no define ninguna debilidad y sí lo hace es solo con el objetivo de hacer lucir más simpático al personaje, y a veces, se identifica con él a tal punto de convertirlo en una Mary Sue/Marty Stu. La historia deja de ser la historia del mundo de fantasía, o de las relaciones del personaje principal con el mundo y no las personas a su alrededor, y se convierte en la Historia del Personaje. Esto puede suceder incluso con personajes que no son los principales, como cuando el autor se fascina con un personaje menor y le da más y más tiempo en la historia.

En ese caso, lo que necesitas hacer es que el personaje sufra dolorosas consecuencias reales, que cometan errores, caracterizarlos como personas falibles, y sí, quizás matarlos. A menos que a esto siga una falsa y brillante resurrección, nada destruye mejor la ilusión de invulnerabilidad que la muerte.

  • Caracteriza a tus personajes de otra forma que no sea solo mediante el monólogo interno.

Amo la introspección de los personajes en la fantasía, y he escrito muchos de ellos. Pero cuando la introspección ocupa una gran porción es preocupante. Los personajes que se sientan durante largas parte del libro para meditar sobre sus vidas y los secretos del universo, eventualmente se vuelven aburridos. Esto, nos guste o no, es una herencia de la fantasía, así como los grandes hechos épicos y el valor. Sí tu libros no tiene grandes batallas, entonces necesita otras cosas que provean acción, como misterios, intrigas políticas o tensión psicológica. Se necesita un buen autor para hacer un libro solo o incluso en su mayor parte sobre un personaje meditando, e incluso es más difícil escribirlo en la fantasía.

Incluso sin esto, el monólogo interno puede ser una pobre herramienta. Sí el personaje está esencialmente contándole al lector todo lo que necesita saber en largos flashbacks, algo así cómo “Ha estado tan sola desde que Flopsy su gusano muriera. Estaba sola todos los días. Aprendió el canto de las aves solo porque no hay otros con quién jugar…” o tener continuas lecturas de sus pensamientos, entonces esto se vuelve una excusas para los infodump.[1] La única excepción que puede pensar para esto es una narrador en primera persona, y entonces se necesitaría un narrador muy interesante, que también sea capaz de mantenerse en comunicación con las otras personas y mantener la historia en movimiento.

Mira con dureza los pensamientos de tus personajes. Pregúntate a ti mismo sí realmente necesitan estar allí, y cuántos de ellos están centrados en regalar información sobre el personaje y el mundo. Entonces corta, corta y corta.

  • Reduce la cantidad de experiencias y rasgos del personaje que vienen de ti.

Aprendí esto de la manera dura. El punto de vista de mi primer personaje en la primera trilogía que escribí incluía mucha información sobre mi propia vida, como hacerse un esguince en el tobillo y la frustración con las personas que son hipócritas. Pero no encajaba muy bien en la historia, y pronto encontré que eran menos interesantes que las partes en que lo maquillaba un poco.

Este es el principal problema con este tipo de personajes. Sí el personaje empieza a cambien en otras direcciones, o sí la historia lo requiere, puedes no sentirte dispuesto a dejarlo ir, porque, después de todo, el personaje está basado en ti, o eso realmente sucedió, y tiene que mantenerse así.

Pienso que hay dos tipos de necesidades a la hora de escribir una historia: la necesidad práctica y la necesidad de la historia. Apiñando eventos que realmente ocurrieron allí solo porque sucedieron, violan la necesidad de la historia, los giros del argumento y el mundo, por el amor de una necesidad práctica autoindulgente.

Por supuesto a veces, un incidente puede encajar realmente bien; pienso que escribo bastante bien sobre los personajes experimentan vértigo cuando están buscando algo desde una gran altura porque yo lo he experimentado. Pero últimamente, “Escribe lo que conoces” es usado demasiado a menudo como una excusa para crear pálidos personajes o Mary Sues. Las personas piensan que tienen que escribir sobre sí mismos, porque no conocen a nadie más. Pero considera cuanto cambian las vidas de las personas, y cuan fácilmente nos defraudamos a nosotros mismos, digo que este dicho es mucho menos útil de lo que realmente piensan las personas.

  • Escucha al protagonista.

Probablemente lo has sentido, ese maravilloso momento cuando el protagonista viene a la vida y controla la historia. Entonces el se mueve más allá del perfil, vive y respira, dando saltos arriba y abajo sin descanso.

Sin embargo, demasiados autores con personajes vivos los mantienen atados a esos perfiles de personajes o notas argumentales. No puedo pensar en otra explicación de por qué los personajes cambian durante el transcurso de una historia y todavía, al final son forzados a un matrimonio, ser mártires o algún lugar dónde ya no encajan. Sospecho que el autor ha planeado su desarrollo demasiado temprano (y quizás siente que él o ella los necesita, como los matrimonios en la fantasía romántica), y es más reluctante a arriesgarse y expandir el argumento para ampliar la suela de un protagonista que ha crecido y está contenido en un lugar demasiado pequeño.

Sí tu personaje está “destinado” a una persona en particular al principio de la historia, pregúntate a ti mismo sí todavía se aplica esto al final. Pregúntate a ti mismo que tienes que perder sí sales con un maravilloso e inesperado giro argumental en el que alguien más salva el mundo en vez de tu héroe. Trabajar en los límites es un arte, así como escribir poesía que rime, pero también lo es cuando rompes los límites y escuchas a tus personajes. Y, por supuesto, pienso que estas últimas son las mejores historias.

 

Puede que tenga más mañana. Veremos.

[1] Vertederos de basura, cuando el autor se pone a hablar en largos párrafos y la narración se detiene.

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