Autor: Limyaael
Traductor: José A. Cantallops Vázquez
Pienso que esto es incluso más personal que los anteriores. Pero entonces, tiendo a mirar a los personajes que proveen los puntos de vista en el libro como las personas más importantes del libro y, me aburro e impaciento cuando el autor los convierte en personajes que encuentro demasiado perfectos.
1) Intenta presentar a tu protagonista primero mediante sus malas características, mientras al villano con las positivas.
Esto hace que tu audiencia se interese, mientras les dejas saber que no estás escribiendo caricaturas. Sí es la primera vez que vemos que un héroe está salvando a alguien de un asesinato, mientras es la primera vez que vemos al villano destripando a alguien (estoy hablando de ti, Terry Goodkind), no hay duda de sobre quien deben recaer nuestros ánimos. Y de ahí en adelante, todo es demasiado fácil para el autor de seguir mostrando al héroe como el Sr. Sin fallas, mientras el villano seguirá siendo tan maniaco homicida incluso sí se supone que no sea uno.
He perdido la cuenta del número de libros que he leído dónde la escena de apertura muestra al héroe siendo objeto de bulling, ridiculizado o tirado en el suelo, o también haciendo algo heroico. Antes de siquiera conocer a esta persona, el autor está actuando como una escuadra completa de animadoras. Mientras el villano está violando a alguien, torturándolo o planeando sus maléficos planes. El autor intenta empujar mi simpatía. Planto mi pie y digo que, “No.”
Es mucho más interesante, pienso, que una audiencia descubra que tu héroe tiene defectos, mientras que el desplazamiento del villano entre el bien y el mal puede causar una sorpresa impactante.
2) No disculpes cada resentimiento que tiene tu protagonista.
El resentimiento es la maldición de los personajes de fantasía. Solamente se supone que sean los chicos malos quienes aparentemente lo sientan. He leído de héroes que han cometido errores, pero al menos la mitad de las veces esos errores se convierten en lo correcto al final del libro. Realmente estaba en lo correcto al matar a esa persona o, hizo lo mejor que posiblemente se podría hacer, al no elegir entre dos males menores.
Esto es hacer trampa y puede regresarte el sentimiento de que tu mundo de fantasía es solo papel cuando has gastado cientos de páginas convenciendo a tus lectores de que esos árboles no son de cartón y no hay un pequeño hombrecito tras la cortina.
Tus protagonistas pueden superar la culpabilidad y el resentimiento viendo las buenas consecuencias que han traído una mala decisión, pero no deberían ser disculpados por medio de un deus ex machina. Nada de hombrecillos apareciendo al final de la historia para decir que el “inocente” que murió por la espada del héroe era realmente un tirano sediento de sangre, sería como un paciente cuyas extremidades fueran cortadas y le agradeciera al doctor y le dijera lo mucho más maravilloso que es su vida ahora. Pienso que los héroes son personas que saben que debe ser hecho y hacen la decisión porque más nadie puede, no alguien que instintivamente haga lo correcto.
3) Arriésgate con la moral del héroe.
Incluso sí nadie más en el mundo piensa que una práctica en particular, digamos, sacrificar vírgenes, está bien, el héroe será la única persona que pestañeará y gritará, intentando rescatar a la virgen atada, olvida que la necesitan para hacer crecer el maíz.[1]
Sí, realmente tiene un montón de sentido que un adolescente que ha crecido en medio de una cultura en particular de repente decidiera que todo lo que ha sido aceptado está mal y, deberían vivir de acuerdo con los estándares del mundo del que proviene el autor.
(Sí tomaste seriamente la oración anterior, por favor, regresa y léela de nuevo).
No siempre tienes que corromper a tus héroes pero intenta hacerlos grises a veces. Quizás aprendan lecciones morales de los extranjeros, pero al menos deberían tener que aprender algo, no solo saber lo que una audiencia del siglo XXI aprobaría. He discutido esto antes, con los héroes y el racismo. Tampoco es que vuelva el racismo completamente justificado, como en contra de razas malignas como los orcos, o que el héroe nunca se ha sentido así. Cuáles son las posibilidades de que alguien creciendo en una sociedad dedicada a combatir esos elfos malvados día y noches, alguien que probablemente ha visto las heridas infringidas y las muertos por flechas élficas, alguien que ha escuchado las viejas historia de batallas una y otra vez, ¿no odie a los elfos?
4) No pongas a tu héroe automáticamente en la cima de cualquier jerarquía.
Digamos que tu heroína repentinamente es capaz de usar el Poder de los Nueve. No debería ser contada como el mago más importante y poderoso del mundo. Por una cosa, no tiene ningún entrenamiento. Otra, no sabe mucho acerca de política, historia, las limitaciones del Poder de los Nueve, o cualquier otra restricción legal sobre la magia que el resto de los magos sí conocen.[2]Es un desastre en potencial, no una reina instintiva. Puede pensar que es el mago más poderoso e importante del mundo, pero podría no ser cierto.[3]
Lo mismo se aplica cuando un héroe encuentra que es un heredero real, o cuando alguien se convierte en el centro de una profecía, o en el peor de los casos, cuando el autor empieza a hablar de un personaje en la primera página de un libro de fantasía. Todo se reduce a líneas laterales; el resto de las cosas puede ir a ahorcarse. Este héroe o heroína tiene importante no solamente para el argumento de la historia, sino para cada jerarquía política, cada tradición mágica y cada profecía. Se harán excepciones para él o ella que no habían sido hechos nunca antes para ningún otro personaje.[4]
Hay muchos libros de fantasía que logran evitar esto, mayormente porque dejan en claro que hay demasiadas cosas en los mundos de fantasía fuera del personaje. Kay y Martin son maestros en esto, pero Carol Berg también lo hace muy bien. A pesar de que su personaje principal, Seyonne, tiene que atravesarlo y además del hecho de que cuenta la historia en primera persona, hay guerras, muertes y cosas importantes sucediendo fuera de su consciencia inmediata. Él está teniendo continuamente desagradable sorpresas.
Mucho mejor hacer esto que hacer a tu personaje el pináculo automático. Muéstrale luchando para llegar allí.
Y eso es otra cosa.
5) Se supone que los héroes sean capaces de realizar actos heroicos.
La competencia instintiva no es solo un problema porque hace al personaje aburrido; hace al personaje menos héroe. No cuento como un acto heroico que la princesa Krystalynne derrote a cada villano al final del libro, no sí se que sabía manejar el fuego desde el principio y todos sus profesores se ocultaban indefensos tras ella cuando intentaban enseñarle algo. No sí tiene un destino, un amor perfecto tejido la primera vez que conoció al guapo príncipe Whackadoodle. No sí el único personaje que podría desafiarla, como un igual en la escuela o peleas, no existe o es un superficial aterrador y simple.
Es una impostora que no merece su éxito. Y el autor es un incompetente intentando convencerme de que no sabiendo que usar en el banquete, o estar sentada tras las líneas apretándose las manos mientras otras personas son quiénes se arriesgan, es una forma legítima de sufrimiento y problemas.
Muéstrame héroes haciendo cosas, no solamente en el gran clímax. Muéstrame heroínas que puedan pensar, no solamente acerca de sus ropas o sus padres querían que actúen como señoritas y cuan odioso es esto. Muéstrame personas que no les guste la guerra y así intentan detenerla, en vez de pararte en el camino de los soldados y hacerlos regresar. Los héroes sufren y tienen problemas, ambos al mismo tiempo. Uno sin el otro puede hacer a tu personaje un mártir desamparado o la mascota mimada del autor que superará cada “problema” sin un rasguño.
6) Revisar lo que ha hecho el personaje no moverá la historia hacia delante.
Cada página que la heroína gasta sentada en una mesa y piensa acerca de la muerte de sus amigos, sus odiosos padres y su increíblemente dura vida es otra página que no estará fuera luchando contra los malos, probando que es mejor que su gente sea quién derrame la sangre y no ella, o rescatando al príncipe encerrado en la torre más alta. La audiencia sabe que debe atravesar el personaje, la mayoría de las veces; en los libros de fantasía ocurren los sucesos más traumáticos de la vida de los protagonistas, no después. No necesitan que le recuerden que la heroína vio morir a su familia en el capítulo 1, cuido a un gato que había sido herido de muerte en el capítulo 2 y casi ahogado en el 3. Además, demasiado lloriqueo y quejas, harán lucir a tus personajes como pañuelos húmedos y no héroes.
Incluso dejando que el dolor se asiente no es algo debería suceder de la misma manera para cada personaje. A veces me parece que la única manera de lidiar con el dolor para los héroes en la fantasía es angustiarse, con quizás con un acompañamiento de culpa. No se lanzan de lleno al trabajo, intentando evitar pensar en ello, dejar atrás el pasado, todas reacciones normales entre personas reales. Ellos simplemente se entregan a los placeres de la vida.
Aburrido. Es especialmente aburrido sí tu personaje por mucho no ha mostrar ninguna tendencia a entregarse a los placeres de la vida o la autoflagelación, sino que lo hacen en el momento en que decides recordarle a tu audiencia que dura vida a tenido. Para mi, la mayoría de mis bostezos los obtienen estas partes del libro, con el personaje revisando todo lo que yo ya sé hasta el más mínimo detalle, preguntándose sí hubiera alguna manera de evitarlo y concluyendo que no hay forma, o chico, realmente eres un soso patético miserable bastardo. Sí, sí, sabemos cada nota y paso de esta canción y baile. ¿Podemos saltárnosla, por favor?
De cualquier manera, la lástima no es la mejor emoción que un autor de fantasía debería invocar.Pienso que necesitamos a los héroes, porque simpatizamos y los admiramos, no héroes que quieras coger y enrrollar en una paca de lana.
Parece que he leído demasiados libros de fantasía con este tipo de héroe últimamente. Especialmente la última saga de Lynn Flewelling y algunos clones aterradores de Mercedes Lackey. Necesito releer de nuevo a Kay, Martin y Berg.
[1] Terry Pratchett, maestro de la sátira, se burla de esto en Luz Fantástica, cuando rescatan a una virgen que estaba a punto de ser sacrificada por los druidas. Cuando la desatan del altar, les empieza a gritar furiosa que porque lo habían hecho, que ahora toda su juventud había sido desperdiciada, con todas las oportunidades que había dejado pasar para conservarse pura.
[2] Sin contar con que, bien, eres la más poderosa, pero no eres la más ingeniosa. Como hemos venido demostrando los humanos, el ingenio gana a fuerza bruta el 90% de las veces.
[3] Esto me recuerda a Kvothe, cuando la prestamista le demostró, que ni de lejos, era tan bueno.
[4] Como diría Limyaael, sí, estoy hablando de ti, Richard Rahl.





