Artículos sobre fantasía y escritura

Amor y literatura fantástica la diatriba enojada de una fan no tan enojada, Daniela Pérez Rodríguez

Por: Daniela Pérez Rodríguez

Aclaraciones

Las opiniones expresadas en el siguiente artículo no son más que el resultado de mi experiencia de muchos años leyendo este maravilloso género llamado fantasía. En ningún momento tengo la intención de ofender o menospreciar a los autores o las obras que cumplan con todas las características negativas del post, pero sí brindar a los escritores amateur o que no tengan experiencias en el género una muestra en de los errores en la manera de poner de manifiesto el amor y las reacciones románticas en sus escritos. O en su defecto, replantearse la necesidad de incluirlos.

No se tomarán en cuenta las novelas de fantasía romántica rosa, de esas que están dirigidas a un público femenino adolescente, que son trigo de otro costal, uno muy feo. De hacerse, solo sería una diatriba muy enojada que se extendería por páginas y páginas, hasta que el fantasma de Jordan estuviera más que contento, y no hay tiempo para eso.

El principio del fin.

“TODOS”, con mayúscula y comillas innecesarias, en algún punto de su vida han tenido una pequeña chispa de inspiración. Unos la ignoran, otros las vierten en algo que las apasiona. La escritura es un arte interesante, tuerce el leguaje hasta obtener algo que puede tocar a casi todos.

Escribir es divertido y un muy buen ejercicio mental, por lo que es imposible contar la enorme cantidad de escritores amateur que hay desperdigados por el mundo esperando a tener la oportunidad de publicar un gran éxito, tener lectores dedicados en algún sitio dentro de internet, ganar un concurso o hacer sonreír a sus amigos por un instante.

Este es un proceso apasiónate, pero la falta de experiencia puede arrastrar errores imperdonables al manuscrito.

 Una vez que se comienza a hilar una historia, se bosquejan los personajes y la trama, es común que el escritor sienta que necesita añadir algo para que su hijo amado (protagonista) no esté tan solo en el mundo cruel. Esto es especialmente cierto cuando se es joven. Hay algo que nos mueve a hacer eso, pero por el momento echémosle la culpa a las películas y series que consumimos.

La ficción especulativa sufre mucho de ese mal. Este artículo es una recopilación de errores comunes a mi parecer, como una suerte de diatriba enojada, pero sin llegar a ser una declaración de odio. Son las cosas que me gustaría que se incluyeran en la fantasía y breves explicaciones históricas.

Contexto, contexto, contexto.

Nunca está de más repetir esta palabra hasta el hastío.

Este amiguito de arriba tiene que ser el principal faro por el que se guíe cada escritor. A ningún autor de ficción realista se le ocurría que su señor de mediana edad, divorciado y fumador compulsivo, se encontrara con algo fuera de este mundo, como, por ejemplo, un dragón rojo a la vuelta de esquina. Justo entre la cafetería y el negocio de su vecino. A excepción de que dicha persona tenga alguna enfermedad allá arriba o el cigarro resulte ser, en un emocionante giro, uno de los prohibidos. Dejando claro esto, es sorprendente lo que hacen algunos escritores para juntar a dos personajes.

Cuando se establece una sociedad en una novela de fantasía se crea un mundo con sus propias reglas y cultura. Las diferencias de clases, pensamientos políticos o creencias religiosas son los determinantes que definen si se aceptará a una pareja o no, estos factores pueden parecernos poco importantes pero que resultan de vitales para no romper toda la armonía que se ha creado con anterioridad. Idealizamos el amor y nos guiamos por las reglas prestablecidas en los grandes medios que consumimos desde pequeños. Nos hacen deleitarnos en los amores imposibles donde los buenos y los oprimidos logran ser felices. 

Incluso ahora, en pleno siglo XXI, en países como la India están prohibidos los matrimonios entre personas de diferentes castas y religiones, muchos otros países tienen situaciones similares, donde las personas afectadas se cuentan por millones. Dicho esto, es difícil de creer que personas de diferentes status sociales, de razas diferentes, y no solo tomado el color de la piel como referencia, puedan llevar una vida mínimamente normal si se les ve juntos.

Para que esto pudiera suceder se tendrían que establecerse diferentes puntos. Una religión muy inclusiva, animista o que se limite a una serie de traducciones muy libres. Un historial de buenas relaciones entre las dos especies, algunos imperios no prohibían las relaciones entre sus ciudadanos y los conquistados para asimilar su cultura con mayor facilidad. Deben de tener compatibilidad bilógica ya que la descendencia es algo importante. Todo esto le brindaría contexto, además de enriquecer el mundo y su trasfondo.

Es abominable ver como toda la lógica de una historia se va al traste cuando el autor decide pegar con pegamento, saliva y un poco de confiable Deus ex machina con la única función de hacer plausible su “unión imposible.” Aunque no todo es necesariamente malo.

Una relación de naturaleza problemática en la sociedad es algo terrible si se usa mal. Pero en ciertos contextos puede ser un mecanismo narrativo interesante. Algo que aumente la armonía en vez de destruirla. China Miéville en su Estación de la Calle Perdido incorporó esto como una herramienta efectiva.

El humano y la Kepri, dos lados de la sociedad opuestos, ambos eran proscritos en sus respectivos campos. Son una pareja retadora en su sociedad, pero no del todo inconcebible, representaban el cambio y el ambiente turbulento que comenzaba a pulular en todos los asquerosos recovecos de Nueva Crobuzón, y eso por sí solo es una genialidad. Los diferentes puntos de vistas de estos dos individuos le brindaban diversidad a la trama y era un medio por el cual el autor podía mostrar lo esencial de su mundo, todas sus injusticias y maravillas.

Primer amor, de enemigos a amantes, un flechazo a primera vista.

Todo esto suena muy bien cuando se tienen quince años, pero si el público al que uno aspira contentar es un par de años mayor la cosa se complica.

Incluso si los protagonistas de susodicha historia tienen una media de quince años y se encuentran en una sociedad relativamente similar a la nuestra, con esa edad es un poco difícil que se encuentre frente a su primer amor en el curso de la historia. Los adolescentes de nuestra época son un poco más precoces. Este recurso además de incensario puede arruinar la estética de la obra, aunque el autor se esfuerce por tener un tono oscuro en el trasfondo de sus personajes, el efecto no será el mismo.

Otra cosa cuestionable que suele tirar a la basura el desarrollo de personajes son las relaciones de amor odio, u odio bilateral desde el principio. Cada vez que leo una de estas deseó que se acuchillen de una buena vez, así todos felices.

Es un cliché recurrente que mientras más incompatibles sean, mientras más superficiales sean sus riñas y más se odien dos personajes del sexo opuesto, mayor serán sus posibilidades de acostarse y luego desarrollar un romance totalmente incensario. No importa si estas dos mismas personas intentaron matarse con anterioridad, dejando expuestas todas sus interacciones anteriores como un berrinche infantil sin gracia ni sentido.

En la vida real existe algo llamado Efecto Puente Colgante, cuando una persona enfrenta el estrés de una situación peligrosa, comienzan a ver con mejores ojos a la persona que lo acompaña, más atractiva. Al hombre de hace unos cuantos miles de años le hubiera ayudado a sobrellevar un reto y ganar un aliado o a garantizar la continuación de sus genes. ¿Todo muy romántico, eh? Esto puede justificar algunas cosas, pero no es una varita mágica que cumple deseos.

Si tus héroes atraviesan diferentes peligros juntos pueden unirse más y entablar una mejor relación, pero ese efecto no será permanente, cuando vuelva la seguridad la que les pareció ser una persona encantadora puede transformarse en el misma de siempre, a la que amaban con toda su alma hasta hace poco.  El odio es algo difícil de borrar, somos rencorosos por naturaleza, e incluso después de que desaparezca por medio de un arco argumental, puede que ya no quieran matarse el uno al otro, pero eso no significa que allá atrás haya una gran lujuria cubierta de sentimientos amorosos.    

 No hay que temer a los viejos romances.

 Es increíble que no se muestren más viejos romances. Todo un desperdicio.

Existe una infinidad de novelas donde durante el trascurso de la trama se hila una relación romántica, algo que de por sí, no tiene nada de malo. El problema surge cuando la relación y los sentimientos que a ella acompañan son forzados o apresurados.

Como en el punto anterior, introducir el nacimiento de una relación puede ser algo tentador. En la literatura no faltan ejemplos de obras donde ocurre esto. Es algo popular entre los lectores más jóvenes y puede atraer a cierta parte del público femenino.  Existen muchas personas que se decepcionan al terminar un libro y notar que el protagonista no tuvo ningún tipo de relación romántica en el, es un reflejo condicionado para algunos, tienen expectativas de ese tipo para cada obra que cruza por sus manos. No son una masa precisamente pequeña, pero si todo tuviera una mirada únicamente comercial, las librerías solo vendieran libros malos.

Con el tiempo las personas forman lazos afectivos. Puede que tengan hijos si la situación los acompaña, habrá un significado en sus interacciones mucho más profundo de lo que se puede ver a simple vista y esto es un extra que se puede aprovechar con facilidad.

No es necesario usar a un personaje ajeno para dar detalles del protagonista, esto es algo que he visto más veces de las que me gustaría y es casi como si intentaran alimentar al lector con suficiente exposición como para llenar una piscina olímpica.  

En Vencer al Dragón, John y Jenny mantuvieron una relación larga, eran amantes mucho antes de que ocurriera la trama del libro o el suceso en que se sustenta. No era forzada, se conocían bien y en cada parte que compartían en la novela había una agradable sensación de familiaridad. Eso es algo que dos enamorados jovenzuelos que se conocen desde hace una semana de camino a su noble misión jamás podrán generar en el lector.

El Dinamismo.

Los personajes de cera son aburridos, no es nada nuevo. Eso es algo que todos sabemos, peros los dúos de protagonistas de cera, esos sí que son el infierno.

Una parte importante de la literatura consiste en crear personajes creíbles, no importa que estos puedan convocar rayos susurrando ciertas palabras o monten a la espalda de un dragón. La principal diferencia entre una persona y un montón de carne aburrida yace en la capacidad de reacción, la manera en que afrontan las situaciones y cómo se manifiesta esto a la hora de tomar decisiones.

Una persona no se quedará estática ante las acciones positivas o negativas de su pareja\amor platónico\cónyuge, si estos se pusieran en peligro o hicieran algo que se oponga a la lógica común. Nada de viajes suicidas a tierras desconocidas o demostraciones de valentía (de héroe puro de corazón y si de paso es virgen, mejor) que en su momento puedan traerles problemas terribles. Si la otra persona no ofrece cierta resistencia, habrá algunas contradicciones, esto le da cierta vida al personaje.

Muchas veces, cuando el autor cumple su propósito de que sus dos amados hijos se junten, olvida que estos dos personajes son seres independientes con voluntad propia. No se trata de crear a dos seres opuestos, ya que tendría mucho menos sentido, pero un poco de proactividad no mata a nadie.

Ni en la salud ni en la enfermedad: El matrimonio no siempre es felicidad.

Esta es un a rima terrible y una cacofonía peor, pero resume bien el contenido de este punto. Hay una obsesión con los matrimonios felices.

Los casamientos suelen representarse como una unión igualitaria, el fruto de los sentimientos o el punto de inicio. Esta concepción, además de estar muy idealizada, puede convertirse en un bache gigante que perturbe la historia de maneras que un creador inocente no puede prever.

Primero, busquemos un poco de contexto. La Edad Media es el momento histórico predilecto para los escritores de fantasía, tiene un cierto encanto en el que pocos evitan caer, pero muchas veces olvidan las circunstancias y el contexto que ellos mismos establecieron.

En aquella época las personas tenían matrimonios precoces, doce años puede ser una edad escandalosa en estos tiempos, pero los campesinos, artesanos y ciudadanos de comarcas y similares consideraban que era el momento perfecto para tener una boca menos que alimentar entre sus doce hijos. Es un poco más lógico si tomamos la edad promedio de vida del periodo con todas esas epidemias y tratamientos médicos más cercanos a las creencias infundadas que otra cosa y obtenemos el coctel perfecto. Si puedes trabajar, eres un adulto en todo sentido, otra razón para odiar a los despreciados héroes campesinos adolescentes solteros y sin compromisos y la falta de coherencia que tienen sus personajes con solo su mera existencia, puaff (este comentario no fue escrito por Limyaael).

 Con todo esto no es de extrañar que la Europa de hace unos cuantos siglos atrás se considerara al “amor cortés” un sentimiento puro. Tanto las damas nobles y los caballeros que sorpresa, sorpresa, estaban emparejados desde hace mucho. Por supuesto, esto era un poco más complejo que mi pobre explicación.

Usar la dinámica de una pareja que no se ama puede traer una brisa de aire fresco a la escritura. Hay infinitas maneras de aprovechar ese recurso en la literatura fantástica. Amigos curiosos, aliados a regañadientes por algo grande (y mágico), o enemigos declarados que tienen que dar cierta imagen a la sociedad o callar la boca a vecinos indiscretos (la fantasía costumbrista es una joyita olvidada). Incluso, uno de ellos puede cumplir con el papel de antagonista, no hay villano tan aterrador como el que duerme a tu lado, y eso es imposible de discutir.

Siempre que el autor no cometa el sacrilegio de hacer que se amen por razones que solo él conoce, tiene una idea muy interesante a desarrollar.

Relaciones turbulentas.

Todos pelean con sus parejas en algunos momentos, los personajes de novelas de fantasía no son una excepción ni tampoco deben serlo. Como en el dinamismo, este es un punto que le quita humanidad al personaje si no es debidamente implementado. La ausencia de ello le quita puntos a la historia, pero sobrexagerarlo puede convertir a la obra en el guion malo de un drama televisivo (a.k.a la novela de las nueve).

Bien, el héroe y la heroína atravesaron un mar de enemigos, un señor muy extraño que ama el negro los persigue junto a un montón de secuaces inútiles. Los atacan día a día, sin dejarles un segundo de descanso. Es estresante, no saben si estarán vivos a la mañana siguiente, pero se siguen amando sin refutar una sola decisión del otro, ni por un solo segundo. Después de leer algo así, estoy segura de que el autor debería explicar que sus personajes son maniquíes encantados por algún mago aburrido que pueden moverse y hablar.

Bien, ahora cabalgaremos hacia el peligro. Este es territorio pantanoso. Mencionar la palabra infiel en la ficción solo puede conducir a la lapidación pública y no entiendo la razón. Parte de la culpa se debe a que es común que los lectores extrapolen su persona sobre los personajes, y esto no es tachar al género de escapista, debido a que ellos mismo no quieren que esto le suceda a sus vidas, pero hay que poner un límite.

En el punto anterior se explicaron las razones por las cuales un matrimonio no siempre es feliz, aunque aquí también se incluyen parejas no casada, si es que ello existe en el mundo donde se desarrolla la historia. 

Hay múltiples razones por las que una situación como esta pueda ocurrir de manera orgánica. La infelicidad es una excusa para buscar consuelo en una situación delicada, un engaño de parte del otro, la monotonía de una relación que duró demasiado. No hay razones para que un personaje siempre sea la perfecta pareja fiel, los humanos cometen errores, se equivocan todo el tiempo. Sería estúpido pensar que ambos miembros de una pareja permanezcan enamorados por siempre de una sola persona.

Un mercenario que recorre tierras extranjeras no pensará dos veces en su esposa con la que lleva casado desde los catorce años cuando alguna joven atractiva le ofrezca un favor, de la misma manera que esta no se quedará de brazos cruzados mientras que el otro recorre el mundo en solitario. Estas acciones por si solas pueden representar un problema interesante en la trama, algo que ponga a prueba la moral de los personajes o siente las bases de un conflicto que afecte su estado anímico y motivaciones. Antes de lanzarse a los posibles resultados, primero hay que tener en cuenta las represalias si es que están presentes en la cultura donde se desarrolla, no es lo mismo perder una relación y un par amigos que verse obligado a abandonar el lugar de residencia para evitar una pena criminal o un linchamiento público. 

Lev Grossman lo logró con la relación de Quentin y Alice, debido a que tenían un toque realista gracias a que no les iba del todo bien, juntos eran más tóxicos que Chernóbil, pero funcionaban. Pelaban y en un momento en el primer libro llegaron a engañarse, eso creo un conflicto importante que hizo que la idea de ir a Filori fuera menos alocada. Eso le dio profundidad a sus personajes y, de paso, creo un conflicto y engrasó uno de los engranajes de la trama en un solo movimiento.

Quedarse a medias.

Siempre que se usa el romance como eje central en una historia surge este problema. No es falta de habilidad de escritura, sino de enfoque.

La fantasía tiene muy buenos momentos en su baraja de efectos. Batallas inmensas, revelaciones que le dan una nueva vuelta de tuerca a la trama y escenarios donde los simbolismos se toman en ocasiones de manera literal, véase el viaje del héroe. El mapa es muy amplio y los sucesos se acumulan hasta conformar la trama completa.

Y este es precisamente el problema. Cuando se profundiza en los sentimientos de un personaje se trabaja con elementos muy sutiles, subjetivos. Son algo difíciles de emplear en algo con una escala tan grande.

La principal diferencia entre escribir fantasía y un libro romántico es que el primero se concentrará en su mundo, lo que lo vuelve fuera de lo normal y la trama que se desarrolla, el segundo por su parte, girará en torno a dos o varias personas, sus circunstancias y los sentimientos que surgen entre ellos. Cada personaje principal es un mundo que debe explorarse con cuidado y a detalle.

Son pocas las novelas del todo románticas que pueden desarrollar un buen mundo y una trama exterior compleja, son pocas las novelas de fantasía que pueden desarrollar un romance convincente en el foco principal. Si se escoge uno, el otro queda en segundo plano, dando una sensación de quedarse a medias.

Frustración es la palabra que ronda la mente del lector cuando se encuentra ante una situación similar a: Justo después de una escena emocionante, la fluidez del texto se detiene para que ocurra un evento significativo entre dos personajes. Este evento no solo no es natural, representa una forma burda de hacer avanzar cierta trama entre ellos y en la mayoría de los casos, incluso cuando está bien argumentado, parece algo sacado de la chistera.

Es difícil escapar de esa regla de equilibrio, aunque no es algo imposible, pero sí muy sufrido de lograr. Por suerte, este problema desaparece cuando ese amor pasa a un plano más secundario, esto no eliminará la importancia de esta relación para la trama, el crecimiento y las motivaciones de los personajes involucrados.

En El señor de los Anillos, con todos sus personajes, Aragorn y Arwen son un ejemplo excelente de cómo llevar bien esto. Su relación es algo muy importante tanto para su desarrollo individual y motivaciones, pero nunca se muestra como el foco central de la historia dando paso a lo que le sucede a otros personajes y al mundo.

¡El amor no es la cura definitiva, ni lo pienses!

No lo hagas, por el amor de todos los dioses, no lo hagas.

Este punto puede resumirse de maneras en que los amados hijos del autor violan algunas de las leyes del universo, en algunas ocasiones todas, por el poder del amor. A base de amor no se sanan las heridas mortales, ni se detienen las flechas, ni se reanima los muertos. Eso lo entendemos todos, ¿verdad?

Cada vez que leo el poder del “justo, justo, justo” en alguna novela, pienso en qué era lo que autor le pasaba en la cabeza en ese justo momento. Valga la redundancia.

En la apasionante y trepidante historia de la Mujer A y el Hombre B, es natural que el autor se encuentre reacio a dejar que el hechizo que le lanzó la reina regente a su hermoso protagonista masculino lo asesine, por lo que su protagonista lo salvara con algún recurso sacado del aire que beneficie a la trama. La historia es sobre el amor de A y B y sólo de eso, es una novela romántica, por lo que se le perdona, pero es un pecado hacer algo remotamente similar en cualquier otra situación.

Esto no solo aplica a las heridas físicas y a los milagros de último minuto. La mente humana es un terreno complejo. Un buen psicólogo y años de terapias y grupos de apoyo emocional pueden no ser suficientes como para curar un trauma o una herida vieja. El discurso de un amante, por muy sentido que sea, no debe ser más efectivo que lo anterior.

¿Realmente lo necesitas?

¿Lo haces?

Llegado a este punto tu protagonista ha atravesado incontables clavarios (tramas palaciegas, riñas de artesanos, revelaciones divinas, discusiones académicas de sabios arcanos o ha tenido un desacuerdo con su vecino, entre otras curiosas peripecias, hay tantas situaciones como subgéneros de la fantasía existen). Después de todo ello, haya viaje o no, el lector o escritor que lo ha tramado todo hasta ese punto se pregunta: ¿Realmente lo necesito, en este momento y lugar?

No todas las historias necesitan un romance en el foco principal, incluso esa subtrama que sonaba tan interesante en mi cabeza puede ser una fuente innecesaria de drama que afecta al producto final de manera negativa. ¡Boom! Revelación impactante.

Es una regla no escrita que cuando hay un hombre y una mujer en una trama, como si de algo tan inevitable como la gravedad se tratase, que ambos individuos terminen juntos. Eso es aburrido, como todo lo predecible. Cuando puedes adivinar lo que sucederá con solo leer diez páginas es que alguien ha hecho algo muy mal.

 

Daniela Pérez Rodríguez, conocida por los lectores del blog como Lynnx (Holguín 2000). Estudiante de Ingeniería Informática en la Universidad Oscar Lucero Moya. Fan de la literatura desde pequeña, aunque redescubrió su amor por la fantasía la ciencia ficción hace unos pocos años. Padece de leves delirios de escritora amateur, una extraña enfermedad que le hace producir todo tipo de borradores destinados a una muerte lenta y cuyo contenido permanece bajo un secretismo innecesario. Siempre dispuesta a descubrir un nuevo tesoro de novela o machacar algún cliché tonto bajo el estandarte del Limyaaelismo ilustrado.

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Ingeniero industrial y profesor de Ergonomía de día y, de noche, escritor de fantasía y traductor. A finales del 2017 crea el blog El último puente, con la intención de aumentar la lectura de la fantasía y su escritura dentro de Cuba.

13 Comentarios

  • VonGoldring

    Buen artículo Linxx, te dije que podías hacerlo y te quedó muy bien. Incluso pusiste ejemplos de tus puntos. Te soy franco, a mi los romances también me dan dolor de cabeza cuando escribo. Al final tuve tendencia a hacer relaciones muy superficiales y cuando iba a darles algo de sentimiento me salia la novela de las nueve. En fin, tienes unas cuantas razones de peso en tu articulo que debo tener en cuenta. Espero que escribas otros artículos y bueno, que escribas en general. Formalmente anuncio (con la formalidad que me caracteriza Jjj) que estoy trabajando en un articulo al que llamaré: Traumatología para escritores de fantasía, si sale algo decente y el emperador lo aprueba puede que lo vean. Nuevamente: Felicidades Linxx, buen trabajo.

    • Lynnx

      Gracias camarada. Ese la idea del artículo.

      Suena interesante su propuesta, creo que he cometido dos o tres atrocidades en ese aspecto por lo que estoy emocionada por ver cuan terribles fueron.

      Buena suerte.

    • José Alejandro Cantallops Vázquez

      Camarada, disculpe que no le haya comentado antes esta mención a un potencial artículo para el blog, en el cual, obviamente, estoy interesado, pero se me olvidó el viernes que anduve complicado.
      Cuando lo tengas listo lo mandas y le doy una lectura. Si se extiende demasiado no cortes cosas, podemos hacer una serie de varios artículos sobre diferentes aspectos médicos. El espacio de publicación en el blog no será problema 🙂

      • VonGoldring

        Ya estoy trabajando en el artículo desde hace unos días. Puede que sea extenso pero ya valoraremos si lo hacemos por partes. Apenas tenga algo concreto vamos intercambiando opiniones. Espero que salga algo útil de ahí.

      • José Alejandro Cantallops Vázquez

        Perfecto, pero como te dije, puedes dividirlos en partes, abordando los efectos físicos y mentales de las heridas y bueno, algunos detalles sobre que síntomas son más comunes. pero ya veremos cuando cambiemos opiniones.

  • DannX

    Buena expocisión.

    El poder del amor y la amistad es el cliché más gastado del universo, pero qué te puedo decir, a mí me gusta (Aunque yo Nunca lo utilizaría de la forma convencional y directa que todo el mundo hace, “played straight” como diría TV-Tropes).

    Mi novela no Necesita que haya romance, pero es algo que ocurre de forma natural, y yo que suelo meterme en la piel de cada personaje que escribo, tengo bien claro de qué clase de persona podrían enamorarse, desde un ligero crush hasta un amor incondicional con vistas a matrimonio y familia.

    Con todo, no es el tema principal de mis historias. Es algo que simplemente ocurre, de forma natural, y pasa por etapas.

    Y no veo mal que la gente quiera darle finales felices a sus parejas y matrimonios, siempre que tengan lógica dentro de la trama.

    • Lynnx

      Bueno la naturalidad es algo importante. No veo mal los finales felices, diore que como digistes, tengan un adecuado desarrollo para llegar allí.

    • Lynnx

      Bueno la naturalidad es algo importante, quizás el pilar central de cualquier interacción entre personajes. No veo mal los finales felices, siempre que como comentaste, tengan un adecuado desarrollo para llegar allí.

  • José Alejandro Cantallops Vázquez

    Buen artículo, Lynnx.
    Por mi parte debo admitir que aunque me gusta que no haya relaciones románticas en las novelas que leo he acudido a ellas como elementos importante de las tramas de las tres novelas que he escrito. En los cuentos las puedo evitar con facilidad, pero en historias más largas me es difícil, aunque en ellas el amor es sólo una forma de manipular, de conseguir un objetivo mayor.

    • Lynnx

      Gracias.

      Creo que se usa como un elemento importante en muchas historias por lo fácil que es introducirlo cómo un catalizador para cierta parte de la trama o llega a darle una razón objetivo de la misma. Aunque también es debido a que los lectores suelen esperar algo de chispas en las historias largas.

      Me gustaría leer algo dónde se le de la vuelta. Que se convierta en una manipulación “real”. Creo que sería muy interesante.

      • José Alejandro Cantallops Vázquez

        De nada, y en mi primera noveleta (El símbolo del silencio) trato de hacer eso que pides. No se nota demasiado debido a que la historia está contada desde el punto de vista de la muchacha que se enamora, pero la historia la concebí para que el protagonista Karim, un mago caído en desgracia la use a ella para escapar del lugar donde lo han encerrado. Debido a que le han quitado la voz usa cartas y otros mensajes para que ella, una muchacha que siempre ha estado aislada se enamore.

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