Artículos sobre fantasía y escritura

Arquetipos de la fantasía 03: El mentor

El mentor es un tipo de personaje que casi todos esperamos ver en la fantasía, en especial, si el protagonista es un adolescente o alguien poco experimentado. Sin embargo, aunque la tendencia a tener mentores ha ido disminuyendo en géneros como el grimdark y la fantasía épica realista, sigue siendo muy útil conocer este arquetipo.

¿Pero, exactamente que es un mentor?

Un mentor es un personaje secundario que será fuente de información, conocimiento y apoyo para el personaje principal. Además, será quién lo ayude a crecer y desarrollar las habilidades necesarias para derrotar al enemigo final o alcanzar la sabiduría suficiente como para poder manejar el peso que se dejará sobre sus hombros (el trono de un reino, convertirse en el mago más poderoso del mundo, usar con sabiduría el objeto de búsqueda, etc.)

También, el mentor puede ser un ejemplo de en lo que no debería convertirse el protagonista o no debería hacer. Es muy común que el mentor tenga las mismas habilidades que el protagonista o similares, pero en el pasado cometió un error o tomó una decisión equivocada que afectó su reputación. Cuando este es el caso, debes asegurarte de que el mentor por sí solo no sea capaz de acabar con el problema al que se enfrenta el protagonista, eliminaría el porque es tu protagonista el héroe de la historia. El mentor puede verse reflejado en este joven y querer ayudarlo a que crezca y no cometa los mismos errores.

¿Qué hace a un personaje un buen mentor?

Antes de entrar en los arquetipos específicos de los distintos tipos de mentores más comunes, vale la pena señalar cuáles son los aspectos generales que todos los mentores deberían compartir y desarrollar para cumplir bien con su rol dentro de la novela:

1. Los mentores guían al protagonista, pero no resuelven las cosas por ellos.

De ser así, mejor conviertes a tu mentor en el protagonista de tu historia y dejas al joven inexperto a un lado. Esto es frustrante, se siente como el profesor que te pregunta algo en la escuela y cuando casi tienes la respuesta, el mismo la responde y te mira pensando que eres tonto. El objetivo de cualquier mentor es hacer crecer al protagonista, por lo que deben hacerlo de manera sutil, pueden conocer las respuestas desde el principio, pero le darán las pistas necesarias al héroe para que este lo descubra por su propia cuenta.

Además, deben ser personajes que vigilen al personaje de que haga trampa y quiera obtener las respuestas sin el aprendizaje necesario. ¿De qué le serviría saber al héroe que la técnica final para derrotar al Señor Oscuro es un hechizo de sangre si no ha aprendido el impuesto que impone sobre su salud usar su propia sangre el hechizo?

Los mentores tienen que ser buenos profesores que animen a sus alumnos a resolver los problemas por sí mismos y lo hagan de maneras ingeniosas.

2. El mentor debe preocuparse por el protagonista.

 Algo que deberías preguntarte desde el principio y tener claro en tu historia es: ¿qué papel desempeñará el protagonista en la vida de tu personaje? ¿Será un amigo, un compañero, un maestro o una figura paterna? No importa tu respuesta, el mentor debe preocuparse en alguna medida del personaje, lo ayudará a mejorar no porque esté aburrido o hizo una apuesta con alguien (eso podría ser interesante de leer, siempre y cuando más tarde realmente llegue a preocuparse por el muchacho). Tiene que sentir una conexión de algún tipo y esta ser la base para que el protagonista se sienta confiado de aprender lo que le ofrece el mentor.

Pregúntate: ¿cuál es el objetivo del mentor al ayudar al personaje? ¿qué gana o pierde al ayudar al protagonista? ¿qué tanto desea involucrarse emocionalmente con el lector (a pesar de la imagen de Gandalf que siempre nos viene cuando pensamos en un mentor, este también puede ser una mujer joven)? Responder estas preguntas te ayudará a establecer que tipo de mentor será tu personaje: uno deseoso de ayudar por puro altruísmo, alguien ambicioso que ve al personaje como una herramienta, un posible interés amoroso, etc.

Si tu mentor no se preocupa por el personaje su rol no será creíble.

3. Los mentores deben saber cuando no intervenir

Como te había dicho antes, un mentor está para enseñar al héroe y dejar que este descubra las cosas por su cuenta. Pero, como alguien más experiencia y contactos, el mentor conoce información que podría afectar al personaje y su compromiso con la búsqueda. Estas pueden ser que el villano sea su padre y el mentor sea su abuelo como le sucede a Richard en La espada de la verdad, de Terry Goodkind (a que les suena esa de La guerra de las galaxias). O, puede ser una verdad difícil de aceptar: Rand, en La Rueda del tiempo, debe morir para que así poder derrotar al Oscuro y sellar la brecha de su prisión en Shayol Ghul.

Por tanto, debes pensar que información no compartirá el mentor con tu protagonista. Y, además, encontrar una buena razón para retenerla, si la información es vital y la vida del protagonista está en peligro tu mentor no debería quedarse callado. Si existe algún secreto, otra labor del mentor será preparar al personaje de manera paulatina para que al rebelárselo, antes del clímax o en el mismo clímax, este lo asimile bien.

4. Los mentores tienen que apoyar al personaje hasta que estén preparados para seguir adelante por sí solos

Como había dicho al principio, tu mentor debe ser alguien similar y más experimentado que el personaje, pero no superarlo en todo, sino este sería la opción lógica para enfrentarse al villano/problema/situación social. Por eso, debe haber un momento en que el mentor debe abandonar al personaje (la muerte trágica se ha convertido en un cliché demasiado usado y ha perdido su impacto trágico inicial. Otras opciones podrían ser que asuma una misión secundaria, sirva de distracción, se retire debido a su edad o una enfermedad…[1]).

Pero, mientras ese momento no llegue, el mentor debe ser alguien en quien el protagonista pueda confiar, alguien que no dejará de apoyarlo y que le cuidará las espaldas de amenazas de las que todavía no está consciente. Y, si no sabe la respuesta correcta o el mejor camino ante las nuevas situaciones a las que se está enfrentando el protagonista, que sí sepa aconsejarlo, subirle los ánimos y asegurarle que contará con su apoyo no importa cual sea la decisión final del protagonista (aunque, una diferencia entre mentor y protagonista podría ser una buena manera de que el mentor abandone naturalmente al protagonista).

Mientras más involucrado sentimentalmente esté el protagonista con el mentor, más difícil será para este desprenderse de él o aceptar el hecho de que ya está preparado y este no tiene más nada que enseñarle. Sin embargo, la separación (sino emocional, una separación física), debe ocurrir.

 ¿Qué no debería hacer tu mentor?

Los mentores pueden ser introducidos en cualquier momento de la historia: ser un personaje que ya existía en el trasfondo del personaje y que adquiere una importancia mayor o salvando al protagonista cuando este comienza a enfrentarse a las primeras dificultades. Muchas veces, acompaña al protagonista durante buena parte de su búsqueda, por tanto, es importante, que además de hacer que cumpla con los puntos que mencioné anteriormente que no caiga en los siguientes errores:

1. Sean demasiado crípticos

Una cosa es que tu mentor se mantenga apartado del protagonista lo suficiente como para dejar que este se desarrolle, pero otra cosa es simplemente hacerse demasiado misterioso y poco colaborativo y meter en problemas al protagonista debido a ello. No tiene sentido que tu mentor no le dé al protagonista un información necesaria cuando está a punto de meterse en problemas, especialmente si no tiene una buena razón o, incluso si es así, si la vida del héroe puede correr peligro.

Muchas veces los escritores caen en este error debido a que no quieren que el lector se dé cuenta de uno o dos giros argumentales que tiene preparado al hacer que el mentor revele la información antes de tiempo. Otras veces, simplemente lo hacen por hacer del mentor un personaje misterioso y distante, lo cual puede estar bien si tu mentor ha dejado las pistas adecuadas para que tu protagonista las descubras por sí solo.

2. Ayuden demasiado y el protagonista no se desarrolle

Los extremos siempre son un problema y sí que el mentor se mantuviese muy distante y críptico ponía en problemas al protagonista, que el mentor lo sacase de todos los apuros tiene el mismo efecto. De esta manera, el mentor incita a que el héroe vaya por el camino fácil y no se esfuerce por desarrollar las habilidades o conocimientos necesarios por su cuenta. Después de todo, para que hacerlo si sabe que su mentor le dará siempre las respuestas o resolverá el entuerto.

Sin embargo, como hablamos al principio, este no es el rol del mentor sino hacer que el protagonista evolucione, para que pueda hacer las cosas por su cuenta cuando el se vaya. Además, le quita tensión a la historia, porque el lector sabe que a cada problema que se enfrente el protagonista solo tendrá que gritar por la ayuda del mentor y este desaparecerá como si nada (especialmente si el mentor es un mago).

Para evitar esto, deberías asegurarte de que:

  • El mentor no siempre tenga todas las respuestas correctas, que se equivoque de vez en cuanto está bien.
  • Que tenga un conocimiento sobre la historia y funcionamiento de casi todo lo que está fuera de su campo de experticia.
  • Y que siempre sepa que decir en el momento adecuado, sacándose de paso algo que se le había olvidado decir y resulte ser vital para salir del problema al que se enfrenta el protagonista.

3.  Que realmente no les importe el protagonista o su labor.

Esto es una consecuencia directa del punto 2 sobre las cualidades que debería tener un buen mentor. No tiene sentido tener un mentor que no arriesgue su vida para ayudar al héroe. Hacer esto lo convertiría más en un jefe o un contratista y al héroe en una especie de esclavo o mercenario. El héroe está dispuesto a aprender del mentor porque este se involucra de manera directa en su lucha, arriesgando su vida, y, gracias a este vínculo emocional y de causa le será más fácil aprender de el todas las habilidades necesarias para tener éxito en su cometido.

Pero, si tu mentor no le importa realmente si gana o pierde el protagonista (lo está haciendo para aumentar su ego), al héroe eventualmente también le importará muy poco lo que quiera o diga el mentor. Además, no basta con ser solamente una fuente de información, si ese es el rol que tienes pensado para tu mentor, mejor lo conviertes en un libro de profecías, un erudito que se encuentran en una biblioteca, pero no en un personaje que tiene que viajar con tu héroe por más de medio libro.

Arquetipos más comunes entre los mentores

Con todo lo que ya sabes de los mentores debes tener una idea muy clara de cómo es este personaje, una imagen concreta de su personalidad. Bien, ahora mantenla en tu mente y compárala con los arquetipos más comunes que suelen adoptar:

  • El maestro
  • El viejo sabio
  • El consejero
  • El amigo experimentado

Aunque un poco menos que los arquetipos del héroe/heroína (algo de esperar en lo sucesivo, debido a la importancia descendente a nivel argumental de los roles de estos personajes), que esto no te detenga al conocerlos bien de mezclar distintos rasgos de otro arquetipo. Recuerda, que debido a sus características, que un mentor, también pudo o fue el héroe de sus propias historias y puede conservar algunas de estas características, aunque no en todo su esplendor.

El maestro

Este tiende a ser un especialista en algún campo específico en el cual el héroe está interesado de manera consciente o no. Muchas veces, el maestro tiene el mismo sexo que el protagonista (aunque puedes cambiarlo y convertirlo en un interés amoroso), para de esta manera al héroe le sea más fácil identificarse con esta figura y sus problemas.

El maestro puede haber sido el héroe de una historia anterior o un genio dentro de su campo, pero ahora busca transmitir sus conocimientos o se ve forzado, debido a cuestiones como la edad, a alguien para asumir el papel que unos veinte años atrás el hubiera podido asumir perfectamente. En la fantasía, los mentores tienden a pertenecer al campo de los guerreros, estrategas, asesinos, envenenadores y, en raros casos, al arte.

Un ejemplo de este tipo de mentor lo podemos ver en Kelsier, de Nacidos de la Bruma, que al mismo tiempo es el protagonista de la primera novela de la saga. Sin embargo, al mismo tiempo mentorea a Vin, para que esta aprenda a usar la alomancia y, de esta manera, esté preparada para seguir adelante por si sola cuando no cuenta más con el apoyo de Kelsier.

Otro ejemplo y un maestro mucho más estricto es Lan Mandragoran, el primer mentor que tiene Rand Al’Thor, en la Rueda del Tiempo. Lan es probablemente uno de los mejores espadachines del mundo, pero al mismo tiempo es una de las personas más cerradas y consumidas por el dolor y la venganza. Todo lo que le enseña a Rand, es a través de las sesiones de entrenamiento y su simple filosofía sobre el honor y los caminos fáciles, la cuál puede ser resumida en la frase que más repite: La muerte es ligera como una pluma y la responsabilidad, pesada como una montaña.

Un ejemplo que leí hace poco en La mejor venganza, de Joe Abercrombie, y que incluyo aquí debido a que es un ejemplo de un mentor que repite su papel dos veces es Nicomo Cosca. Este fue uno de los jefes mercenarios más temidos del reino de Styria, quién hace de maestro para Monza Murcatto, una muchacha de diecinueve años que se une al grupo mercenario con su hermano. Primero este le enseña todo lo necesario para ser un buen mercenario y esta termina superándolo y quitándolo de su puesto. Luego, tras nueve años, la fortuna hace que ambos se encuentren, Monza ha caído en la desgracia y Nicomo en la bebida, pero eso no será impedimento para que Nicomo le enseñe a su discípula una última vez como sobrevivir a una traición.

El viejo sabio

Por mucho, este es el arquetipo de mentor que domina la fantasía, tanto que cada vez que le hablas a un autor sobre un mentor para su héroe piensan en el viejo sabio, quién, es además uno de los magos más poderosos del mundo (el primero si el protagonista es un guerrero y el segundo si el héroe es un mago). Es más, se ha usado tanto en la fantasía épica y la alta fantasía en general, que no puedo recordar un ejemplo de este subgénero de la fantasía donde el viejo sabio tampoco sea un mago.

Con más probabilidades que el arquetipo del maestro, el viejo sabio, con sus décadas o cientos de años, ha sido un héroe por derecho propio que ha combatido la oscuridad. Sin embargo, la situación a la que ahora se enfrentan está más allá de sus capacidades o requiere de otro tipo de persona para resolverla. Esta sería, obviamente, el héroe, a quién transmitirá su conocimiento, quizás de una manera cascarrabias y tosca (ya que piensa que el héroe es un inútil). O, lo ayuda demasiado y lo saca de casi todos sus problemas (con este tienes que tener cuidado porque se convierte con facilidad en un deus ex machina ambulante, y tus lectores se comenzarán a preguntar porque no ha derrotado al villano desde el principio).

Aunque siempre son mostrados como ancianos de piel, cabellos y ropa blanca, no tienen que ser así. Los escritores de fantasía se han apegado tanto a esta imagen establecida por el Gandalf de Tolkien, que pocos se han arriesgado a ir más allá. No está mal ir más allá y cambiar el color de piel de tu protagonista, quitarle la barba, hacerlo una mujer, un ser de otra raza (especialmente si son inmortales o viven más que los humanos). Nada te detiene de probar.

Entre los ejemplos de este arquetipo, por supuesto, no puede faltar el mentor más popular de toda la Fantasía: Gandalf, de El señor de los anillos, de Tolkien. Popular como ningún mago, Gandalf ha establecido el tropo de que los magos deban ser blancos y con barba. Sin embargo, su papel como mentor, por lo menos en el primer libro es deficiente y se limita a mantener alejadas las amenazas del grupo.

Un ejemplo más manido del tropo sería Zeddicus Zu’l Zorander de La espada de la verdad, de Terry Goodkind. Este es el segundo mago más poderoso del mundo, solo superado por su nieto, Richard, el protagonista, y al que ha estado aconsejando durante los últimos diez años sin decirle su verdadera identidad ni relación.

Y, creo que la única vieja mentora que ha venido a mi memoria es Polgara, de la saga de Belgarath, de David Eddings. Esta es una maga y ha estado cuidando durante miles de años de la descendencia de su hermana, de la cual saldría el héroe que pondría fin al ladrón del Orbe. Aunque Belgarath, su padre hace de mentor de Belgarion, el joven protagonista de los libros, esta está involucrada de una manera más íntima con el muchacho y le ha enseñado las bases de la disciplina que necesita para aprender la magia.

El consejero

Este tipo tiene un papel mucho más definido que los anteriores. Su labor, se limitará a aconsejar al héroe, un papel para el que puede haber sido designado de manera formal o ha sido elegido por el mismo héroe (un buen ejemplo sería el consejero del rey). Sin embargo, aquí, el protagonista no les tendrá el mismo respeto ni los obedecerán todas las veces como sucedería con el viejo sabio o el maestro. El héroe hará lo contrario si cree que es lo correcto, aunque más tarde pueda resultar que no es así.

Este puede ser representado tanto por un hombre como por una mujer, generalmente siendo del mismo sexo que el protagonista. Sin embargo, como ya vengo mencionando, puedes elegir que sea del sexo contrario si deseas que tengan un involucramiento sentimental mayor. O, de una raza diferente, lo cual le puede dar un toque novedoso, debido a que el héroe debería superar los prejuicios de raza para confiar en los consejos de esta persona. De igual manera, el consejero puede ser un mago, pero la mayoría de las veces no es así.

Mi ejemplo favorito de este tipo de mentor es Bicho (Mael) de Malaz: El libro de los caídos, de Steven Erikson. Junto con Tehol Beddict, su amigo/amo, tienen una relación extremadamente divertida. Esto se debe a que la única forma en que Bicho ha encontrado que su amo, un genio de la economía, pero al mismo tiempo un vago redomado le haga caso es que lo rete y acompañe en sus pensamientos absurdos. Mael, que es el nombre verdadero de Bicho, es el señor de los mares y océanos, el segundo dios más poderoso de Malaz y se conforma con vivir como un pobre y aconsejar a este genio a quien le ha cogido cariño.

Uno de los ejemplos más raros que he visto de este arquetipo está en la saga Rai-kirah, de Carol Berg, y es Seyonne. Ahora es un esclavo del príncipe Aleksander, un hombre cruel y sádico que no deja de torturarlo, pero hace tiempo, Seyonne fue el paladín de su pueblo en la lucha contra los demonios. Debido a su esclavitud perdió sus poderes para luchar contra ellos, pero su habilidad para detectarlos, por lo que cuando se da cuenta de que uno está intentando poseer al príncipe, se arriesgará a aconsejarlo a costa de los castigos y reprimendas que podrían venir después. Uno de los mejores ejemplos de compromiso con el bien que he visto, aun esclavo, despojado de sus poderes y en manos de uno de los líderes de su enemigo, Seyonne se sobrepone a eso y lo aconseja para que se salve y no sea poseído por el demonio.

Y, el único ejemplo que he podido pensar de una consejera que aconseje a un personaje masculino es Odelia, reina de Torunna, de Las Monarquías de Dios, también de Paul Kearney. Su discípulo es Corfe Cear-Inaf, un hombre consumido por el odio y los deseos de venganza, que ha ascendido como un relámpago en el escalafón militar y en el aprecio de los soldados. Odelia se vuelve más que su consejera, al involucrarse con él de manera sentimental, una forma de curar sus heridas (Corfe supuestamente perdió a su esposa en el primer libro), y aconsejarlo para que navegue con seguridad entre las encrespadas aguas de política cortesana.

El amigo experimentado

De todos los arquetipos de mentores, este es el más raro en la fantasía épica, debido a que supone que el amigo del héroe ha pasado por experiencias similares a las que este está enfrentando. Lo cual implica que este amigo es el héroe de sus propias historias, algo que se da solamente en mundos muy amplios y diversos (un enfoque que adquiere la alta fantasía o subgéneros donde la lucha contra grandes enemigos no es el objetivo). Sin embargo, la experiencia no necesita ser obligatoriamente en el mismo campo que el protagonista, sino cualquier otro, pero con problemas similares desde los que extrapolar consejo.

La ayuda que brinda el amigo experimentado como mentor es la de aconsejar al protagonista (su amigo), en los momentos de mayor necesidad, donde este no tiene claro que debe hacer y se siente perdido. Es un guía que lo sacará de esa situación y lo devolverá al camino correcto. Muy raras veces será alguien con poderes especiales o nada fuera de lo normal, excepto por su experiencia.

Uno de los ejemplos que más me gusta es el de Corvan Danavis, de la saga El portador de la Luz, de Brent Weeks. Este es uno de los mejores generales de las Satrapías, su experiencia y éxito en la política no están al mismo nivel, pero eso no le impide aconsejar a su mejor amigo, Dazen Guille, para actuar en correspondencia y tener éxito en sus planes. Lo que más me gusta de este personaje, es la disposición a sacrificar todo su futuro y riquezas a cambio de que tenga éxito el plan que ha elaborado junto con Dazen, para eliminar a su hermano y ponerlo a él en su lugar. Después de lo cual tuvo que exiliarse más de catorce años en un rincón remoto de las Satrapías como tintero.

Otro ejemplo que me gusta, es el papel que adopta Rictus, protagonista de los dos primeros libros de la saga Match, de Paul Kearney. Tras un ascenso de su papel en las primeras novelas, ahora, debido a la edad y a que ha perdido a la mayoría de su familia, sigue a Corvus, el héroe y conquistador más grande de la historia. Durante el segundo libro había hecho de su maestro, sin embargo, en este tercero ya no tiene nada que enseñarle, sino solo aconsejarle que sería lo más adecuado que hacer. Corvus lo escucha, hasta que decide que debe seguir adelante y lo relega a un segundo plano.

 

Espero que les haya servido de ayuda el artículo y que puedan aplicarlo a los mentores de sus novelas de fantasía. La próxima semana estaré hablando sobre el arquetipo del antagonista (que no es lo mismo que villano) y espero tenerlos por acá.

 

[1] Esta última opción es una opción genial que solo he leído en el último libro de la trilogía Match, de Paul Kearney. Cuando Rictus, el héroe del primer libro, mentor en el segundo de Corvus, es superado en el tercero por su discípulo que lo deja atrás.

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Ingeniero industrial y profesor de Ergonomía de día y, de noche, escritor de fantasía y traductor. A finales del 2017 crea el blog El último puente, con la intención de aumentar la lectura de la fantasía y su escritura dentro de Cuba.

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