Artículos sobre fantasía y escritura

Cosas que suceden en la creación de historias, incluyendo muertes inesperadas, con amplias digresiones y paréntesis curiosos

Por: Glen Cook

Traducido por: José Alejandro Cantallops Vázquez

Mi primer compañero de universidad me enseñó varias lecciones invaluables acerca de la vida mundana y demostró su profunda conexión con el Océano de Historias -aunque en el momento simplemente me enojaba. Su nombre era Gary. Venía de Sarcoxie, Missouri, del sector sudeste del estado, geográfica, histórica y culturalmente un estado confederado. Gary fue el primer epiléptico que conocí, y el único jugador de bolos profesional.

El chico era condenadamente bueno haciendo girar esa bola. También tenía la suya propia. Hecha a medida.

La primera lección que me enseñó tenía que ver con realizar asunciones del personaje basadas en el trasfondo de alguien. Gary iba profundamente en contra del estereotipo. Aunque no era particularmente sofisticado poseía algunos de los prejuicios, hábitos o actitudes generalmente consideradas que tendría un chico de campo de su ambiente social. En general, indiferente a las excitaciones sociales de los sesenta. La única opinión contundente que recuerdo que tenía era un desdén duradero hacia los Beatles, en particular con su corte de cabello.

Gary favorecía el corte de cabello de un infante de marina. También, podría haber tenido cierto nivel de celos basado en la respuesta de los especímenes femeninos a esa pose de conversadores divertidos.

En esos días los dormitorios eran estrechos. Teníamos otro compañero de cuarto, llamado Jones. Éramos tres empaquetados dentro de un espacio diseñado para uno allá en los días de expectación espartana que acompañaron a la Segunda Guerra Mundial. Jones era de Bowling Green, en el nordeste de Missouri: un territorio fiel a la Unión. Jones también demostraba la regla de la asunción del personaje. Era tan racista como se podía hacerlo. En el momento que pudo hacerlo se fue a Grecia, a una casa donde ondea orgullosamente el estándar de batalla de la CSA en vez de la bandera de los Estados Unidos. Él no era un chico de campo idiota. Su familia eran banqueros locales, abogados y políticos a lo largo de generaciones.

(Apartado histórico: la a) Guerra Civil, b) Guerra para la Independencia del Sur, fue disputada más cruelmente en Missouri, aunque en batallas de menor escala que en cualquier otro lugar, y la derrota no fue aceptada emocionalmente por los simpatizantes de la Confederación, hasta que Jesse James fue a) llevado ante la justicia, o, b) hasta que ese sucio cobarde de Robert Ford, le disparó a Mr. Howard, y depositó al pobre Jesse en su tumba. Por otra parte, nuestros confederados parecen haber logrado sobreponerse más completamente que algunos en otras localidades.)

Más importante que mostrarme que el interior de las personas no está necesariamente determinado por lo que sugerirían sus circunstancias exteriores, Gary me enseñó la relevancia e importancia de la conexión de la vida con el título de este artículo. Lo alentó, especialmente en lo relacionado a mi propia comunión con el Océano de Historias.

Las cosas suceden fuera de la causalidad. Así lo hacen en cada vida y, por tanto, debería suceder en cada argumento. De igual manera, suceden cosas todos los días, sin advertencia, y tienen un impacto en todo lo que vendrá a continuación -a menudo un impacto duradero y que determinará la historia.

 

Durante una calurosa tarde de verano de agosto en el 216 A. C. las prolongadas maquinaciones y maniobras del senado romano pusieron a los ejércitos de Roma y sus confederados en contacto con Aníbal en Cannae, en el sur de Italia. El plan era sólido táctica y estratégicamente. Pero… En tres horas de intenso batallar murieron más personas que en cualquier otro día hasta los bombardeos de Tokio durante la Segunda Guerra Mundial dos mil años más tarde. Roma sufrió una derrota de una escala que incluso hoy no podemos imaginar. El diez por ciento de los adultos masculinos, la población apta para la guerra de la península itálica murió esa tarde, aun así la batalla, aunque repercutió y hoy en día todavía es estudiada minuciosamente, no fue decisiva. Roma absorbió el golpe y siguió luchando. Lo más cercano a un “cosas que suceden” durante ese día fue que un adolescente llamado Scipio fue uno de los afortunados sobrevivientes. Años más tarde se alzaría ante el Senado tras la batalla de Zama y declararía, “¡Cartago delende est!” (¡Cartago ya no existe!)

El 10 de junio de 1190 el Sagrado Emperador Romano, Frederick I, llamado Barbarroja, encabezando hasta 100.000 hombres hacia la Tierra Santa durante la Tercera Cruzada (una fuerza que habría anegado a los defensores musulmanes), se cayó de su caballo y se ahogó en el río Saleph antes de que sus hombres pudieran sacarlo. Su ejército se desintegró. Solamente unos pocos se unieron a los Reyes de Francia e Inglaterra para la batalla. Ricardo Corazón de León hizo un trabajo magistral aplastando a Saladino realmente bien, pero la Tercera Cruzada nunca tuvo suficiente potencial humano para lograr su misión, la cual era la liberación de Jerusalén de los sarracenos.

La cosa sucedió hace ochocientos años atrás. Un hombre se cayó de un caballo. El impacto todavía se siente hoy en día.

Cosas que suceden.

Pronto, durante nuestro segundo año, sin ningún comportamiento ominoso que diera advertencia de que estaba a punto de suceder algo, Gary desapareció. Me refiero a que el hombre desapareció de la faz de la tierra. Después de haber vagado sin rumbo pidiendo prestado cada centavo posible a todos los que conocía, durante el transcurso de un día, y después de recolectar tanto efectivo como podría un estudiante en una casa de préstamo, simplemente se desmaterializó. Se adentró en el éter e incluso su familia no tuvo ninguna idea de hacia dónde había ido, por qué, o incluso si todavía estaba vivo. Nadie tenía una pista. No había ninguna novia conocida, ningún problema conocido, excluyendo, quizás, algunas calificaciones cuestionables, nada por lo cual escapar y nada hacía lo que escapar. Gary estaba allí, y entonces no estaba allí, y todo lo que podía concluirse de ello era que, son cosas que suceden.

Desconcertado, lo olvidé lo suficientemente rápido, excepto en los momentos cuando realmente podría haber usado el dinero que le presté.

Años más tarde, después de mi temporada en la Armada, estaba trabajando en el ensamblaje para General Motors e intentando vigorosamente crear una conexión personal con el Océano de Historias. Una tarde decidí comprobar el clima en una estación de radio que normalmente evitaba debido a que no era más que charla aburrida para viejos. Cosas que suceden. Capté un fragmento de las noticias locales antes del pronóstico. Bueno. Un Gary Jay, de Sarcoxie, Missouri, había muerto esa mañana en un accidente de carro en el complejo de la calle Poplar Bridge que conecta a St. Louis con Illinois al lado del río Mississippi.

Hasta donde fui capaz de determinar, esta era la primera vez que alguien que lo conoció supo algo de él después de que desapareciera -aunque confesaré que no profundicé en esa pregunta con intensidad. Nunca descubrí dónde había estado o por qué se había ido allí. Ahora, simplemente sabía que ya no era probable que recuperara mi dinero.

Lo internalicé todo. Y lo hice una herramienta importante.

Cosas que suceden.

Gary fue un agujero en el tejido de la realidad durante siete años, entonces retrocedió lo suficiente para dejarle saber a todo el mundo que se estaba marchando.

En ese momento, y después, esto me impacta como una gema directa del suelo del Océano de Historias, el tipo de cosas que no solamente es útil en la creación de ficción sino que es absolutamente necesaria. “Las cosas aleatorias suceden” es un pedazo de impredecibilidad que pertenece incómodamente a un sistema que hace tiempo mi mentor Fritz Leiber llamaba “UCCTO,” o “Una Condenada Cosa Tras Otra,” es aproximadamente lo que el autor y editor de ciencia ficción Damon Knight calificó, “Tramar a través de una Re-complicación intensiva.” (Un elemento literario de lo que, para citar a la filósofa contemporánea Hannah Montana, puede ser descrito como, “Todo el mundo tiene esos días.”) Aunque un poco más premeditado respecto a lo que demostró Raymond Chandler en su cariño por “Cosas que Suceden” al hacer que ocasionalmente un hombre con un arma atravesara una puerta, por tanto, forzándose a sí mismo a explicar de que era todo esto y como encajaba en su historia.

(En el caso de las “Cosas que Suceden Deliberadamente” de Chandler era un dispositivo para lograr que la historia avanzara una vez que la se hubiera estancado en un obstáculo aparentemente irrompible, estimulando al Océano de Historias a dar algo nuevo.)

El Océano de Historias. Creo que es algo que debería explicar. De forma resumida, el Océano es la respuesta a la pregunta más molesta de todas, “¿De dónde sacas tus ideas?” Es el universo fuera de lo ordinario que debe alinearse con ambos, el plano mundano y el de la imaginación. Para mí, al menos metafóricamente, toda la existencia, todo dentro de ella, es y siempre ha sido historia. El Océano de Historias es donde están todas las historias, y partes de historias, nacen y están esperando a ser encontradas y escritas. Hay cantidades y cantidades de historias. Un número finito de narradores en un número finito de computadoras (u otro dispositivo de grabación, incluyendo la pluma de escribir), nunca secarán el Océano de Historias, si y solo sucedería si el mismo universo fuera finito en ambos, espacio y tiempo.

En el Océano de Historias nadan cosas malas. Y así también lo hacen las cosas buenas, las maravillosas y las nutritivas. Y algunas de ellas se manifiestan de manera inesperada, sin ninguna advertencia. El Océano de Historias se parece a la vida misma. Algunas veces suceden cosas. Más a menudo que no, esas cosas no son buenas, debido a que cuando suceden cosas buenas realmente no nos damos cuenta. Nunca es parte de un arco de historia pulido y finamente ajustado. Casi siempre es como una emboscada, una IED[1] al lado de la autopista literaria, ubicada allí por un destino insurgente, cruel y malicioso. Y entonces, al igual que Raymond Chandler, tienes un asunto entre manos.

Encuentro esto absolutamente esencial para la narración de una historia. Espero que suceda a pesar del odio a generalmente aborrecedor que me llena cuando arruina mis grandes planes. Quiero que mis personajes, en ambos lados de la división (los cuales en el mejor caso serán más que vagos), sean forzados a lidiar con lo imprevisto y lo inesperado. Quiero que tengan un encuentro, frente a frente, para superarlo, mientras viajan juntos a lo largo de la autopista hacia donde pensaban que querían ir. Algunas veces fallará, al igual que en la vida no siempre tenemos éxito cuando la fortuna nos da una sorpresa de primera mano y cambia todo para siempre.

Realmente odio cuando me suceden cosas en el mundo real.

Me llamo mí mismo un escritor “intuitivo,” y por esto me refiero a que me conecto con el Océano de Historias, entonces dejó que las historias fluyan a través de mí y se cuenten a sí mismas. No sucede demasiada planeación con ellas. No hago amplios bosquejos o estudios detallados de personaje. Reconozco un comienzo, veo vagamente un destino y comienzo a caminar. La autopista hacia el final es un viaje de descubrimiento, casi tan lleno de sorpresas como espero que lo será para el lector que llega a ella sin saber nada. Si todo va completamente bien , los personajes se apoderarán de ella y harán la mayoría de la canalización de la historia. Aun así, los elementos de la historia se presentarán a sí mismos por sorpresa. Haciendo referencia una vez más al título.

Al final, la misma historia lo determina todo. Incluso el personaje, el verdadero personaje puede ser mostrado mientras lidia con el estrés de cuando tenemos que enfrentarnos a lo inesperado. (Nosotros los americanos parecemos estar socializando para lloriquear y demandar que alguien más haga algo.)

El Océano de Historias es vasto sino finito. El simple acto de seleccionar un pedazo de papel sobre el cual comenzar un proceso de estrechar las opciones y elementos. Colocar una primera letra capital en el papel estrecha instantáneamente todas las posibilidades subsecuentes, y cada palabra adicionada confina aún más la historia. El aleatorio golpe ocasional puede hacer la diferencia, agregando dolor, miseria, ciertamente sorpresa, e, infrecuentemente, una cereza encima de un helado de crema batida de fresa.

En el último contexto estoy encariñado con la referencia de la aparición del personaje conocido como el Hombre Muerto al principio del primer libro (Sweet Silver Blues, Roc, 1987) de mi serie de detectives de fantasía Garrett Files, el cual originalmente tuvo problemas para emerger del Océano de Historias como una novela pura de detectives americanos. Desde entonces, el Hombre Muerto ha aparecido en cada libro. En la mayoría juega un rol importante, aun así no estaba planeado y no existía antes de que algo en el Océano me impulsara a recrear Sweet Silver en un mundo de fantasía. Ya llevaba varios capítulos, explorando la nueva visión. El detective Garrett acababa de soportar una golpiza severa. Al final, completamente para mi sorpresa, anunció que era momento de ir a ver al Hombre Muerto. Cuando llegó al lugar donde acechaba ese personaje, encontró al Hombre Muerto completamente hecho realidad, lleno de cuatrocientos años de edad de trasfondo, y preparado, perezosamente para tomar su lugar como un punto central de la saga.

Cosas que suceden.

En ese momento fue una explosión salida de la nada desde el Océano de Historias, como un inmenso estallido literario.

Cosas que suceden por todos lados en mi escritura. Y entonces le dan forma a todo lo que viene después (y, lo suficientemente menudo, redibujan todo lo que ha venido antes), en ocasiones hasta el punto donde todo lo demás que he escrito es moldeado para tener en cuenta un evento imprevisto.

El lugar más importante y más crítico donde un “cosas que pasan” puede impactar una historia es la muerte imprevista de un personaje crítico. La mayoría de los escritores son comprensiblemente reacios a asesinar a un personaje favorito. Comprendo completamente eso, especialmente cuando ese personaje es un favorito de los lectores. Los lectores pueden enojarse bastante cuando haces cosas indecorosas a sus amados amigos imaginarios. (Y amo cada instante de eso.) Algunos escritores pueden esforzarse poderosamente para evitar la voluntad del Océano de Historias. Podrían inventar cosas endiabladamente complicadas para satisfacer las demandas de los lectores no deseosos de aceptar la verdad. El ejemplo clásico es la resurrección de Sherlock Holmes tras los eventos en las cataratas de Reichenbach.

Confieso que algunos de mis personajes han regresado, especialmente en la saga de La Compañía Negra. Aunque, honestamente, en esos casos ellos también me mintieron. Puede que el mismo Océano estuviera divirtiéndose engañándome, o simplemente quería que creyera que así sería más fácil hacérselo creer al lector. Estaba convencido de que se habían ido, Atrapalmas era una perra de primera categoría y más que escurridiza para escaparse del problema.

Pocos personajes centrales peligran en la saga de Garrett, pero eso no está grabado en piedra. Puede morir. Morirán si suceden algunas cosas realmente malas.

En la saga Dread Empire mueren personajes absolutamente claves y centrales, muchos sin estar predestinados a ello. Aunque cuando mi pesca en el Océano de Historias saca esas cosas, no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Intentar que las cosas vayan en otra dirección, martillear y enderezar la historia conforme a mi preferencia emocional, solamente la convierte en una historia más débil o, incluso en una directamente mala.

Lloré, literalmente, cuando escribí las escenas donde muere el personaje de Mocker en All Darkness Met (Berkley, 1980). Era mi favorito. No quería dejarlo ir. Estaba desesperado por encontrar algunos medios mediante los cuales pudiera quedarse. Pero simplemente no era posible. No mientras me mantuviera fiel a la historia.

Desde entonces la muerte de Mocker en ese libro le dio forma a cada libro en la saga de Dread Empire escrito desde entonces. Y, en un evento “Cosas que Suceden” casi tan potente y ciertamente tan repentinamente destellante como la manifestación del Hombre Muerto en Sweet Silver Blues, peligraba inesperadamente un personaje que le daba forma a la saga en A Path to Coldness of Heart, eventualmente apareció un nuevo libro del Dread Empire perteneciente a los libros Night Shade. Conscientemente, durante veinticinco años, tuve planes muy diferentes para este hombre, un rol como maestro malvado establecido.

Hay un aspecto de la naturaleza humana de “Cosas que Suceden” que necesita ser dirigido, necesita ser explorado, lo cual puede ser explotado para lograr un efecto excelente, aunque no lo he hecho demasiado conmigo mismo. Ese se debería el hecho de que la mayoría de las personas no quieren que sucedan cosas no están equipados emocionalmente para aceptar la aleatoriedad. Al software en el netware simplemente no le gusta las “Cosas que Suceden,” especialmente cuando el golpe aleatorio de la Fortuna es uno malo. “Las Cosas que Suceden” son emocionalmente poco satisfactorias en el momento temporal del evento.

Las peores cosas aleatorias son a las que más queremos darle sentido, incluso si ese es un secreto al estilo del significado del Código Rosacruz de DaVinci. Cuando suceden cosas rechazamos la declaración de insignificancia tan intensamente que inventamos teorías conspiratorias vastas y complejas, para así satisfacer nuestra necesidad de significado en lo que sólo era realmente algo irracional y aleatorio. Un pistolero solitario y alocado simplemente no provee un cierre emocional.

Una roca simplemente no puede caer del cielo y matar a tu oveja favorita. La supervivencia de tu familia puede depender de que esa oveja sobreviva hasta la temporada de matanza, o simplemente puede ser tu amiga especial, por lo que no puede morir por una razón tan ligera. Debe haber una deidad u organización maligna tras la llegada de esa roca mortal: quizás los Iluminati Bávaros, la Comisión Trilateral, el Opus Dei, Dios o las Chicas Exploradoras. ¿Qué hay de los piratas? ¿Los judíos? ¿Los comunistas? La Odessa. Fidel Castro. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Sabes quienes son. Todos allá fuera están en algo, seguro, y probablemente todos están en tu contra.

Hubo una conspiración genuina y real involucrada en el asesinato de Lincoln, pero no era lo suficientemente grande y bastarda para encajar con la magnitud del hecho. Desde entonces los teóricos han intentado de poner dentro de ella a todos desde Jefferson Davis al Príncipe Alberto. Un siglo y medio después del hecho, las personas todavía quieren encontrar un significado más profundo, más eterno y cósmico para lo que en realidad fue, simplemente, otro acto de asesinato.

Así que, cuando el Océano de Historias da un golpe inesperado de Cosas que Suceden que da forma al mañana y a todos los mañanas por venir, también te da grandes herramientas para hacer el bien mientras que hagas una recopilación intensiva si te molestas en consentirla.

Tu incidente podría no ser tan destellante o duradero como el de Roswell o el Dealy Plaza, pero una respuesta similar siempre es disparada cuando suceden cosas y tienen un impacto emocional sobrecogedor. Siempre emergen teorías improbables. Un escritor ingenioso y habilidoso como tú se encontraría a sí mismo capaz de adentrarse como un retrovirus y hacer que te sirva.

Explota lo que sea que salga del Océano de Historias. No te contengas. Derriba y quema. Cuando suceden cosas, explótalas hasta el último soplo de vida.

De cualquier manera, tus esfuerzos no serán más que un goteo del océano de las historias, quizás rebotando dentro de mentes incapaces o poco deseosas de reconocerlas por lo que realmente son.

[1] Aclaración cortesía de Gamora: Las siglas IED, por el contexto creo que se trata a Improvised Explosive Device, artefacto explosivo casero/artesanar/improvisado , por lo general engañoso y destructivo, para explotarnos en la cara “al lado de la autopista literaria, ubicada allí por un destino insurgente, cruel y malicioso (…)”.

 

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Ingeniero industrial y profesor de Ergonomía de día y, de noche, escritor de fantasía y traductor. A finales del 2017 crea el blog El último puente, con la intención de aumentar la lectura de la fantasía y su escritura dentro de Cuba.

2 Comentarios

  • Lynnx

    Es un artículo genial. Todavía tengo La compañía oscura en mi lista de lectura, pero no sabía que este autor tenía una forma tan genuina de hablarle al lector. Buenos puntos tiene.

    • José Alejandro Cantallops Vázquez

      Sí, Glen Cook es uno de los mejores autores que conozco. Para mi es un ejemplo personal a seguir, escribió tres sagas completas mientras trabajaba para la General Motors, nunca se preocupó por el mercado, sólo por escribir lo que le gustaba. Fuera de que es toda una personalidad cuando lo entrevistan. En una de las últimas hablaba de que su mayor descubrimiento a los 70 años era ver anime.

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