Cuentos de autores cubanos

Entrevista para ser un héroe, José Alejandro Cantallops Vázquez

Hoy, tras mucho tiempo sin publicar un cuento mío he decidido poner a su consideración uno divertido y que juega mucho con los clichés más comunes de ser un héroe de fantasía. Pero, sobre todo, es un cuento corto (últimamente casi todo lo que escribo de las diez páginas) y que creo que les agradará, aunque eso no lo sabré hasta que lo lean, así que sin más demora ni spoilers, los dejo con el.

 

Sergue había vuelto a quedarse leyendo el cartel que estaba pegado en la puerta frontal de una modesta tienda. Era la segunda vez que lo veía desde que su tío, Darve, lo trajera a través del portal que los llevaba a la tierra élfica para que lo acompañara en sus negocios. Ahora estaba solo: su tío se había ido a buscar alguna casa de placer que estuviera abierta tan temprano en la tarde y gastar allí sus ganancias.

El muchacho había rechazado la invitación de su tío de pagarle para que disfrutara de una elfa y descubriera que estas podían ser mejores y mucho más experimentadas que las chicas humanas. Pero la verdad es que en sus dieciséis años, Sergue todavía no había estado con nadie y no quería que su primera experiencia en tales asuntos fuera con una elfa, menos una con décadas de experiencia. No ahora que Seleda, la hija de los vecinos, se había interesado en él.

Sin embargo, aquello era secundario comparado con la atracción que sentía por aquel cartel que proclamaba que cualquiera podía ser un héroe, tener grandes aventuras en otros planos, salvar nuevos mundos y hacerse famoso. Aunque todo eso lo había descifrado lentamente, debido a que todavía le costaba leer las letras curvadas de los elfos, que su tío había insistido en enseñarle, pues, como decía, un buen comerciante tiene que saber leer un contrato y no dejarse engañar.

Pero Sergue no quería ser un comerciante, quería ser un héroe. Lo había querido desde que en su infancia escuchara sobre ellos y viera desfilar por su pueblo a Erdas, que había acabado con el malvado hechicero que asoló las provincias occidentales del reino. Quería convertirse en una de esas figuras heroicas que llenaban el cartel, pintadas en colores brillantes. La vida de un mercader, tal y como la vivía su tío, era aburrida, pero más lo era la que le hubiera esperado en la granja si se hubiese quedado con sus padres.

Aun así, dudaba. El cartel decía que cualquiera podía presentarse a la entrevista y entrar al gremio, no existían límites de edad, raza o género. Aunque estaba seguro de que no sería lo suficientemente bueno para…

El cartel se hizo más grande y casi lo golpeó, antes de que Sergue se diera cuenta de que se estaba abriendo la puerta. Retrocedió y comenzó a murmurar una disculpa cuando vio asomarse a una elfa de piel pálida, cabello oscuro, con un vestido escotado que sacaba una buena parte de sus encantos y que le dirigía la palabra.

—No tienes que quedarte ahí mirando, puedes entrar a la oficina y con gusto te haré la entrevista —le dijo y Sergue vio su reflejo en los ojos azules sin iris de la elfa.

—Yo… estaba…

—Te interesa ser un héroe, ¿no?

El muchacho dejó de tartamudear, respiró profundo y pensó que si iba a tener una oportunidad, sería aquella.

—Sí, quiero ser un héroe.

—Maravilloso —dijo ella, invitándolo a pasar—, entra y ponte cómodo. La entrevista es muy sencilla y rápida de hacer.

Sergue pasó a la oficina, cuyo interior, resplandecía iluminado por la luz que entraba por las ventanas de cristal. Sus paredes estaban llenas de cuadros de héroes y heroínas de todas las razas que conocía y en casi todas las posiciones heroicas concebibles. Bajo cada uno había una pequeña placa llena con la escritura cursiva de los elfos, indicando sus nombres y logros.

—Estos son los héroes más grandes descubiertos por nuestro gremio de buscadores —la elfa pasó a su lado y se sentó tras el escritorio que ocupaba el centro de la habitación—. Por favor, toma asiento y permíteme presentarme, mi nombre es Beliel.

El joven aspirante se sentó en la silla acolchada frente al escritorio y no pudo evitar sentirse un poco fuera de lugar, tantos héroes y él…

—Tranquilo, muchos de ellos empezaron siendo alguien como tú, sentados con nerviosismo en una de nuestras oficinas. Fuimos nosotros los que nos encargamos de darles las herramientas para convertirlos en los grandes héroes que ves en los cuadros —dijo, y Sergue vio como tomaba una pluma y un par de hojas.

—Me parece increíble que todos fueran como yo.

—Claro, ser un héroe es algo que está en el interior de todos y en nuestra entrevista descubriremos qué tipo eres, joven aspirante. Luego, nuestro gremio se encargará de entrenarte y hacer los tratos con dioses que desean tener figuras heroicas en sus mundos.

El muchacho asintió, con un poco más de confianza.

—Ahora, podrías decirme ¿cómo te llamas?

—Mi nombre es Sergue de los Haver de Tierra Roja —respondió, enderezando la espalda.

—El nombre es un poco largo —dijo Beliel, mientras lo escribía—. ¿Considerarías cambiarlo?

—¿Por qué querría hacerlo? Creo que es un buen nombre.

—Y por supuesto que lo es —dijo la elfa con una sonrisa—. Sin embargo, tras años en el negocio, hemos aprendido que los mejores héroes tienen nombres cortos, fáciles de recordar y que suenan impactantes. Lo ideal sería un nombre que comenzara con D, G o K, de seguro que te suena alguno de estos: Darinar, Dambledor, Durzo, Gerart, Ganfald, Gavin o Kaladrín, Keliser o Kavoud.

Sergue nunca había pensado en que su nombre podría ser un problema, pero ahora que la señorita Beliel lo exponía con tanto claridad, tenía sentido. Todos los nombres de los grandes héroes que conocía seguían aquel patrón oculto.

—El problema con tu nombre es que es demasiado largo y es difícil encontrar algún dios interesado en adquirir algún héroe con tal desventaja inicial. Por eso, en el gremio recomendamos que pienses en tu nuevo nombre como uno artístico, uno con el que buscas impresionar al mundo, decirles de lo que estás hecho y que te distinga como héroe.

—Tiene mucho sentido, aunque ahora mismo no se me ocurre un nombre…

—Paciencia, Sergue, por ahora solo necesito tu confirmación de que estarías dispuesto a cambiarlo por uno más heroico. Una vez hayas sido aceptado, nuestros especialistas en el gremio se encargarán de ayudarte —dijo Beliel, haciendo una marca en la casilla que había debajo de la primera pregunta—. ¿Qué edad tienes?

—Dieciséis.

—¿Estás casado o tienes hijos?

—No —respondió y se sintió avergonzado. La mayoría de sus amigos de la infancia en la granja ya habían tenido a su primer hijo y el seguía siendo incapaz de convencer a Seleda…

—Entonces, ¿eres virgen? —aquella pregunta lo sacó de sus pensamientos y lo hizo enrojecer.

—¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Por qué les haría falta saber algo así? Quiero ser un héroe, no un…

—Cálmate Sergue, la pregunta no tiene malas intenciones —el muchacho pudo haber jurado que los labios de la elfa esbozaban una ligera sonrisa—. Verás, hay muchos dioses que prefieren a los héroes vírgenes, debido a que creen que esto les da una imagen de mayor pureza y, al contratar a tales héroes, nuestro gremio les paga un extra por dicho aspecto. Así que no hay nada de lo que sentirse avergonzado.

—Si usted lo dice.

—Y no te preocupes, según nuestras estadísticas, es casi seguro que una vez que comience tu primera aventura encontrarás al amor de tu vida y perderás la virginidad con este. Toda una oportunidad, si me permites decirlo —le guiñó un ojo.

Sergue se sonrojó aún más y bajó la mirada, quedando a la altura del busto de Beliel, lo miró un momento y terminó girando la cabeza a un costado.

—Entonces, ¿pongo que sí?

—Sí —susurró Sergue.

—Perfecto, ¿ahora me dirías si te interesaría que tu pareja fuera del mismo sexo o realmente no te importa?

—¡Pero qué preguntas son esas! ¡He venido para ser un héroe…! No para que me interrogaran por mis preferencias sexuales —gritó el joven aspirante, completamente enrojecido y apartando los pensamientos extraños que surgían en su cabeza.

—Por favor, tranquilícese, Sergue, comprendo su molestia. Estás preguntas fueron agregadas a nuestra entrevista hace unos pocos años. 

—Pero, ¿por qué les interesaría saber eso de un héroe? Estoy aquí por la aventura y el combate, y esto no tiene nada que ver.

—Verás, es que últimamente algunos dioses están más interesados en cambiar la imagen que tienen los habitantes de sus planos de los héroes. Están más preocupados por la representación de las minorías. Nosotros respondemos a las necesidades de nuestro mercado, pero calma, en este aspecto la mayoría de los dioses siguen prefiriendo a los héroes más tradicionales.

—Es un alivio saber eso —Beliel miró al aspirante y marcó un no, tachando las otras interrogantes que tendría que haberle hecho si respondía afirmativamente.

—¿Tienes alguna habilidad mágica?

—La verdad es que no lo sé, nunca he podido hacer la prueba del gremio de magos.

—Eso lo podemos resolver enseguida. Por favor, extiende la mano.

La elfa sacó un alfiler plateado de un cajón y le pinchó la punta del dedo, extrayendo una gota de sangre. Sergue retiró la mano y se chupó la sangre mientras veía como el alfiler adoptaba un color azul cielo.

—¿Qué significa?

—Que tienes una habilidad básica para la magia —respondió Beliel, llenando la encuesta—, con algo de entrenamiento podrías realizar algo de magia sencilla, nunca serás un hechicero ni un héroe mago, pero te servirá de ayuda cuando estés en problemas.

—¡Fantástico! —dijo Sergue, maravillándose por la posibilidad.

—¿Sabes manejar algún tipo de arma?

—No, mi familia era de campesinos y no podíamos permitirnos pagar tal entrenamiento —dijo el muchacho, sintiendo como se desmoronaban sus esperanzas—. Aunque sé manejar bastante bien el hacha.

Beliel le sonrió y lo apuntó.

—De aprobar la entrevista, nuestros entrenadores podrían hacer algo para mejorar esa habilidad —volvió a hacer otra anotación en el pergamino antes de pasar a la siguiente pregunta—.  Si te dijera que serás el salvador del mundo, ¿cómo reaccionarías, creerías que podrías realizar esa tarea?

Sergue se tomó un momento para pensar la respuesta.

—Estaría impresionado de que se me confiara esa responsabilidad. Creo que también estaría muy preocupado por cómo lograría salvar el mundo y creo que necesitaría la ayuda de más personas. El mundo es muy grande, o eso me contó el maestro errante al que el tío Darve le pagó para enseñarme.

Beliel asintió y marcó la casilla: ingenuo, pero con algo de sentido común, antes de seguir con la última pregunta de la entrevista.

—¿Tienes algún problema con la adoración de múltiples deidades? Como ya te he dicho, nuestros principales clientes son dioses y algunos de ellos pueden ponerse quisquillosos con los fanáticos de otras religiones y los ateos.

—No tengo ningún problema, mi tío dice que lo mejor es estar siempre en buenas con los dioses y le creo —respondió Sergue, agregando tímidamente—. También me gustaría conocer a alguno si es posible.

—No es algo que suceda a menudo, pero hay algunos dioses a los que les gusta ayudar a los héroes, así que la oportunidad existe —agregó un par de apuntes al papel—. Ahora, enviaremos los resultados de la entrevista a la sede del gremio y veremos si hay un puesto disponible.

—¿Tarda mucho? —preguntó Sergue mientras la elfa sacaba una caja de cristal de otro cajón del escritorio.

—No demasiado, un par de minutos —dijo, poniendo la hoja dentro de la caja y cerrándola. La hoja desapareció ante la mirada de Sergue—. Pero creo que tienes buenas posibilidades de conseguir un puesto.

—¿De verdad lo cree?

—Por supuesto, hay muchos dioses a los que les gusta enviar adolescentes como tú en aventuras épicas y llenarlos de honores —se escuchó un pequeño puff y Beliel tomó la tarjeta que había aparecido dentro de la caja y la leyó—. Como te decía, tenemos un puesto perfecto para ti en el gremio, aunque primero tendrás que firmar un contrato en el que expresas que estás de acuerdo con nuestras condiciones. ¿Estás completamente seguro? Una vez que firmes el contrato no habrá vuelta atrás y no podrás regresar a tu vida anterior. Sólo podrás ser un héroe.

Sergue se hundió en el asiento, dándose cuenta, por primera vez desde que había entrado en la tienda, de la seriedad del asunto. Si aceptaba, nunca volvería a ver a su familia, el tío Darve se quedaría sin aprendiz, sus padres sin el menor de sus hijos y la bella Seleda se quedaría con otro. Pero sería un héroe, sería todo lo que había soñado y ya lo habían aceptado en el gremio.

La vida que le prometían era mejor de la que nunca tendría si se quedaba allí. Así que tomó la decisión que cualquiera hubiera tomado en su lugar.

—Lo haré, firmaré el contrato.

—Maravilloso —dijo Beliel, sacando uno de un cajón.

Llenó los espacios en blanco y se lo tendió junto con el alfiler que había usado antes—. Sólo tienes que pincharte el dedo y ponerlo encima de tu nombre.

Sergue tomó el alfiler y se pinchó la yema del dedo, sacando un par de gotas de sangre y estampó su pulgar en el papel.

—Bienvenido al gremio, Sergue —le dijo tras recoger el contrato—. Si pasas a la puerta trasera puedo enviarte enseguida.

—Pero necesito avisarle a mi tío… todavía me falta preparar algunas cosas…

—No te preocupes, el gremio te proveerá de todo lo que necesites hasta que termines tu entrenamiento. Y si me dejas anotados las señas de tus familiares, me encargaré de avisarles. Mientras más rápido comiences tu entrenamiento, más rápido podrás convertirte en un héroe —le animó la elfa.

El muchacho, ya un héroe en potencia, dudó. Pero solo durante un instante en el que pensó que por qué iba a perder tiempo despidiéndose Así que le dejó escrito el nombre de su tío y la posada en la que se quedaría aquella noche y acompañó a la elfa hasta la trastienda, donde se detuvieron frente a una puerta cubierta de runas.

—Toma —le entregó el contrato—, enséñaselo al instructor que te reciba y él se encargará de ti a partir de entonces.

—Gracias por haberme atendido, si no hubiera abierto la puerta nunca me hubiera convencido de ser un héroe.

—Lo sé, por eso te deseo que tengas muchas aventuras —la elfa abrió la puerta y la luz del portal que llenaba el marco hizo que el muchacho retrocediera. Ella le sonrió y lo empujó suavemente por el hombro hasta que cruzó.

Cuando cerró la puerta, Beliel dejó escapar un suspiro de cansancio. Casi le daba lástima aquel pobre muchacho que había mandado al gremio. Las ganas de ser héroes de los humanos eran increíbles, en especial entre los que eran como Sergue, que pensaban que ser un héroe sería una tarea fácil. Los instructores lo harían pasar por un infierno y puede que no sobreviviera. Ellos no se hacían responsables por su muerte, estaba en las cláusulas del contrato que Sergue no se había molestado en leer.

Pero el gremio sólo entregaba los mejores héroes a los dioses y estos debían sudar sangre para lograrlo. Eso garantizaba que los que triunfaban no hablasen del trabajo, el entrenamiento ni el esfuerzo que se necesitaba, debido a que, por pura vanidad, querían mantenerse épicos. Y bueno, aquellos que sobrevivían al entrenamiento pero morían sin completar sus misiones heroicas, se convertirían en alimento para los dioses. Sus almas, venidas de otros planos, eran un alimento exquisito para las divinidades y una retribución justa por lo que habían pagado por obtenerlos, en primer lugar.

Un precio justo a cambio de la grandeza ilimitada, ¿no?

Beliel lanzó a la basura la nota que había garabateado Sergue y tomó asiento tras su buró, mirando hacia la puerta, que se veía semitransparente gracias a un hechizo que poseían sus ojos. Se acomodó y esperó a que el siguiente humano inocente que deseara convertirse en un héroe se parara frente a la tienda. Cinco chicos más y conseguiría aquel bono especial que el gremio le otorgaba a sus mejores reclutadoras.

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Ingeniero industrial y profesor de Ergonomía de día y, de noche, escritor de fantasía y traductor. A finales del 2017 crea el blog El último puente, con la intención de aumentar la lectura de la fantasía y su escritura dentro de Cuba.

6 Comentarios

  • Iris.Rixos

    Me leí el cuento de un tirón. Me gustó, y estoy de acuerdo con lo que te dijeron del iris y las escleras en los comentarios anteriores. NO obstante creo que puedes seguir trabajando la historia. NO es que la hagas mas larga (que si la alargas igual la leo), pero puedes llenarla de mas picardía. Gracias por compartirla.

    • José Alejandro Cantallops Vázquez

      Gracias, por leer el cuento Iris y sí, podría haber seguido trabajando con el cuento, pero cuando lo escribí hace dos años, mi objetivo fue escribirlo en un sólo día y no extenderme demasiado, después de todo es humor, pero quien sabe y después le de otra revisada y ampliación.

  • VonGoldring

    Camarada me divertí con el cuento y es breve, lo pude leer rápido. El final toma un poco más de seriedad, de pronto ya todo no es parodia de clichés y me quedo pensando en el pobre chico campecino siendo usado por esa elfa que le dio una buena envolvida. Solo un señalamiento y muy inocente. Hay una parte que describe a la elfa que además de darnos una buena idea de cómo es acaba diciendo que ella tiene: “ojos azules sin iris”, tengo una duda cuando leo eso. Los iris son lo que le dan el color a los ojos, las escleras son blancas, el iris es marrón, negro, verde, azul o etc y en el centro está la pupila. Si no tiene iris sus ojos son una bola blanca con un punto negro en el centro (como en muchos dibujos animados, tienden a no poner iris) pero si son azules entonces ¿sus escleras son azules y en el centro abren la pupila? Pudiera ser pero no sé bien cómo sería. A ver, es tu raza de elfos, le pones los ojos que quieras, pero como tengo en la mente un ojo humano me tomaste por sorpresa ¿si no tiene iris cómo tiene ojos azules? Era eso, si son azules sin iris pues son azules sin iris, yo no te contradigo ni creo que esté mal, pero entonces los ojos no son como los nuestros. Ya me extendí, bueno era eso. Por lo demás me gustó mucho. Me alegra que publiques obras tuyas, las disfruto. Siga escribiendo emperador.

    • José Alejandro Cantallops Vázquez

      Gracias por la lectura, camarada. Gracias por la corrección técnica camarada, realmente he andado muy confuso con eso, así que use la descripción de los elfos de Poul Anderson en La espada rota, donde los ojos son bolas azules, sin pupilas (la descripción medieval y nórdica de los elfos).

      • VonGoldring

        En ese caso tiene todo el sentido que los ojos sean azules sin iris. Gracias por el dato, es algo nuevo para mi sobre los elfos. Un saludo camarada.

      • José Alejandro Cantallops Vázquez

        De nada, camarada, entonces, lo que tengo que hacer es decir que sus ojos son azules.

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