Artículos sobre fantasía y escritura

Llenarse de valor – Haciendo a Tu Héroe un Adulto, Alex Bledsoe

Por: Alex Bledsoe

Traducción por: José Alejandro Cantallops Vázquez

Hay una imagen prototípica en la fantasía: el joven idealista mirando hacia el horizonte y dentro del futuro, su espada brillante alzada como un desafío al mundo. Es Arturo después de haber sacado a Excalibur de la piedra o Luke Skywalker en el póster original de Hildebrandt de la Guerra de las Galaxias.

Aunque, si estás leyendo esto, probablemente estás más interesado en un héroe más adulto, endurecido por la batalla y cínico que está de pie en una tierra devastada, rodeado por los cadáveres de sus adversarios, su espada sangrienta sostenida sin ganas a su lado. Este es Conan, Kull o Elric, y es lo contrario al joven idealista. Y para mí, es un personaje mucho más interesante: prefiero ambas, el leer y escribir historias sobre hombres adultos y no sobre chicos sin probar.

Pero en el género más amplio de la fantasía, hay un interés duradero en el héroe inmaduro forzado a – por las circunstancias o ese término que abarca todo llamado “destino” –, básicamente, “llenarse de valor” y salvar el día. Frodo en El Señor de los Anillos es un ejemplo de tal personaje. El ejemplo más popular es Luke Skywalker, un simple chico granjero que resulta ser la “nueva esperanza” de la galaxia. Gracias a George Lucas y su adopción muy pública del trabajo de Joseph Campbell, así como también del crecimiento del género adolescente, algunas veces parece como si la fantasía no consistiera en otra cosa sino en esta historia vuelta a contar una y otra vez con trasfondos diferentes. Hemos visto incontables héroes, desde Luke Skywalker a Harry Potter y Percy Jackson, volverse hombres. Difícilmente se nos es mostrado que sucede a continuación.

Así que aquí estoy escribiendo sobre el héroe cómo un hombre adulto. Y estoy usando ejemplos masculinos, pero los problemas no tienen género: se aplican si estás escribiendo sobre Conan o Xena. También estaré usando ejemplos sacados principalmente de películas, debido a que los filmes son un marco de referencia más común, y toma menos tiempo observar una película que leer un libro. Y no estoy intentando decirte cómo escribir, sino hacerte pensar respecto a lo que escribes de una nueva manera.

INTRODUCCIÓN

Cuando presentas a un personaje mayor, lo mejor es definirlo. Hay maneras de hacer esto sin decir abiertamente, “John Doe, de 45 años de edad, desenfundó su espada.” Muchas cosas señalan inmediatamente a un hombre mayor: las arrugas, el pelo gris, las cicatrices e incluso cierta manera de comportarse cansinamente ante el mundo. Una variación aceptable podría ser, “John Doe se rascó su barba color sal y pimienta, y entonces desenfundó su espada.” Simplemente al describir un rasgo físico, has incluido la edad del personaje. Ahora tienes que definirlo.

Cuando presenté a mi héroe Eddie LaCrosse en The sword-edged Blonde (Night Shade Books, 2007), intenté establecer su edad (entrado en los treintas) en un par de maneras esperanzadoramente sutiles. Una era en su voz narrativa: debido a que Eddie está contando la historia, su actitud nos llega a través de ambas, la narración y el diálogo. Menciona que por entonces trabajaba fuera, en la oficina de una taberna, y más tarde dice:

Me recosté y entrelacé mis dedos sobre mi estómago, el cual parecía más grande que la última vez que lo había hecho.

Ambos comentarios llevan a una sensación de un hombre que ha pasado la juventud, aunque todavía no está listo para la tumba.

La otra manera era su habilidad para juzgar al primer personaje que se encuentra en la historia. Debido a su propia historia, extensa y variada, reconoce al mensajero anciano como:

… alrededor de sesenta años, delgado y de apariencia frágil, pero con los restos de un hombre mucho más grande y fuerte dejados en el conjunto de su mandíbula y la manera en que se enderezaba rápidamente cada vez que se atrapaba a sí mismo inclinándose. Una vez fue un soldado, quizás incluso un oficial de alto rango, reducido ahora a un chico de los recados.

Así, dentro de las primeras cuatro páginas, espero que el lector obtenga una sensación de la madurez, inteligencia y habilidad de Eddie para evaluar correctamente las situaciones, todo lo cual lo apartan (y a otros heroicos héroes de fantasía) de la multitud de jóvenes guerreros.

Así que una vez que has establecido a tu héroe como un hombre adulto, hay tres amplias áreas en las cuales su personalidad difiere significativamente de las de un adolescente con una espada. Estas son: batallas, mujeres y vicios.

BATALLAS

Así que tu héroe se alza, espada en mano, enfrentando al villano. ¿Ahora qué? El héroe adolescente podría decir algo como, “Hoy has conocido a tu similar, Lord Vile,” o “Prepárate para ser ensartado como un cerdo, Barón Worthless.” Los personajes más jóvenes, sin probar y que no han demostrado nada, a menudo sienten la necesidad de afirmarse a sí mismos de esta manera. Es una forma de alardear, algo para hacerlos sonar como más de lo que son realmente, el equivalente del espectáculo de un lagarto de gorguera o un pez globo. Si cumplen con sus afirmaciones o sufren una derrota ignomiosa, depende del autor.

Aunque, el héroe adulto, ha demostrado sus habilidades y dureza a la única persona a quien más le importa: el mismo. En el audio de los comentarios del DVD Escape from New York, el protagonista Kurt Russell y el director John Carpenter discuten su decisión de hacer a Snake Plissken tan duro que todas sus peleas son muy cortas. La base psicológica tácita para esto es que Plissken ya no tiene nada que probar, y todo lo que quiere es hacer su trabajo. Esta es una característica del héroe veterano, y puede ser usada para el humor, el suspenso o una violencia irredenta (como en Yojimbo, cuando Toshiro Mifune masacra sin ayuda a una docena de samuráis duros y entonces afirma que cometió todo un grupo de asesinatos).

Pero si decides que tu héroe necesita hablar; ¿qué tipo de cosa diría? En este punto de su vida, no solamente no tiene ninguna necesidad de alardear, sabe que es contraproducente. Entonces, ¿qué es lo contrario de alardear? Una advertencia. Así, tu héroe podría decir algo como, “Esta es realmente una mala idea, Lord Vile.” O, “Barón Worthless, ¿esto es realmente necesario?” Las palabras son al mismo tiempo literalmente ciertas, y conllevan sutilmente el hecho de que nuestro villano podría estar metiéndose en algo que lo supera. Mientras que un desafío de un héroe adolescente podría impactar al villano como un golpe sin fuerza en el pecho, este tipo de afirmación – la cual conlleva implicaciones de habilidad, experiencia y conocimiento – podría, o debería darle al villano un condenado momento para pensar. En el mejor caso, establece al héroe y al villano como iguales, y en el peor, le da al héroe una sutil ventaja psicológica: después de todo, el villano no siente ninguna necesidad de advertir a nadie con tiempo. ¿Cuán confiado debe ser el héroe si siente que debe hacerlo?

Así que nuestro héroe y el villano están enfrentándose, las espadas desenfundada, y es momento de que peleen. Hay dos extremos posibles, y usaré ejemplos de dos películas muy diferentes.

El primero es el duelo interminable y sin sentido que no hace nada más sino probar que los dos personajes están bastante igualados. El duelo entre Jack Sparrow y Barbosa en el clímax de Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra es de ese tipo, más discutible por el hecho de que ambos oponentes son zombies no muertos y por tanto no pueden ser asesinados el uno por el otro (un hecho que menciona Barbosa). Así que no hay ningún propósito argumental para la pelea. Igualmente, el duelo final e interminable en Star Wars Episodio III: La Revancha del Sith no tiene ningún sentido narrativo debido a que la audiencia ya sabe quién ganará.

En el otro extremo está Sanjuro, en la cual Toshiro Mifune está frente a frente –literalmente– a Tatsuya Nakadai. Los dos se alzan casi frente a frente, sin moverse, durante cuarenta y cinco segundos completos, antes de que Mifune desenfunde su espada y ensarte a su oponente en un movimiento tan rápido que es casi increíble (y también ha hecho en tiempo real). El héroe resuelve ambos, el problema de la historia y de la temática, al ver la verdad tras el rostro público de alguien.

Como dije, estos son extremos. Entre ellos hay oportunidades ilimitadas. En Burn me Deadly (Tor Books, 2009), Eddie LaCrosse se encuentra asimismo enfrentándose a dos docenas de chicos malos, la mayoría de los cuales no son guerreros entrenados. Primero intenta hablar para obtener una salida:

“Compadres, dije agradablemente. Aquí debe haber algún tipo de malentendido. No quiero ningún problema; simplemente estoy pasando por aquí.”

Desafortunadamente, es reconocido, pero continúa intentando evitar una pelea.

“Hei, sé razonable. Siento haber tenido que golpearte, pero son cosas que suceden. ¿Algo de dinero te haría sentir un poco mejor?”

Solo cuando esto falla, y los chicos malos sacan armas, reconoce que debe pelear. Los reduce rápida y eficientemente, y con un poco de remordimiento.

También tienes elementos adicionales que puedes agregar a la mezcla. Considera el deseo del héroe joven de lucirse. Es más que probable que le gustaría agitar su espada, hacer piruetas, mostrar su maestría con una serie de movimientos que son completamente inútiles en una pelea real. Podría reírse o burlarse de su oponente. Lo que probablemente no hará es tomarse el tiempo de discernir seriamente las habilidades de su oponente antes de adentrarse en el combate.

Un héroe maduro sabe mucho más. En La Princesa Prometida, ambos, Iñigo y Westley comienzan su épica batalla de espadas luchando con la mano izquierda, poniéndose a ellos mismos en desventaja debido a que se creen a sí mismos muy superiores al otro. Sólo cuando se dan cuenta de que están igualados deben cambiar hacia sus manos dominantes. Un veterano podría usar una táctica similar, pretendiendo ser un luchador peor de lo que es realmente para así medir la debilidad de su oponente. O simplemente podría luchar defensivamente, usando tan poca energía como sea posible, y esperar a que su oponente se canse y muestre un punto vulnerable.

La diferencia crucial está en la mente del héroe. Un héroe adolescente está allá fuera para probar algo; un veterano está intentando hacer un trabajo. Y como el autor, ahí es donde haces único a tu héroe.

Lo que nos lleva a…

MUJERES

Cada héroe de una historia – y para favorecer la claridad, estoy considerando que “héroes” también significa “hombre heterosexual,” aunque los problemas pueden aplicarse a cualquier género o combinación que desee el autor –eventualmente necesita un compañero, y a menudo esto significa una mujer. En la fantasía heroica, hay dos tipos: aquellas que necesitan protección del héroe, y aquellas que se alzan a su lado como iguales. Ambas pueden ser personajes poderosos, pero cómo el héroe se relacionan con ellas es crítico a la hora de establecer su madurez (o carencia de ella).

El héroe adolescente no querrá un igual. Su ego inmaduro no podría soportarlo. Y también está convencido de su propia unicidad, o está intentando desesperadamente convencerse a sí mismo de ella. Entonces, la heroína solo tiene valor en la manera en que lo apoya. Generalmente es la damisela en peligro, la princesa en la torre, la bella durmiente bajo el cristal. Su presencia al final de la historia es un testamento vivo y que respira del éxito del héroe. Y para parafrasear a David Gerrold, por supuesto que ella lo ama: es su trabajo.

Uno de los mejores ejemplos de esta dinámica, y su inversión, es encontrado en el recuento sin terminar de El Rey Arturo de John Steinbeck. En la escena “Gawain, Ewain y Marhalt” de Las Gestas del Rey Arturo y Sus Nobles Caballeros, los tres guerreros en cuestión se encuentran con tres damiselas mágicas, y se emparejan para tener un año lleno de aventuras. Básicamente, las mujeres ven a los caballeros por quienes y que son exactamente, mientras los caballeros solamente ven premios (Gawain se pasa todo el año sin siquiera preguntarle el nombre a su compañera).

Pero aquí es donde Steinbeck usa nuestro conocimiento del género para engañarnos. Ewain, el más joven de los caballeros, se une a la mayor de las damiselas, Lyne. Al principio cree que ella, en sus “tres veintenas,” se ha enamorado de su juventud. En vez de esto, ella ha visto posibilidades en él, y lo adopta para sí misma para entrenarlo y que se convierta en el mejor caballero que pueda. Al principio, Ewain, ni siquiera puede comprender este tipo de relación, pero eventualmente llega a apreciar su sabiduría y le presta atención a sus enseñanzas.

El héroe adulto tiene prioridades diferentes. Seguro en su autoconocimiento, no es amenazado por un igual, sino que más bien le da la bienvenida. En Burn me Deadly, Eddie LaCrosse despierta después de la paliza para encontrar a su lado a su novia Liz:

Usaba una blusa apretada de mujer y pantalones de hombre con botas altas. Su corto cabello rojo estaba despeinado y las hebras caían sobre sus ojos igualmente rojos. La áspera luz de la ventana iluminaba las patas de gallo y las arrugas de la sonrisa en su rostro. Necesitaba un baño, un cambio de ropas y algo de descanso serio. Aunque era la visión más hermosa en el mundo.

Escribí la escena de esta manera debido a que quería mostrar al mismo tiempo que, Eddie veía claramente a Liz, y aún así la amaba tanto que la encontraba hermosa incluso en su peor estado. Y el diálogo subsecuente funciona deliberadamente en contra de este romanticismo para proveer balance:

“¿Sales en público de esa forma?” Pregunté.

“Tú mismo no eres una delicia. Y observarte dormir es tan excitante como suena.”

Esta habilidad de evaluar a un compañero romántico es tan importante como comprender el peligro representado por un villano. Así que digamos que tu héroe encuentra a una mujer hermosa en un claro del bosque, atada a un árbol y, claramente a punto de ser, como dice el eufemismo, “violada.” El joven héroe se lanzaría inmediatamente ante la defensa de la dama, liberándola y combatiendo a quienes serían sus violadores. Aunque, el veterano podría rezagarse y asimilar la situación en busca de más detalles, descubriendo quizás que la mujer, lejos de ser una víctima, es meramente el cebo de una trampa. O, si aún así es retenida en contra de su voluntad, quizás ha hecho algo que merece este tratamiento. El punto es que no debería asumir instantáneamente que la situación era como aparentaba al principio.

Si la dama es una víctima, ciertamente la rescataría. Eso nos deja la cuestión del pago. Sin duda ella es joven y hermosa, apropiadamente virginal, y consciente de que su belleza es al mismo tiempo su bendición y perdición. El joven héroe juraría amor eterno, posiblemente incluso casándose con ella, solamente para encontrarse que saltó dentro cuando debería haber escapado. El héroe maduro, mayor y más sabio, podría aceptar el “pago” pero ciertamente no se enamoraría y arriesgaría su libertad simplemente debido a que es una mujer atractiva. Es más, si ella se enamorase de él, este se aseguraría de que esta no albergase ningún tipo de ilusiones respecto a un potencial futuro.

Así que si nuestro héroe adulto no está interesado en princesas hermosas, ¿qué tipo de mujeres podrían atraerlo? Una que no pida nada que entre en conflicto con sus estándares personales, y que no espere nada de este excepto honestidad. Ella aceptaría lo que él pudiera darle, y no pediría nada más que eso, y él le mostraría la misma cortesía.

Ahora, antes de que me azotes por ser un sexista, regresemos a las películas y busquemos un ejemplo de este tipo de relación. Primero, el negativo: Casablanca. Humprey Bogart debe escoger entre el deber e Ingrid Bergman. El deber gana. Suena “La Marsellesa.” Pero entonces le damos una mirada a To Have And Have Not. Una vez más, Bogart es el americano solitario en una ciudad extranjera, una vez más es cuidadosamente neutral sin estar interesado en la guerra mundial que se está desarrollando a su alrededor. Y, una vez más hay una chica hermosa (esta vez Lauren Bacall), cuya presencia en último término lo fuerza a escoger bandos. Pero en este caso, la dinámica es completamente diferente. Marie, también conocida como Slim, es tan dura como Bogart, tan ingeniosa y llena de recursos, y se prueba sí misma durante una crisis. Él tendría que ser un idiota para dejarla atrás noblemente, y ni siquiera lo intenta: salen a ganar juntos la Segunda Guerra Mundial. De hecho, Slim es el prototipo de la mujer perfecta para el héroe adulto.

Y al final llegamos a…

VICIOS

Los vicios de los héroes adolescentes son todos internos, cosas que son una parte innata de su personalidad. El orgullo es el peligro real: la certeza que viene con la juventud puede, en un personaje de la espada y brujería, probar ser fatal muy rápidamente. Puede ser el espadachín mejor entrenado en el condado, pero a menos que Lord Vile juegue bajo las mismas reglas, este está bajo una gran desventaja. La lección más grande que el héroe adolescente puede aprender es a ver el mundo como lo que es, no como se supone que sea.

El héroe veterano conoce esto incluso sin pensar conscientemente en ello. Puede beber, incluso en exceso, pero no cuando hay trabajo que hacer. Sabe que bajar su guardia es la cosa más peligrosa posible, así que beneficiará caminos más confiados cuando es seguro. E incluso entonces, se sentará en la esquina y mantendrá un ojo en la puerta. Ha sobrevivido siendo el chico adolescente, borracho por primera vez y se ha desmayado impotente, y sabe que sólo la suerte del tonto o la generosa protección de alguien más lo va a ayudar a superarlo. Ciertamente no provocará una pelea cuando sus habilidades están entumecidas por la bebida; y si alguien intenta provocarlo, le dará todas las oportunidades de retirarse.

Aquel que generalmente provoca una pelea en esta situación es, irónicamente, el héroe adolescente, que ve insultos a su honor durante cada momento cuando está sobrio, no digamos cuando está borracho por primera vez. También – y esto es una diferencia crucial – no tiene comprensión de la manera en que la bebida afecta sus habilidades. Si acaso, la bebida le hace creer que es más invencible que nunca. El término moderno sería, “de dos metros de alto y a prueba de balas.” Si sobrevive, generalmente es debido a que su oponente reconoce su condición y se niega a aprovecharse de ella (piensa en Yul Brynner y Horst Buchholz en Los siete magníficos). Si no sobrevive, es recordado como un tonto.

Le di a Eddie LaCrosse una historia de vicios, pero para el momento en que llega la primera novela, ha dejado atrás la mayoría de ellos. Aun así, la atracción se mantiene, como intento trasladar en este fragmento de Dark Jenny (Tor Books, 2011):

El olor del campamento [mercenario] me asaltó – sudor, fango, orine, carne quemada y metal – trajo de regreso recuerdos que esperaba haber reprimido hasta mi vejez. Y la peor parte era que, no todos ellos eran desagradables. Cuando vi a dos hombres riendo sobre sus jarras de cerveza mientras se sentaban al lado de una fogata, recordé las horas que había pasado haciendo lo mismo, contando historias de mierda y diciéndole disparates a otras personas.

Entonces hay mujeres. Estas no son las mismas mujeres que mencioné arriba, donde la palabra “A” podría ser dicha (aunque ciertamente puede serlo, pero en favor de este ejemplo, estamos asumiendo que no). Las mujeres que se hacen a sí mismas disponibles a los guerreros tienden a tener menos ilusiones respecto a sí mismas, los hombres o el mundo en general. También pueden ser tan peligrosas como cualquier hombre con una espada. El héroe veterano conoce esto, y si se permite este tipo de cosas, es con los mismos límites que con la bebida: con alguna que está seguro de que puede confiar, pero con un pie fuera de la puerta, metafóricamente hablando. También se asegura de que trata a esta mujer con gentileza y respeto, comprendiendo que la moralidad de su carrera escogida es completamente suya. No hace ningún juicio.

En The Sword-Edged Blonde, presente este tipo de mujer en Angelina, era una taberna sexy y casera de Eddie:

Angelina no era joven, aunque era hermosa de una manera que solamente se volvía más intensa con el tiempo que pasabas con ella. Podría haber hecho algo mucho mejor para sí misma que poseer esta taberna infestada de ratas donde resistía las caricias provocadoras y la rudeza a cambio de consejos respetables. Supongo que se estaba escondiendo de algo, pero no era nada que me interesase. Todos tenemos secretos.

Los héroes adolescentes pueden estar tan deslumbrados por este tipo de mujer como lo están por la princesa rica. Mientras la chica noble podría tener de su lado el dinero, la belleza y la posición social, este tipo más mundana tiene… bueno, sexo. Los héroes adolescentes son a menudo tan experimentados con el amor físico como lo son con el tipo emocional, y son igual de vulnerables cuando le entran las ganas. Sumado a esto está la certidumbre del héroe adolescente de que ninguna mujer puede ser un peligro físico para él, y has conseguido una fórmula para una vida corta y sangrienta mientras estás en el campo de batalla. Si el héroe adolescente sobrevive, y presta atención, aprenderá algunas cosas de este tipo de mujer que puede aplicar la siguiente vez que encuentre a una princesa.

El tercer vicio es más sutil, y a menudo puede ser malentendido como una fortaleza. Ciertamente, Conan, la plantilla para todos los héroes de la fantasía heroica, no lo ve como un problema. Su vicio es disfrutar del caos total. Es lo que sucede cuando el héroe adolescente acumula la experiencia suficiente para sobrevivir a la mayoría de los encuentros marciales, pero nunca pierde la fascinación infantil que viene de ellos. Convierte al guerrero en un matón, que busca el combate como un tipo de droga. El problema con esto es – para el guerrero, no el escritor – que a menudo puede ser forzado a confrontar esta mentalidad por un suceso inesperado. El clímax de la historia clásica de ciencia ficción de Ib Melchoir “The Racer” es el ejemplo perfecto de esto (ve y encuéntrala en una antología; aquí no quiero darte spoilers). Ambos, el héroe adolescente y el veterano pueden ser forzados a confrontar sus propias gestas desde la perspectiva de sus víctimas, algo que ninguno puede haber contemplado.

Sin embargo, generalmente el héroe veterano tiene una comprensión más profunda de las cosas. Ha visto suficiente muerte y destrucción para saber con seguridad que no hay ningún glamour en ella, sólo el trabajo sombrío para el cual es adecuado. Mira el regocijo de un compañero guerrero como desagradable e inmaduro, incluso mientras recuerda su propia inmadurez adolescente. Creé personajes llenos de vicios en The Sword-Edged Blonde (Stan Carnahan) y Burn Me Deadly (Candora), y en Dark Jenny dejé que Eddie hablara explícitamente sobre ellos:

Por supuesto que hubo raros en ambos bandos: los hombres (y ocasionalmente mujeres) que disfrutaban de cualquier excusa para asesinar. Eran fáciles de identificar, difíciles de detener y al final le hicieron un favor a todos al atraer la atención mientras el resto de nosotros hacíamos nuestros trabajos. Generalmente sus asesinos eran menos de lo que pensarías, debido a que después de un rato nadie los contrataría. Pasaban la última parte de la batalla corriendo entre los cuerpos, buscando a alguien con quien pelear.

El mejor ejemplo y más popular del héroe veterano que mantiene sus vicios en perspectiva es, por supuesto, James Bond. Conoce un poco sobre todo (incluyendo el coleccionismo de mariposas, si uno debe creer en On Her Majesty’s Secret Service), pero un montón respecto al alcohol, las armas y las mujeres. Un montón. Y aun así, con raras excepciones, esto prueba no ser ninguna distracción para su trabajo. Nunca está incapacitado por la bebida, nunca se encuentra con un arma o vehículo que no pueda manejar, y respecto a las mujeres… bueno, como dice la canción, nadie lo hace mejor, ¿no?

CONCLUSIÓN

Cuando escribas sobre tu héroe, la cosa más importante que debes comprender es que lo que lo hace hacer las cosas que lo haces hacer. Enviarlo en una búsqueda al Monte Shudder para robar la Piedra McGuffin de nuestro viejo amigo Lord Vile provee una estructura narrativa adecuada, pero tus lectores solamente se involucrarán si tu héroe tiene una razón personal de fuerza para ir. Si creas a un héroe que es joven e inexperimentado, quien supera su propia inexperiencia y aprende a ser un hombre en el proceso del viaje, entonces es una historia perfectamente buena (y funciona para Star Wars, El señor de los Anillos, Harry Potter, etc.) pero realmente no es fantasía heroica.

Un héroe de fantasía heroica podría emprender esta búsqueda, pero sus razones serían diferentes. Ciertamente no podrías apelar a su patriotismo, o su deseo de hacer “lo correcto.” Probablemente tendrías que pagarle, ya sea con oro o con algo más de valor, y tendría que estar alerta ante cualquier traición. Completaría su tarea eficientemente, con poca fanfarria, a menos que descubra que sus empleadores lo han traicionado o han dejado fuera una pieza de información particularmente importante. Si es así, no tendría ningún reparo en traicionarlos y resolver las cosas de su propia manera (el mejor ejemplo de esto, y del concepto del héroe veterano en general, puede ser The Wild Bunch. Ernest Borgine le dice a William Holden, “¡Dar [tu palabra] no es lo que importa! ¡Es a quien se la das!”).

Y esto es lo que aman los lectores de él, y lo que impulsa a los escritores a contar historias sobre él. Mientras que el “viaje del héroe” siempre se mantendrá como una plantilla válida debido a que refleja quienes somos, el “post-viaje del héroe” nos muestra en lo que esperamos habernos convertido. Es confortante pensar que podríamos ser tan duros, llenos de recursos, ingeniosos y peligrosos como Conan. Podemos identificarnos con Luke Skywalker o Frodo, pero queremos ser Han Solo o Aragorn.

Así que cuando creas a tu héroe y cuentas sus aventuras, no tengas miedo de hacerlo un hombre mayor, con experiencia y kilometraje bajo el cinto de su espada. Para citar al desgraciado gurú Carlos Castenada, “Nadie nace como un guerrero, de la misma manera en que nadie nace como un hombre promedio. Nosotros mismos nos convertimos en el uno o el otro.” Y mientras la historia de la creación puede ser emocional, la historia del resultado tiene sus propias emociones únicas.

 

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(que es un ejemplo de que la damisela atada a un árbol puede ser más de lo que aparenta y de los héroes tontos)

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Ingeniero industrial y profesor de Ergonomía de día y, de noche, escritor de fantasía y traductor. A finales del 2017 crea el blog El último puente, con la intención de aumentar la lectura de la fantasía y su escritura dentro de Cuba.

8 Comentarios

  • TB

    Excelente artículo. Si bien podemos reconocer las características de un personaje adulto en las novelas, este tipo de artículos resalta las cualidades por las que dichos personajes son más complejos e interesantes que otros. ¡Gracias por compartirlo!

    • José Alejandro Cantallops Vázquez

      Gracias por leerlo y compartir tu opinión sobre la complejidad de los personajes adultos, TB. Siempre un placer compartir las cosas interesantes que encuentro.

  • DannX

    Muy buena exposición. Yo apoyo que los héroes de mi historia sean maduros y sepan hacer su trabajo, pero todavía prefiero que sean jóvenes. No tan jóvenes al punto de ser mocosos irracionales, tampoco que sean genios que han quemado etapas y madurado antes de tiempo. Un término medio entre esos.
    Me gusta escribir adultos, siempre es bueno tener mentores u otros personajes con más experiencia que ofrezcan un contraste con la actitud del héroe/heroína, pero lo que realmente me interesa es explorar el proceso de madurar, el viaje, ligado a los elementos fantásticos. Cómo afecta al ego de un adolescente o joven adulto tener poder(es). En qué se equivoca, en qué acierta. Que se haya repetido hasta el hartazgo, no es algo que me moleste en particular.

    • José Alejandro Cantallops Vázquez

      Gracias por compartir tu opinión Danxx.
      Por mi parte, he intentado escribir personajes adolescentes pero no puedo, entiendo su lógica, pero sigo prefiriendo que mis protagonistas sean adultos y de posibilidad cínicos respecto a la juventud.
      Aunque cuando se hace bien, el héroe adolescente tiene su atractivo.

  • VonGoldring

    Está bueno, muy bueno el artículo. Mientras pasa el tiempo más me intereso por personajes maduros, los adolescentes fanfarrones ya son lugar común.
    Creo que voy a tener que leer esto varias veces, hubo unas cuantas cosas que me dieron ideas para cosas que quiero hacer. Gracias por compartir esto con nosotros.

    • José Alejandro Cantallops Vázquez

      De nada, el artículo es muy bueno respecto a darte consejos prácticos en lo referente a cómo escribir héroes o personajes adultos. Muchos autores simplemente piensan que para hacer a un personaje adulto hay que hacerlo comportar como un adolescente.

      • José Alejandro Cantallops Vázquez

        Sep, y al parecer el autor escribe bastante bien, pero tras revisar un poco, ninguno de sus libros ha sido traducido al español.

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