Cuentos de autores cubanos

Machetero, por José Alejandro Cantallops Vázquez

¿Quiere comprar un machete?

No, ¿estás buscando una biblioteca?, pues como ves esto es una Machetería. ¿No será un centro de información lo que busca?

Venga, hombre, claro que tenemos centros de información, que el fin del mundo fue hace años y hemos avanzado bastante desde entonces.

¿Cómo es posible que no sepa eso? ¿Acaso se pasó los últimos veinte años viviendo en un refugio nuclear? O congelado, como aquellos americanos que llegaron hace poco.

Así que en las profundidades de la Sierra Maestra, ¿eh? Eso explica unas cuántas cosas. Tu familia debe ser de muy adentro, porque los hijos de muchos de mis compadres que eran del interior de la Sierra Maestra vinieron para ser macheteros.

¿Cómo que tampoco sabes eso?… Ya, es por eso que estás buscando un centro de información, para actualizarse. Tú acento me recuerda al Santiago de mi infancia, pero bueno, chico, si lo que quieres es información, esa te la puedo dar yo. Siéntate aquí conmigo media hora y lo sabrás todo.

Tranquilo, no me vas a molestar, a esta hora no viene casi nadie.

Bueno, por dónde empiezo, ya sé, por aquella profecía maya que decía que el mundo se acabaría en diciembre del 2012. Había mucha bulla con eso, unos cuántos decían que habría cataclismos, inversión del campo magnético y un montón de boberías. Incluso hicieron una película, muy mala, por cierto.

Pero al final, todos se equivocaron, excepto los mayas, por supuesto: la cosa fue que un virus de la influenza se tomó muy en serio la profecía y mutó. Menuda manera en que lo hizo, se convirtió en una pandemia global en menos de lo que canta un gallo y mira que la mutación fue rara.

No, no conozco muchos detalles, pero quédate aquí sentado y escucha la historia completa. Después te lees los informes.

Bueno, la cosa fue que ese viritus convertía a las personas en zombis. No me mires con esa cara, estoy diciendo la pura verdad. El fin de año llegó y los que habíamos sacrificado el lavadero para criar el puerquito nos vimos metidos en plena apocalipsis.

Aunque los que peor la pasaron fueron los yumas. Esos sí que estuvieron jodidos. Imagínate tú, ciudades con millones de habitantes afectadas, toda la infraestructura colapsando. ¡El Copón Divino! Los pobres, que nunca habían sufrido un apagón en su vida y solo tomaban agua de botellita, fueron los primeros en palmarla.

El mundo terminó el 20 de diciembre, tal y como habían predicho los mayas, aunque nunca dijeron que sería un apocalipsis zombie. Todos los países cerraron las fronteras y donde todavía quedaban gobiernos funcionales, comenzó la lucha contra los zombis.

Los únicos que salieron bien en medio de todo aquel jaleo fueron los descendientes mayas, que llevaban siglos preparándose. Al parecer, sus ancestros conservaron un códice que mostraba que volviendo a su viejo modo de vida, prevalecerían sobre los zombis. Y tenían razón, ahora dominan casi toda Centroamérica y se han vuelto un imperio expansionista muy peligroso. Ahora son los nuevos imperialistas contra los que hay que luchar.

¿Y qué nos pasó a nosotros? Pues seguimos pa´lante, como siempre: aquello no era nada que no hubiéramos vivido en los noventa, solo que, en vez de abrir las fronteras, las cerramos. El gobierno trajo de vuelta a todos los cubanos que cumplían misión en el extranjero apenas se dieron las primeras alarmas. Así que cuando las cosas se pusieron calientes, nuestro país que, por entonces, contaba con un médico por cada veinte personas, un pueblo culto y acostumbrado a superar las dificultades, le hicimos frente al apocalipsis zombi.

En menos de un mes, el trabajo conjunto de los CDR, las FAR y el MINSAP, fue suficiente para erradicar a todos los portadores del virus en el país. Recuerdo que mi suegra se infestó y tuvo que ser eliminada, la pobre sufría tanto… ¡Eh, no me mire así, que fue lo mejor para ella, ya bastantes mordidas tiraba antes de infestarse!

En fin, que mientras el mundo se caía a pedazos y los mayas reinstauraban su imperio, para nosotros, las cosas seguían iguales. Bueno, más o menos. Lo cierto es que la noticia de que el virus estaba controlado hizo de nuestra islita uno de los lugares más codiciados del mundo. Nadie quería ir con los mayas. Fueron tiempos duros para el servicio de guardacostas, debían luchar contra la inmensa cantidad de entradas ilegales a nuestro país. Y pensar que una vez fue al revés.

Bueno, aquello fue un jaleo grande, pero el gobierno supo cómo resolver las cosas y equilibrar la situación, tras varios exámenes médicos y una cuarentena, los yumas saludables se quedaban trabajando en nuestros campos, mientras el resto de nosotros se encargaba de que el país siguiera a flote.

Tranquilo, hermano, que ahora es que la cosa se pone buena, aquí es cuando surgen los macheteros.

Macheteros, claro, los héroes de la postapocalipsis ¿Por qué crees que tengo una Machetería? ¿Para vender machetes de aleación de titanio y tratamiento nanobótico para picar marabú? No, hermano, la cosa es mejor que es eso.

Comprenderás que, estabilizada la situación migratoria, la suficiencia alimentaria y el agua aseguradas, lo que nos faltaba eran portadores energéticos, sí, teníamos nuestras reservitas, pero se estaban agotando.

Durante los combates contra los zombis, los miembros de las brigadas se dieron cuenta de que gastaban demasiadas municiones. Y como las balas eran un bien escaso, decidieron probar la vigencia de la tradición patriótica y usar machetes bien amolaítos. El resultado fue arrasador, el arte de las cargas al machete volvía para ayudarnos. En lo que un fusilero con sus tres cargadores, apenas duraba media hora antes de quedar indefenso, un maestro machetero puede matar a más de veinte zombis sin siquiera sudar. El ahorro de recursos era enorme.

Desde aquel momento, empezaron a formarse las primeras brigadas oficiales de macheteros, al principio, sacados de lo más humilde de los campesinos y los cortadores de caña. Ellos y los guardafronteras fueron los héroes de los primeros años del postapocalipsis, viajando a decenas de países repletos de zombis, buscando las piezas de repuesto y trayendo la tecnología que necesitaba el país.

Con el tiempo, el gobierno emprendió un proyecto más ambicioso, para convertir el arte de esgrimir el machete en una ciencia refinada, y hacer del machetero un profesional.

Comprenderá usted que el país no podía enviar un grupo de seguridad para proteger a otro grupo de ingenieros, claro que no, los mismos macheteros son ahora los ingenieros. Y esa es toda la historia, muchacho, veinte años y un apocalipsis zombi nos han convertido en una gran nación, todo gracias a nuestros macheteros y guardafronteras.

Así que al final sí quieres un machete. Mira, te recomiendo este, el descuarejingador, con un tratamiento de nanoreforzadores sobre su estructura de titanio para evitar que pierda el filo, además de un cabo de júcaro negro para darle estilo. Toda una preciosidad por solo cincuenta y tres pesos.

¡Ño, hacía años que no veía un billete de los viejos! No hace falta más, con este billete de tres pesos pagas el machete. No me mires así que no te estoy estafando, el billete vale casi lo mismo que el machete, pero a ti solo te costará tres pesos.

Ya te vas para la biblioteca, bueno, te daré un consejo. Tienes la edad y por la forma en que mueves ese machete promete bastante. Así que pásate también por la oficina de reclutamiento, siempre están buscando muchachos desvinculados y sanos que quieran pasar la universidad y ser macheteros.

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Ingeniero industrial y profesor de Ergonomía de día y, de noche, escritor de fantasía y traductor. A finales del 2017 crea el blog El último puente, con la intención de aumentar la lectura de la fantasía y su escritura dentro de Cuba.

2 Comentarios

  • José Fausto

    Uf, este cuento está futurista , lo publicaste un año antes que la Covid nos atacara y parece que, este es un primo cercano. Me gustó mucho,

    un abrazo

    Jose Fausto

    • J. A. Cantallops

      Gracias, pero lo cierto es que simplemente me inspiré en otros cuentos de autores cubanos que ya habían escrito sobre el tema hacia más de catorce años. El cuento no es uno de mis favoritos, pero lleva la etiqueta del made in cuba que le gusta a los jurados y por eso ganó.
      La situación actual, tras leer mucha ciencia ficción apocalíptica o si quiera algo de historia no es tan grave, simplemente las personas no estaban preparados para ello.

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